SpaceX ha entrado en la bolsa con un rugido de cohete y un aterrizaje que ha hecho temblar a los inversores. En su primer informe trimestral como empresa cotizada, los ingresos se dispararon un 92% hasta los 7.800 millones de euros, pero las acciones cayeron un 10% en el after-hours por un plan de gasto en inteligencia artificial que duplica las previsiones de Wall Street.
Claves de la operación
- Ingresos récord de 7.800 millones de euros en un solo trimestre. La cifra supera en casi 1.000 millones las expectativas de los analistas y deja claro que el músculo comercial de SpaceX va más allá de los lanzamientos.
- Pérdida neta de 541 millones de euros, mejor de lo esperado. Los analistas anticipaban un agujero de más de 2.000 millones; el dato real es malo, pero el mercado lo había asumido. Lo que no asumió fue el gasto en infraestructura.
- 16.000 millones de euros en capex para IA y centros de datos. El doble del trimestre anterior y un 40 % por encima del consenso. La compañía avisa de que mantendrá ese ritmo de inversión al menos dos trimestres más.
Elon Musk no solo quiere colonizar Marte. Quiere convertirse en el casero digital de la próxima gran ola de la inteligencia artificial. Esa apuesta es la que explica la sacudida bursátil, y también la que obliga a releer las cuentas del grupo aeroespacial con unas gafas muy distintas a las que se usaban hace doce meses.
El coste de ser una empresa de IA
En apenas un año, SpaceX ha pasado de ser una firma de cohetes con un negocio de satélites muy rentable a comportarse como un hyperscaler del cloud. Los 16.000 millones de euros en inversiones de capital (capex) que registró entre abril y junio no van a parar a nuevas naves, sino a la construcción de centros de datos masivos y a la compra de chips de alto rendimiento. La dirección lo ha dejado claro: ese gasto se mantendrá al menos hasta el primer trimestre de 2027.
El propio Musk ha defendido en varias ocasiones que la verdadera ventaja competitiva en la IA generativa no está en los modelos de lenguaje, sino en los servidores que los entrenan y ejecutan. La estrategia de SpaceX replica, a escala, la que ya ha anunciado su otra gran apuesta, xAI. Pero aquí la factura la pagan los accionistas de la empresa aeroespacial.
Las reacciones no se hicieron esperar. Los fondos institucionales ya descuentan un 2027 con pérdidas más profundas y los analistas de renta variable fija han empezado a recortar sus precios objetivo. “Es un plan de gasto que solo se justifica si la demanda de computación en la nube sigue creciendo a triple dígito durante varios años”, señala un informe de Ark Invest que circuló a primera hora. La pregunta que sobrevuela la acción es si SpaceX tiene el colchón financiero para aguantar un ciclo de inversión tan intenso sin recurrir a ampliaciones de capital que diluyan a los actuales accionistas.
El mercado castiga el gasto en IA porque lo percibe como un peaje para un futuro que aún no está escrito.
Ingresos estelares que no calman a Wall Street
La cara amable de las cuentas es que la división de lanzamientos y Starlink sigue batiendo récords. Los 7.800 millones de euros de facturación del trimestre son la cifra más alta de la historia de la compañía. El negocio espacial convencional —contratos con la NASA, el Pentágono y operadores privados— creció un 60 %, mientras que Starlink sumó 2 millones de nuevos suscriptores en todo el mundo. SpaceX ya controla más del 30 % del mercado global de banda ancha satelital, un dato que sí entusiasma a los analistas de telecomunicaciones.
Sin embargo, el fondo de comercio no basta cuando la empresa gasta más de cinco veces su beneficio bruto en infraestructura de IA. La pérdida neta de 541 millones de euros es la segunda consecutiva desde que la compañía hizo su salto al parqué, y todo apunta a que se repetirá en los próximos informes. Los márgenes operativos se han estrechado hasta el 12 %, cinco puntos menos que en el mismo periodo del año anterior. Eso, en una empresa que cotiza a más de 80 veces sus beneficios previstos, es un cóctel explosivo.

Radiografía de una estrategia que tensiona el balance
Desde esta redacción entendemos que la apuesta de Musk por los centros de datos tiene lógica industrial. La demanda de computación para entrenar modelos de IA se ha multiplicado por diez en dos años, y los grandes proveedores de nube (AWS, Azure, Google Cloud) ya están al límite de capacidad. Quien controle el silicio controlará la próxima década digital, y SpaceX quiere ser el proveedor independiente de referencia para las startups que compiten con OpenAI o Anthropic.
El problema es el calendario. Construir un centro de datos de 200 MW lleva entre 18 y 24 meses, y el retorno no llega hasta que los servidores se alquilan a plena capacidad. Mientras tanto, la deuda neta de SpaceX ha subido hasta los 12.000 millones de euros, y el coste de financiarla se ha encarecido con las últimas subidas de tipos. La agencia Moody’s ya ha puesto el crédito de la empresa bajo vigilancia negativa.
En España, la situación se sigue con especial interés porque SpaceX acaba de cerrar un acuerdo con Red Eléctrica para instalar dos centros de datos en la cornisa cantábrica, con una inversión prevista de 1.200 millones de euros. Si la casa madre recorta el gasto, esos proyectos serían los primeros en revisarse, y con ellos los 3.000 empleos directos que se habían prometido para la zona.
Lo que está en juego más allá del cohete
El caso de SpaceX es un ejemplo extremo de la tensión que viven hoy todas las grandes tecnológicas: crecer en IA obliga a vaciar la caja, pero ignorarla es ceder el futuro. Musk ha elegido vaciarla del todo, y eso es lo que el mercado no ha digerido.
Nos preguntamos si los inversores particulares que entraron en la OPV con la promesa de una empresa de exploración espacial rentable son conscientes de que ahora han comprado acciones de una gestora de infraestructura digital con una factura de capex comparable a la de una operadora nacional de telecomunicaciones. La comunicación de la empresa no ha ayudado: el informe trimestral mezcla las cifras de Starlink con las de los centros de datos, y los analistas han tardado horas en desglosar qué parte del negocio genera caja y qué parte la quema.
En el medio plazo, todo dependerá de si SpaceX logra alquilar esos centros de datos antes de que el músculo financiero se agote. Los primeros contratos con startpus de IA se esperan para el cuarto trimestre de 2026, y serán la verdadera prueba de fuego. Mientras tanto, la acción seguirá anclada a la volatilidad de una apuesta que, por ahora, solo entiende de gasto.
