El senador demócrata por Oregón, Ron Wyden, hizo público este martes un demoledor informe que acusa a los gigantes de Wall Street de haber tolerado —y en ciertos casos facilitado— el blanqueo de dinero del difunto financiero Jeffrey Epstein. La investigación, que ha durado cuatro años, señala a JPMorgan Chase, Deutsche Bank y Bank of America como presuntos infractores de las leyes federales antilavado, al gestionar durante décadas transferencias sospechosas por valor de más de mil millones de dólares sin dar la alerta a las autoridades. Wyden presentó el documento como una ‘hoja de ruta lista para usar’ por el Departamento de Justicia (DOJ).
La senador Ron Wyden no se anduvo con rodeos: «Este informe muestra exactamente cómo Wall Street protegió a Epstein y facilitó su tráfico sexual durante décadas», escribió en su perfil de la red social X. El equipo de investigadores del Senado revisó registros bancarios, incluidos los informes de actividad sospechosa que obran en poder del Tesoro, y concluyó que los ejecutivos de los bancos omitieron deliberadamente reportar movimientos que deberían haber encendido todas las alarmas.
Las transferencias bajo la lupa
El corazón del informe son las cifras. Solo JPMorgan Chase, tras la detención de Epstein en 2019, retroactivamente señaló 4.725 transferencias por un importe total de 1.100 millones de dólares. La investigación sostiene que el banco conocía la naturaleza de las operaciones mucho antes, pero que altos directivos optaron por proteger a un cliente de altísimo perfil en lugar de cumplir con la normativa. Entre las transacciones más oscuras figuran pagos a víctimas, transferencias a y desde Rusia, y movimientos de efectivo sin la documentación exigida. El informe también revela que el multimillonario del capital riesgo Leon Black realizó pagos a Epstein por 170 millones de dólares sin que nadie en la cúpula financiera levantara la ceja.
JPMorgan Chase, Deutsche Bank y Bank of America habrían incumplido de forma reiterada la obligación de presentar informes de actividad sospechosa, según el Senado. Los investigadores aseguran que los bancos solo empezaron a marcar las operaciones cuando Epstein ya estaba otra vez entre rejas, lo que para Wyden constituye un encubrimiento, no un simple fallo de supervisión.
Los bancos se defienden
La respuesta de las entidades no se hizo esperar. JPMorgan tachó de «falsas» las acusaciones de que Epstein siguiera siendo cliente tras la ruptura formal de relaciones en 2013. Su portavoz, Trish Wexler, aseguró que el banco empezó a señalar transacciones sospechosas ya en 2002 y que todas esas alertas se enviaron al Gobierno, sin que ninguna agencia policial solicitara más información. «Es decepcionante que, en lugar de aportar hechos nuevos que ayuden a depurar responsabilidades sobre los hombres que participaron en la red de tráfico de Epstein, el informe recicle en su mayoría acusaciones ya analizadas por los tribunales y el Gobierno», afirmó.
Bank of America también rechazó las conclusiones: «Nos tomamos en serio nuestras obligaciones legales y regulatorias y, como ya hemos dicho anteriormente, el banco no facilitó ninguna conducta indebida», declaró su portavoz, Abbey Collins. Deutsche Bank no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios. El informe del Senado, además, señala con nombres y apellidos a empleados de banca que manejaron las cuentas de Epstein y que, a día de hoy, siguen trabajando en el sector financiero.
Las revelaciones del Senado dibujan un sector financiero que, según los investigadores, antepuso el negocio de un cliente VIP a la ley federal antilavado.
La Lógica de Washington
La publicación de este informe no es un rayo en cielo sereno. Responde a una doble presión que se vive en Washington. Por un lado, la opinión pública y amplios sectores del Partido Demócrata llevan años exigiendo que las élites financieras rindan cuentas por el caso Epstein, un escándalo que dañó profundamente la credibilidad del sistema de justicia. Por otro, la nueva mayoría republicana en el Senado —y la Administración Trump— tiene sus propios motivos para airear las vergüenzas de una Wall Street que, a ojos del electorado America First, simboliza el establishment globalista al que Trump prometió combatir.
El senador Wyden, que preside el Comité de Finanzas, sabe que el informe puede forzar al Departamento de Justicia a mover ficha. La ‘hoja de ruta’ que ofrece es, en realidad, un desafío político: si el fiscal general no actúa, el Congreso tendrá argumentos para endurecer la regulación bancaria antilavado. Para la banca española con intereses en Estados Unidos —Santander, BBVA—, el aviso es claro. Un endurecimiento de las normas y de las sanciones por omisión de alertas sospechosas puede traducirse en multas millonarias y en un escrutinio mucho más severo sobre las operaciones de sus filiales estadounidenses. La Sección 232 de la Ley de Secreto Bancario (la que obliga a reportar transacciones dudosas) podría reforzarse con requisitos adicionales para clientes de alto patrimonio.
A medio plazo, lo que está en juego es la vigencia real de la legislación antilavado cuando el sospechoso pertenece al club de los ultrarricos. El precedente de Epstein, y la sensación de que Wall Street lo blindó durante décadas, alimenta en Washington un debate que puede tener consecuencias para cualquier banco que opere en suelo americano.
Ficha del Caso
- El caso: El Senado de Estados Unidos hace público un informe que acusa a JPMorgan, Deutsche Bank y Bank of America de haber ocultado durante años el blanqueo de dinero y las transferencias sospechosas de Jeffrey Epstein.
- Datos clave: Más de mil millones de dólares en movimientos sospechosos; JPMorgan marcó retroactivamente 4.725 transferencias por 1.100 millones. El informe incluye pagos a víctimas, transferencias rusas y retiradas de efectivo sin documentación.
- Para España: Un eventual endurecimiento de las normas antilavado en EE.UU. podría someter a las filiales de Santander y BBVA a controles mucho más estrictos y elevar el riesgo de sanciones económicas.

