Nunca vuelvas a pasar calor: el ajoblanco de remolacha en 15 minutos sin cocción

Una sopa fría cremosa, de color vibrante y lista en tiempo récord que revoluciona el ajoblanco tradicional con remolacha cocida. Sin cocción y con un truco de emulsión que marca la diferencia.

Llega agosto y el calor aprieta. Encender los fogones se convierte en un acto de fe que solo los más valientes —o los que tienen aire acondicionado en la cocina— se atreven a realizar. Para el resto, las sopas frías sin cocción son el salvavidas. Y este ajoblanco de remolacha roza la perfección: vibrante, cremoso y listo en exactamente 15 minutos.

Inspirado en el ajoblanco malagueño, clásico andaluz de almendras y ajo, la remolacha aporta dulzor natural y un color que entra por los ojos sin necesidad de filtros. No hay cocción, no hay excusas. Solo una batidora, ingredientes sencillos y ganas de refrescarse.

El secreto del éxito

  • Almendra fina y sin atajos: Tritura las almendras peladas hasta obtener una harina homogénea. Si tu batidora renquea, añade un chorrito de agua para ayudarla. La base del ajoblanco es la almendra, no un granizado con tropezones.
  • La emulsión que todo lo cambia: Añade el aceite de oliva virgen extra al final y bate durante cinco minutos a máxima potencia. Esto integra el aceite, crea cuerpo y elimina cualquier sensación acuosa. Es el paso que convierte un batido en una crema de restaurante.
  • Frío de nevera, no de cubitos: Una vez emulsionado, enfría la sopa en la nevera al menos 30 minutos. Los cubitos aguan la textura. La nevera respeta la cremosidad.

Ya te lo adelanto: el momento de batir el aceite es lo que separa este ajoblanco de cualquier sopa fría casera. Con la batidora a tope, el agua y el aceite se funden en una textura sedosa que recuerda a la nata montada. Cinco minutos de ruido que valen su peso en oro.

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Ingredientes

  • 200 g de almendras peladas
  • 200 g de remolacha cocida
  • 1 diente de ajo
  • 45 ml de vinagre de vino tinto
  • 5 g de azúcar
  • 425 ml de agua fría
  • 60 ml de aceite de oliva virgen extra
  • Queso feta y menta fresca (opcionales)

Preparación

Coloca las almendras en el vaso de la batidora o robot y tritura hasta reducirlas a polvo fino. Si ves que las cuchillas sufren, añade un par de cucharadas de agua para facilitar el trabajo.

Pela el diente de ajo, quita el germen interior y agrégalo junto a la remolacha cocida, el vinagre y el azúcar. Tritura de nuevo hasta integrar todo en una pasta densa y de color intenso.

Ahora, con el motor en marcha a velocidad media, ve incorporando el agua fría en tres tandas. Primero la mitad, bate; luego un cuarto más, bate de nuevo; por último, el resto hasta que veas la textura cremosa que buscas. Ajusta la cantidad según tu gusto: si te gusta más ligera, añade un poco más de agua.

Cuando la mezcla sea homogénea, es el momento del aceite. Viértelo en un hilo fino mientras la batidora gira a máxima potencia. Mantén el batido durante 5 minutos cronometrados. Este paso no es negociable: es el que emulsiona y da cuerpo.

Al terminar, notarás cómo la mezcla ha ganado consistencia y un tono más claro. Pásala a un recipiente, tápala y déjala enfriar en la nevera al menos 30 minutos. La crema se asienta y los sabores se redondean con el frío.

Batir con paciencia es la diferencia entre un batido líquido y una crema con cuerpo. El verano sabe mejor cuando la batidora trabaja por ti.

Sírvelo bien frío en cuencos individuales, con un chorrito extra de aceite de oliva virgen extra, unos daditos de queso feta y unas hojas de menta fresca. El contraste salado del queso con el dulzor de la remolacha es pura magia.

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Variaciones y maridaje

Este ajoblanco pide a gritos un vino blanco seco como un verdejo joven o un txakoli bien frío. La acidez corta la cremosidad y refresca doblemente.

Si quieres una versión vegana, omite el queso feta y decora con pipas de calabaza tostadas o almendra laminada. La sopa ya es vegana sin el lácteo.

Para conservar, guarda en un tarro hermético en la nevera hasta tres días. Al sacarlo, remueve bien —la emulsión tiende a separarse ligeramente— y vuelve a corregir de sal o vinagre si es necesario.

¿Sin batidora potente? Puedes usar un robot de cocina tipo Thermomix: programa 5 minutos, velocidad 10, sin temperatura. El resultado es igual de sedoso.