Macron y Carney blindan el eje Canadá-UE en Saint-Pierre y Miquelón ante los aranceles de Trump

Es la primera visita de un primer ministro canadiense y la primera de un presidente francés desde 2014, semanas después de que Trump publicara una imagen con todo Canadá bajo la bandera de EE UU. España observa el pulso: allí se juegan su pesca y sus exportaciones.

Macron y Carney han elegido el rincón más pequeño de Europa para responder a Donald Trump. El presidente francés y el primer ministro canadiense se han reunido en Saint-Pierre y Miquelón y han prometido estrechar lazos frente a la tensión geopolítica, el cambio climático y la erosión de los valores democráticos.

La escena tiene su miga. Ningún presidente francés había pisado el archipiélago desde 2014 y ningún primer ministro canadiense lo había hecho jamás. Detrás de esa anomalía hay un dato que lo explica casi todo: Saint-Pierre y Miquelón es el último resto de la presencia territorial francesa en Norteamérica —envía un diputado y un senador a París y usa el euro—, un pedazo de Europa a unos 20 kilómetros de la costa de Terranova.

Traducido para el lector español: lo que allí se cuece toca a las empresas que venden en Canadá, a la flota que faena en el Atlántico noroeste y al hueco que España quiere ocupar en la relación entre Bruselas y Ottawa. Vamos por partes.

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Qué ha pasado en Saint-Pierre y Miquelón

Las razones de la cita no son un misterio. La reunión llega semanas después de que Trump publicara una imagen con todo Canadá cubierto por la bandera estadounidense, archipiélago incluido. Ottawa libra, ademas, su propia guerra arancelaria con Washington: aranceles cruzados que ya han reordenado las cadenas de suministro del continente.

Ante ese panorama, Canadá mira a Bruselas y Bruselas mira a Ottawa. El instrumento que sostiene el eje es el CETA, el acuerdo económico y comercial global entre la Unión Europea y Canadá, en aplicación provisional desde el 21 de septiembre de 2017. Cumple ahora nueve años de vigencia interina sin ratificación completa: varios parlamentos nacionales todavía no lo han aprobado.

Lo que España se juega con el eje Canadá-UE

España lleva siglos mirando a estas aguas. Marinos vascos y gallegos faenaban en los caladeros de Terranova cuando medio mundo ni sospechaba que hubiera un continente al oeste. Esa memoria pesquera sigue viva: la flota española opera en aguas reguladas por la NAFO, la organización que gestiona los recursos del Atlántico noroeste, en un vecindario donde Canadá tiene mucho que decir sobre cuotas y licencias.

El CETA cumple nueve años de aplicación provisional sin ratificación completa: el eje con Canadá se apoya en un andamio jurídico que nunca se terminó de cerrar.

Y no solo hay pesca. Ferrovial entró en 1999 en la autopista 407 ETR de Ontario, una de las mayores concesiones de Norteamérica, y varias constructoras y energéticas españolas han colocado capital en el país en la última década. Canadá no es un mercado menor para los intereses españoles, aunque su tamaño no compita con el de Estados Unidos o Mexico.

Del fletán de 1995 a los aranceles de 2026

Conviene recordar que no es la primera vez que Canadá y España se miran de reojo en estas aguas. En marzo de 1995, patrulleras canadienses abordaron el pesquero español Estai en aguas internacionales del área de regulación de la NAFO, en plena guerra del fletán. La crisis diplomática acabó en La Haya: el Tribunal Internacional de Justicia se declaró sin jurisdicción en diciembre de 1998 para pronunciarse sobre el caso.

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La lección sigue vigente. En un caladero pequeño cabe una crisis grande, y las alianzas se tensan cuando hay cuotas, soberanía y orgullo nacional de por medio. Hoy el tablero es otro, pero el mecanismo se parece: Canadá busca en Europa lo que ya no le garantiza Washington —mercado, tecnología y reglas predecibles— y España tiene ahí una oportunidad industrial y comercial que no debería dejar escapar.

De cómo avance la ratificación del CETA, de si la guerra arancelaria salpica a los exportadores europeos y de la próxima cita entre Ottawa y Bruselas depende hasta dónde llega este eje. En juego hay algo más que comercio: la capacidad de Europa para contar con aliados fuera del paraguas estadounidense. Merece la pena seguirle la pista.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Macron y Carney se reúnen en Saint-Pierre y Miquelón, territorio francés frente a Canadá, para reforzar el eje entre Ottawa y la UE ante la presión arancelaria de Washington.
  • Datos importantes: El archipiélago tiene 242 kilómetros cuadrados y unos 6.000 habitantes; el CETA se aplica de forma provisional desde el 21 de septiembre de 2017 y sigue pendiente de ratificación completa.
  • Resumen: España tiene intereses en la pesca del Atlántico noroeste y en el comercio con Canadá, por lo que la solidez del eje Canadá-UE afecta a su economía y a su posición internacional.