La producción de castaña de Valdeorras cierra 2026 con un 40% menos: la sequía de septiembre y octubre frustra la recuperación.
Del fuego a la sequía: la campaña que empezó con esperanza y acabó en el 60%
La comarca afrontaba este otoño con una expectativa razonable. Los incendios de 2025 habían dejado cicatrices en buena parte del castañar, pero en septiembre los productores comprobaron que muchos castaños tocados por el fuego se habían recuperado y volvían a dar fruto. La temporada se presentaba, por fin, como la del regreso a la normalidad.
No ocurrió así. La evolución meteorológica de finales del verano dio la vuelta al guion. José Barreda, de la productora valdeorresa Castanval, lo resume sin adornos: “Esperábamos que fuera una campaña exitosa de recuperación”. No lo fue. Valdeorras cierra con un 60% de la producción habitual, es decir, cuatro de cada diez castañas no han llegado a la cesta.
El relato meteorológico es casi de manual. Las lluvias de finales de agosto y de septiembre alimentaron el optimismo; después llegaron un septiembre y un octubre secos, y el fruto se quedó a medio camino. “Donde ya no hay castañas, no hay, pero en donde los castaños se salvaron parcialmente del fuego ya se veían frutos. Con la sequía que ha habido entre septiembre y octubre sufrieron un daño irreparable”, explica Barreda.
A la falta de agua se sumaron los insectos y los hongos. La combinación dejó una cosecha de muchos frutos pequeños y pocos grandes: las olas de calor adelantaron la maduración de los erizos y el castaño, sin reservas hídricas, no pudo engordar la castaña. El producto existe. El calibre es el problema.
Magostos con menos género y un sector que mira al DOG

La campaña se cierra justo cuando arrancan los magostos, la cita otoñal que en Galicia mide el pulso del castaño tanto como el de las plazas. Habrá castaña en las parrillas; habrá menos. Cuando la producción cae un 40%, lo que llega al mercado es solo lo que supera el filtro del tamaño y de la sanidad vegetal, y el resto se queda en el árbol o en el almacén. Menos volumen, más selección.
Un castañar que sale del fuego y entra en la sequía no se recupera en una campaña: pierde dos, y a veces pierde el árbol.
La parte institucional tiene ventanilla. La Consellería do Medio Rural (el equivalente gallego de un ministerio autonómico) es la competente en sanidad vegetal y en las órdenes de apoyo al sector, que se publican en el DOG (el Diario Oficial de Galicia). Ahí mira el castañicultor cuando la temporada se cierra en pérdidas. Los datos de superficie y producción se consultan en el IGE (o Instituto Galego de Estatística), y la serie de precipitaciones, en MeteoGalicia. La sequía no es una impresión: es una serie de datos.
El castaño no es un cultivo cualquiera en el mapa gallego. Es el árbol del interior, el que sostiene explotaciones familiares pequeñas en comarcas donde la alternativa agrícola es escasa, y el que da nombre a una temporada festiva que moviliza a medio rural cada otoño. Por eso una campaña al 60% se nota antes en la economía doméstica que en las estadísticas.
El Laboratorio Gallego
En clave gallega, la campaña de Valdeorras devuelve al primer plano dos asuntos que llevan años en la agenda del Parlamento de Galicia (la cámara legislativa unicameral, con 75 deputados): la gestión del monte y el futuro del rural de interior. El PPdeG (el Partido Popular de Galicia, la formación que gobierna con mayorías absolutas consecutivas desde 2009) defiende su modelo de gestión forestal y de apoyo al sector primario. El BNG (el Bloque Nacionalista Galego, primera fuerza de la oposición) y el PSdeG (el Partido Socialista de Galicia) han convertido el monte y la política agraria en terreno de disputa parlamentaria. La sequía no distingue siglas: golpea el mismo castañar que todos dicen proteger.
La dimensión nacional es menos evidente y más importante de lo que parece. El debate sobre la despoblación y el rural dejó de ser periférico en la política española, y Galicia aparece como referencia cada vez que esa discusión se traslada a Madrid. Una campaña que cae un 40% no es una anécdota comarcal: es material con el que se mide la credibilidad de cualquier discurso sobre el interior de España. A eso se suma el marco europeo, con la PAC y la gestión del agua en el centro de la discusión.
Quedan incógnitas. La primera es la próxima campaña: si la sequía se repite en 2027, el castañar que sobrevivió al fuego en 2025 podría no recuperarse, y esa pérdida sería definitiva. La segunda es el calendario político: los presupuestos de la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico, con sede en Santiago de Compostela), y el próximo debate sobre el monte en el Parlamento marcarán si la respuesta llega antes que la siguiente cosecha. La tercera es la Euroregión Galicia-Norte de Portugal, donde la castaña es cultivo compartido y la sequía, un problema común.
Ficha del Caso
- El caso: Valdeorras cierra la campaña de la castaña de 2026 con el 60% de su producción habitual, después de que la recuperación de los castaños quemados en 2025 hiciera pensar en una temporada normal.
- Datos importantes: caída del 40% atribuida a la sequía de septiembre y octubre; presencia de insectos y hongos; cosecha con frutos pequeños y pocos ejemplares grandes; magostos ya en marcha; competencias de sanidad vegetal y ayudas en la Consellería do Medio Rural, con publicación en el DOG.
- Resumen: el castañar gallego encadena incendios y sequía, y la campaña se convierte en termómetro del rural de interior en un momento en que el monte y la política agraria vuelven al debate autonómico y nacional.

