EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Estados Unidos y Japón han ejecutado una intervención conjunta en el mercado de divisas para sostener el yen, que había caído a mínimos de cuatro décadas frente al dólar.
- ¿Quién está detrás? Los ministerios de Finanzas de ambos países, con el visto bueno de los presidentes Trump y Katayama, y la participación directa de la Fed de Nueva York.
- ¿Qué impacto tiene? La operación ha frenado la hemorragia del yen, pero ha provocado una fuerte venta de bonos del Tesoro estadounidense, elevando las rentabilidades a máximos de 2023 (10 años) y de 2007 (30 años). La medida puede tener efectos en los mercados globales de deuda y en las carteras de los inversores españoles.
La mañana del lunes en Tokio, la ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, confirmó una operación que pocos esperaban: Estados Unidos y Japón habían intervenido de forma concertada en el mercado de divisas durante la sesión del viernes 31 de julio. El objetivo, contener una caída del yen que amenazaba con desestabilizar no solo la economía nipona, sino también el mercado de deuda estadounidense.
La moneda japonesa había marcado los 163,99 yenes por dólar el 23 de julio, su nivel más débil desde 1986. Tras las compras conjuntas, el yen se fortaleció hasta los 156,40 yenes por dólar en la sesión asiática del lunes. Pero el coste de la operación ha sido elevado y se ha dejado sentir al otro lado del Pacífico.
La operación sorpresa: una compra masiva de yenes
Katayama fue clara al anunciar la intervención: «No dudaremos en realizar nuevas intervenciones conjuntas si la volatilidad excesiva persiste», afirmó, en declaraciones recogidas por RT. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, utilizó un lenguaje casi idéntico y añadió que la operación respondía tanto a razones de seguridad económica como de apoyo a un aliado clave.
Se trata de la primera intervención coordinada entre Washington y Tokio desde la acción del G7 tras el terremoto y tsunami de 2011. Y, lo que es más significativo, es la primera vez desde 1998 que Estados Unidos participa directamente comprando yenes para fortalecer la divisa japonesa.
Aunque Tokio no ha desglosado el coste total, los analistas estiman que solo la intervención inicial del jueves anterior pudo rondar los 8,45 billones de yenes (unos 53.000 millones de dólares). La contribución estadounidense también ha sido notable: una nota manuscrita del propio Bessent, fotografiada durante una reunión de gabinete, reveló instrucciones para comprar entre 5.000 y 10.000 millones de dólares en yenes.
Para financiar esta compra, la Reserva Federal de Nueva York vendió euros en nombre del Tesoro, trasladando así parte de la carga del rescate del yen a los aliados europeos.
Japón ha utilizado sus reservas en bonos del Tesoro para financiar la defensa del yen, y esa liquidación masiva ha disparado las rentabilidades de la deuda estadounidense.
El temblor en los bonos del Tesoro
La cara oculta de la intervención fue la venta de activos de reserva por parte de Japón. Aunque el Ministerio de Finanzas no especificó qué títulos liquidó, la coincidencia con un desplome de la deuda pública estadounidense apunta directamente a su gigantesca cartera de bonos del Tesoro. Los datos más recientes del Departamento del Tesoro muestran que los inversores japoneses poseían 1,143 billones de dólares en deuda estadounidense en mayo, una cifra que ya había caído en 67.000 millones respecto a abril.
El viernes 31 de julio, el rendimiento del bono a diez años subió más de nueve puntos básicos, hasta el 4,735%, su nivel más alto desde 2023. El bono a treinta años escaló hasta el 5,265%, una cota que no se veía desde la crisis financiera de 2007. «Los movimientos bruscos en los mercados japoneses pueden forzar a los inversores a reequilibrar carteras en todo el mundo, y eso presiona al alza las rentabilidades de la deuda soberana», explica un analista citado por la agencia.
Los inversores españoles con exposición a bonos del Tesoro o a fondos de renta fija global ya están notando el impacto en forma de minusvalías latentes. La rentabilidad de la deuda alemana también se ha contagiado, aunque en menor medida.
Consecuencias globales para los mercados y el inversor español
El presidente Trump restó importancia al coste y aseguró que la operación supondría un «beneficio financiero» para Estados Unidos y sería «buena para la economía mundial». Sin embargo, la venta masiva de bonos por parte de Japón pone en entredicho la estabilidad del mercado de deuda estadounidense en un momento de elevado déficit fiscal.
Para España, el episodio tiene dos lecturas inmediatas. La primera, el encarecimiento de la financiación en dólares, que puede afectar a empresas con deuda en esa divisa. La segunda, el posible contagio a los bonos europeos si la Reserva Federal se ve obligada a mantener los tipos altos más tiempo del previsto. El bono español a diez años ya ha repuntado ligeramente en las últimas sesiones, aunque la atención sigue puesta en el diferencial con el bund alemán.
En definitiva, la intervención conjunta ha logrado su objetivo inmediato —frenar la caída del yen—, pero ha puesto de relieve la fragilidad del mercado de deuda global y la dependencia de Washington del apetito comprador de sus acreedores asiáticos. La próxima gran cita será la reunión de Jackson Hole a finales de agosto, donde los bancos centrales podrían dar pistas sobre el rumbo de los tipos y, con ello, sobre la estabilidad de las divisas.

