Los vecinos del Marítim denuncian a Catalá por la privatización de La Marina de València: vallas y luz apagada

Las asociaciones de vecinos del Grau, Cabanyal, Malvarrosa y Natzaret denuncian la progresiva limitación de espacios públicos y apuntan al modelo privatizador de la alcaldesa Catalá, bajo investigación de Anticorrupción.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Vecinos de los barrios del Marítim de Valencia han denunciado este 10 de agosto la instalación de vallas, el apagado de farolas y la restricción de accesos en La Marina, tras su privatización por el gobierno municipal de María José Catalá (PP).
  • ¿Quién está detrás? La concesionaria Marina Port gestiona ya el 47% del espacio, con el respaldo del Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria de Valencia. Anticorrupción investiga el origen del polémico concurso de plazas a medida.
  • ¿Qué impacto tiene? Los residentes del Grau, Cabanyal, Malvarrosa y Natzaret pierden espacios públicos históricos y acusan al consistorio de convertir la fachada marítima en un parque temático privado.

“Donde ayer paseábamos libremente, hoy encontramos cristales, puertas y caminos cerrados”. La frase, contenida en el comunicado que las asociaciones vecinales del distrito marítimo de Valencia han hecho público este fin de semana, resume la indignación que recorre los barrios del Grau, Cabanyal-Canyamelar, Malvarrosa y Natzaret. La privatización de La Marina de València, decidida por la alcaldesa María José Catalá en diciembre de 2023, ha entrado en una nueva fase: la concesionaria Marina Port ha comenzado a vallar accesos, apagar el alumbrado público y cobrar por aparcamientos que hasta ahora eran libres. La Generalitat Valenciana y el Gobierno central observan un conflicto que escala en pleno agosto mientras Anticorrupción mantiene abierta una investigación sobre el amaño de las plazas que adjudicaron la explotación.

Las vallas que rompen el acceso al mar

El cambio más visible es el vallado. En los últimos días, el paseo que une los barrios con los amarres y la zona sur ha quedado interrumpido por barreras de cristal y puertas cerradas. A eso se suma la decisión de la empresa de apagar las farolas que iluminan el entorno de La Pérgola, una ruta peatonal que utilizan cientos de vecinos cada noche. “Apaga las farolas de los espacios que ahora controla. Coloca vallas donde antes caminábamos. Ha instalado otra barrera para cobrar aparcamiento a quienes van a Marina Sur”, denuncia la asociación de vecinos del Cabanyal-Canyamelar.

La entidad recuerda que desde 2007 los barrios del Marítim habían conquistado un gran espacio público frente al abandono histórico del frente portuario. Aquel modelo, financiado con dinero público, abría la ciudad al mar. El actual gobierno municipal, integrado por PP y Vox, ha sustituido esa filosofía por una concesión a 35 años –prorrogable a 50– que entrega la gestión y explotación de más de medio millón de metros cuadrados. La nueva gestora ya ha levantado un edificio de dos plantas que combinará oficinas con sala de eventos, una construcción que competirá directamente con el emblemático Veles e Vents.

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Los vecinos apuntan también a la instalación de unos vestuarios para clientes junto al edificio del Reloj, un Bien de Relevancia Local, que se ha hecho sin consultar ni informar al barrio. “El interés privado no puede estar por encima del interés general”, insiste la plataforma, que exige la revisión del cumplimiento de las condiciones de la concesión.

La sombra de Anticorrupción y el silencio del Ayuntamiento

La privatización de La Marina está bajo lupa judicial. La polémica nació con el escándalo de las plazas a medida, un proceso de selección del concesionario que Anticorrupción investiga por posible favorecimiento. El concurso, pilotado por la Autoridad Portuaria de Valencia (APV) y el Ayuntamiento de Valencia, adjudicó a Marina Port la gestión de los amarres y parte de las zonas sur y norte, un 47% del recinto total, sin que el consistorio conservara la autonomía que tenía a través del extinto Consorcio público. “Liquidado el Consorcio público, se entrega durante 35 años la gestión y explotación de más de medio millón de metros cuadrados”, lamentan los residentes.

El pasado viernes, el PSPV reclamó al gobierno de Catalá que atienda las reclamaciones vecinales. El concejal socialista Javier Mateo lo resumió así: “Es la primera vez que, en lugar de ganar territorio y ganar la Marina para la ciudadanía, València la pierde en favor de intereses privados y en coalición con el Puerto”. El Ayuntamiento, de momento, no ha ofrecido declaraciones. El silencio institucional alimenta el malestar en un distrito que se siente expulsado de su propia fachada marítima.

La privatización de La Marina no es un hecho aislado: es la brújula que orienta la política de suelo público del PP en Valencia.

El Escenario Valenciano

El conflicto de La Marina se inscribe en una dinámica más amplia que afecta a toda la Comunitat Valenciana. El pacto entre el PP y Vox que sostiene al president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, comparte la misma filosofía: externalización de servicios públicos y gestión privada de grandes equipamientos. La decisión de Catalá, que fue jefa del Consell entre 2023 y 2025 antes de la llegada de Pérez Llorca, conecta con otras operaciones similares en la región. A escala nacional, la privatización de espacios públicos en ciudades turísticas se ha convertido en un campo de batalla política; el debate sobre la turistificación y la pérdida de espacios públicos marca la agenda de varios municipios españoles.

La investigación de Anticorrupción añade una presión extra. Si la justicia confirma irregularidades en el concurso de plazas, el Ayuntamiento de Valencia podría verse obligado a revisar la concesión. Los vecinos, mientras tanto, prometen movilizaciones y acciones legales. “Primero se apropiaron de la gestión; ahora empiezan a decidir quién pasa, quién aparca y quién paga”, advierten. La próxima cita del Consejo de la APV, prevista para septiembre, será clave para medir la reacción del Puerto ante la presión vecinal y la sombra judicial.

Ficha del Caso

  • El caso: Vecinos de los barrios marítimos de Valencia denuncian la privatización de La Marina, con vallas, apagado de alumbrado y cobro por aparcamientos, tras la concesión a Marina Port decidida por el gobierno de María José Catalá (PP-Vox) en diciembre de 2023. Anticorrupción investiga el concurso de plazas a medida que adjudicó la gestión.
  • Datos importantes: La concesión abarca 235.000 m² (47% de La Marina) por 35 años, ampliables a 50. El recinto, construido con fondos públicos, era de acceso libre desde 2007. La nueva gestora ya ha levantado un edificio de oficinas y eventos.
  • Resumen: El gobierno municipal cede el espacio público al sector privado mientras la justicia indaga posibles irregularidades en la adjudicación, lo que tensa la relación con los barrios históricos y proyecta una sombra sobre el modelo de ciudad del PP en Valencia.