La Universidad de Granada sostiene que no retiró la invitación a Ariana Harwicz. La escritora argentina sigue fuera del festival CULTUR-ALH.
CULTUR-ALH se celebra estos días en Granada y se extiende hasta el 27 de septiembre. La autora, de reconocimiento internacional, tenía su intervención fijada para la tarde del 26, y nadie ha explicado con qué criterio se retiró su nombre del programa.
Un comunicado que señala a las directoras
El texto que la UGR difundió el 19 de septiembre en sus redes sociales es breve y esquivo. La institución se desliga de la retirada y carga la responsabilidad sobre las directoras del festival, Ana Gallego Cuiñas y Patricia Escalona. Traducido: la universidad pública pone el marco, la sede y el sello, pero el criterio lo aplicaron otras personas.
Gallego Cuiñas había explicado antes a la prensa argentina que la decisión respondía a ‘diversas peticiones procedentes de la Red Universitaria por Palestina de Granada, de lectores y de uno de los clubes participantes’. La enmarcó en los compromisos institucionales de la UGR respecto a Palestina y los derechos humanos. Después del comunicado de su propia universidad, su respuesta fue otra: ‘No hacemos más declaraciones, gracias’.
La Red Universitaria por Palestina publicó su propia nota el domingo 20. Reconoce haber enviado una carta el 17 de septiembre pidiendo que se reconsiderara la participación y que se explicaran los criterios, y rechaza que aquello fuera una amenaza: ‘Una carta no es una amenaza. Protestar es un derecho y, ante un genocidio, una obligación’.
El rastro de la desinvitación empieza en una carta enviada el 17 de septiembre a la organización, según reconoce la propia Red Universitaria por Palestina.
Por qué este episodio toca un nervio español
España no es espectadora de esta historia. El festival lo organiza una universidad pública andaluza y su programación se presenta como parte de la proyección cultural del país. Cuando un nombre desaparece del cartel por lo que ese nombre ha opinado antes, la pregunta deja de ser literaria y pasa a ser de libertades.

La autora lo contó con retranca: ‘A los otros autores no judíos no los investigaron a ver si no les gustaba algo que habían dicho en algún artículo, solo a mí’. Añadió que el festival era literario y que nadie le avisó de que ‘te mandan servicios secretos y te desprograman’. La ironía es suya. Y el dato que subraya, también: solo se revisó el historial público de una invitada.
El Foro Argentino contra el Antisemitismo habló de un ‘antisemitismo disfrazado de activismo’ y sostuvo que ‘el debate cultural no puede convertirse en un mecanismo de exclusión por motivos políticos o identitarios’. Escritores y editores de Argentina y España, entre ellos Silvia Plager, Leticia Martin, Miguel Wiñazki y Karina Sainz Borgo, firmaron muestras de apoyo a la autora. Harwicz lamentó el silencio de varios colegas invitados al mismo festival.
Queda un efecto difícil de medir y fácil de reconocer: el mensaje que se envía a quien piensa distinto. En un certamen con ponentes internacionales, la retirada de un nombre por sus opiniones previas funciona como advertencia para el resto del cartel.
La clave de mayo de 2024: compromisos institucionales sin reglamento
La raíz institucional del conflicto es anterior a septiembre. El Consejo de Gobierno de la UGR aprobó en mayo de 2024 un compromiso sobre Gaza, y la Red Universitaria por Palestina le reclama ahora que aclare ‘si mantiene el compromiso’ y cómo lo aplica a las actividades que la propia universidad organiza. Ahí está el nudo: un pronunciamiento político no equivale a un reglamento de programación.
Conviene recordar el marco. La Constitución protege la libertad de expresión en su artículo 20 y la autonomía universitaria en el artículo 27.10. Ninguna de las dos ampara que una institución pública decida quién sube a un escenario en función de sus opiniones sobre un conflicto exterior. El coste de hacerlo no lo paga solo el invitado: lo paga la reputación de la universidad y la imagen de un país que se presenta como espacio de debate abierto.
Hay una diferencia que conviene no difuminar. Una universidad puede pronunciarse sobre cualquier guerra, y de hecho lo hace. Lo que no puede es convertir ese pronunciamiento en un filtro silencioso de su propia programación cultural, porque entonces la libertad académica deja de ser un principio y pasa a depender de quién revisa el historial del invitado.
Lo que viene es concreto. El festival cierra el 27 de septiembre con el cartel ya cerrado. Harwicz tiene el 25 otra cita, en el festival de literatura ‘Papeles al viento’ de la Universidad de Copenhague. Y la pregunta que la UGR no ha respondido sigue en pie: si la institución no tomó la decisión, quién la tomó y con qué criterio.
📌 Ficha del Caso
- Ficha sobre el caso: La Universidad de Granada se desliga de la retirada de la invitación a la escritora Ariana Harwicz del festival CULTUR-ALH y atribuye la decisión a las directoras del certamen.
- Datos importantes: La autora argentina estaba programada para el 26 de septiembre. La Red Universitaria por Palestina reconoció haber enviado una carta el 17. El Consejo de Gobierno de la UGR aprobó un compromiso sobre Gaza en mayo de 2024.
- Resumen: El episodio cuestiona los criterios de programación de una universidad pública española y la forma en que sus pronunciamientos institucionales terminan afectando a la libertad académica.

