Fiscalía General ordena a los fiscales actuar contra PP y Vox por rechazar acoger a menores de Ceuta

La instrucción de la fiscal general, Teresa Peramato, recuerda las posibles responsabilidades ante el rechazo. Vox denuncia un 'giro autoritario' para imponer el reparto obligatorio.

La Fiscalía General del Estado ha emitido una instruccion el pasado viernes 7 de agosto en la que ordena a todos los fiscales delegados de las comunidades autónomas que actúen si un gobierno regional rechaza acoger a los menores migrantes no acompañados procedentes de Ceuta.

La postura de Vox: un reparto impuesto por el Gobierno

La instrucción, firmada por la fiscal general Teresa Peramato, llega en un momento de máxima tensión política. Las comunidades gobernadas por el Partido Popular y Vox han manifestado su firme oposición al sistema de reparto obligatorio, que consideran una imposición del Gobierno de Pedro Sánchez sin el necesario diálogo institucional. Para Vox, la decisión de la Fiscalía supone un paso más en lo que califican como ‘utilización partidista’ de las instituciones del Estado.

El partido de Santiago Abascal sostiene que la prioridad debe ser el control efectivo de las fronteras y la repatriación de quienes entran ilegalmente, no la distribución forzosa de los menores por todo el territorio nacional. Fuentes de la dirección de Vox consultadas por Moncloa.com han trasladado que el partido no cederá ante lo que considera un chantaje legal. La formación defiende que cada región debe poder decidir sobre sus recursos de acogida y que el interés superior del menor pasa por reunirlo con su familia en su país de origen.

Publicidad

Además, Vox recuerda que la entrada masiva de menores a finales de julio —1.342 según los datos recabados por la Policía— es consecuencia directa de la política de ‘fronteras abiertas’ del Ejecutivo central. Para el partido, concentrar a los menores en Ceuta y luego redistribuirlos es un parche que no ataja las causas del problema.

Consecuencias legales y la reacción del Gobierno

La instrucción de la Fiscalía tiene un fundamento jurídico claro: el Real Decreto de julio de 2025 que regula el sistema de derivación de menores entre comunidades, así como el procedimiento de reubicación aprobado en marzo de ese año. En el texto, la fiscal general recuerda a los fiscales que deben ejercer ‘superior vigilancia y control’ sobre las medidas de acogida y, si una autonomía rechaza o dilata la recepción de los menores, requerir a la entidad pública competente para que designe recursos ‘con carácter de urgencia’.

Este requerimiento deberá incluir la advertencia de ‘posibles responsabilidades que pudieran deducirse’, según la ley. En la práctica, coloca a los gobiernos autonómicos de PP y Vox ante la disyuntiva de acatar la orden ministerial o exponerse a acciones legales que podrían derivar en responsabilidades administrativas e incluso penales. La Fiscalía también establece que el fiscal del lugar de origen debe informar a su homólogo de cualquier rechazo o dilación, creando así un canal de presión interterritorial.

La Fiscalía ha trasladado al terreno judicial el pulso político entre el Gobierno y las comunidades: rechazar la acogida de menores tendrá consecuencias legales, y también electorales.

Estrategia de Vox: marcar perfil frente al PP y capitalizar el descontento

Para Vox, este episodio es una oportunidad estratégica de primer orden. La instrucción permite a la formación de Abascal reforzar su discurso de defensa de la soberanía regional y del control migratorio sin complejos, precisamente cuando el Partido Popular, socio en varios gobiernos autonómicos, se enfrenta a divisiones internas sobre la respuesta más adecuada. Mientras el principal partido de la oposición tiende a una crítica más matizada por su responsabilidad institucional, Vox se erige como el único partido que no se arredra ante las presiones del Gobierno.

Fuentes del partido señalan que este choque encaja a la perfección en su estrategia de polarización controlada: les permite diferenciarse nítidamente del PP y movilizar a un electorado cada vez más sensible a la cuestión migratoria. La dirección de Vox confía en que la imagen de una Fiscalía actuando contra gobiernos autonómicos que solo defienden su derecho a gestionar sus competencias genere una reacción de simpatía entre los votantes conservadores. Este movimiento recuerda a la ruptura de los pactos de gobierno que Vox mantuvo con el PP en varias comunidades en 2024, precisamente por diferencias en la política migratoria. Aquella experiencia demostró que Vox está dispuesto a sacrificar sillones de gobierno antes que renunciar a sus principios, una coherencia que ahora vuelve a exhibir ante la opinión pública.

No obstante, el riesgo para las comunidades gobernadas por PP y Vox es real: si persisten en su negativa, podrían enfrentarse a requerimientos judiciales, multas coercitivas e incluso a la intervención de sus competencias en virtud del artículo 155 de la Constitución, aunque este último extremo es hoy por hoy un escenario improbable según los expertos consultados. El pulso acaba de empezar y su desenlace dependerá tanto de la solidez de los argumentos jurídicos como de la capacidad de resistencia electoral de unas comunidades que ya han demostrado que no están dispuestas a ceder sin plantar batalla. La Fiscalía, por su parte, ha dejado claro que no tolerará dilaciones, y el Gobierno confía en que la vía judicial termine por imponer el cumplimiento de la ley.

Publicidad

La jugada, sin embargo, no está exenta de peligros. Un retraso prolongado en la acogida de los menores podría deteriorar la imagen de las comunidades gobernadas por Vox si la opinión pública percibe desatención a los niños. Pero el partido confía en su capacidad para imponer el relato de que la responsabilidad última es del Gobierno, que no ha sido capaz de controlar las fronteras.