Trump redobla la presión económica sobre Irán y bloquea el estrecho de Ormuz en lugar de lanzar un ataque militar

La Casa Blanca confía en la asfixia financiera y el estrangulamiento naval para forzar un acuerdo nuclear, mientras Teherán responde con un ultimátum que incluye un peaje del 7% en el paso del estrecho.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Estados Unidos ha redoblado la presión económica sobre Irán con un bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz, evitando un ataque militar directo.
  • ¿Quién está detrás? La Casa Blanca, con Donald Trump a la cabeza, ha adoptado una estrategia de ‘low-keying’ (perfil bajo militar) para ahogar la economía iraní.
  • ¿Qué impacto tiene? La interrupción del tráfico marítimo en Ormuz dispara los costes de suministro energético globales y amenaza la estabilidad de los precios del crudo, un quebradero de cabeza para las importaciones españolas.

Donald Trump ha optado por la vía económica para doblegar a Irán. El presidente ha confirmado este domingo que Estados Unidos ‘está bajando el perfil’ militar y confía en la presión financiera y el bloqueo del Estrecho de Ormuz para estrangular al régimen de los ayatolás.

Un giro táctico: del amago de bombardeo al estrangulamiento económico

Hace apenas una semana, Washington amenazaba con bombardear Teherán para sentar a los iraníes en la mesa de negociación. Pero la administración Trump ha recalibrado su estrategia y ahora apuesta por una guerra económica: el Departamento de Defensa mantiene el cerco naval en el Estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita un tercio del petróleo mundial, mientras las sanciones financieras siguen congelando los activos del régimen.

La inflación iraní se ha disparado, según ha explicado Trump en una breve llamada telefónica con Axios. ‘Estamos observando a Irán con su enorme inflación y el hecho de que no tienen dinero’, ha asegurado el presidente, antes de añadir que la Guardia Revolucionaria ‘no tiene efectivo para pagar a sus tropas’.

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El precio del crudo, que llegó a alcanzar los 118 dólares por barril en marzo y abril, ha caído hasta los 75 dólares actuales, aliviando parcialmente el bolsillo del consumidor estadounidense y dejando margen para que la Reserva Federal mantenga su lucha contra la inflación.

Irán responde con un órdago: peaje del 7% y exigencias maximalistas

Este fin de semana, el régimen iraní ha desvelado una lista de condiciones para reabrir el estrecho al tráfico internacional. Las demandas, transmitidas a través de las negociaciones con Omán, incluyen el fin de las hostilidades estadounidenses en todo Oriente Próximo, la retirada completa de las fuerzas norteamericanas, el pago de reparaciones de guerra y el levantamiento de todas las sanciones. Pero el punto más espinoso es la propuesta de imponer un peaje del 7% a los buques que atraviesen el Estrecho de Ormuz, una tasa que, según Teherán, podría generar hasta 136.000 millones de dólares anuales.

La Casa Blanca se opone frontalmente. La imposición de ese canon, además de representar una humillación diplomática, dispararía los costes logísticos del comercio mundial y pondría en jaque la cadena de suministro energética. España, que importa alrededor del 15% de su crudo de de países del Golfo Pérsico, sería uno de los eslabones más expuestos: un peaje así encarecería cada barril y se traduciría en subidas en el precio de los carburantes y de la factura energética de empresas y hogares.

La asfixia financiera de Irán es la apuesta menos mala para una Casa Blanca que no quiere verse enredada en otro conflicto armado de Oriente Medio.

La Lógica de Washington

A ojos de Washington, la estrategia de ‘asfixia económica’ tiene una lógica aplastante: permite causar un daño severo al régimen iraní sin exponer a tropas estadounidenses ni disparar los precios del petróleo de forma prolongada. Trump sabe que una guerra abierta con Irán hundiría sus perspectivas electorales y pondría en riesgo la estabilidad de los mercados, justo cuando la Reserva Federal intenta controlar la inflación. El precedente histórico más claro es la política de ‘máxima presión’ que el propio Trump aplicó entre 2018 y 2020, cuando sacó a Estados Unidos del acuerdo nuclear y reimpuso sanciones que dejaron a la economía iraní al borde del colapso.

El bloqueo de Ormuz añade una herramienta de presión geopolítica que no exige disparar un solo misil. La lógica es sencilla: sin ingresos petroleros, el régimen de los ayatolás no puede sostener su maquinaria militar ni comprar la lealtad de las milicias aliadas en Líbano, Irak o Yemen. La apuesta personal de Trump es que la economía iraní se desplomará en meses, forzando a Teherán a aceptar un acuerdo en los términos de Washington.

Para España, el panorama es ambivalente. Por un lado, el precio del barril en 75 dólares alivia la factura energética y limita las presiones inflacionistas que sufría la economía española durante la escalada bélica. Por otro lado, el bloqueo incrementa los costes de los fletes y, si la crisis se enquista, cualquier disrupción prolongada del tráfico en Ormuz —un peaje del 7%, un cierre total— golpearía de lleno a las importaciones españolas de crudo y gas. Empresas como Repsol se verían obligadas a buscar fuentes alternativas más caras o a repercutir el sobrecoste en sus clientes. El sector turístico español, que se beneficia de un petróleo barato, también estaría en riesgo si los mercados se desestabilizan. Bruselas, que en otras crisis energéticas ha intentado coordinar compras conjuntas, se mantiene a la expectativa, aunque la ausencia de una respuesta unificada complica la posición negociadora de los Veintisiete.

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Ficha del Caso

  • El caso: Estados Unidos ha pasado de amenazar con un ataque militar a Irán a una estrategia de estrangulamiento económico, basada en el bloqueo naval del Estrecho de Ormuz y la asfixia financiera del régimen de los ayatolás.
  • Datos clave: El crudo ha bajado de 118 a 75 dólares por barril. Irán propone un peaje del 7% en el estrecho que podría reportarle 136.000 millones de dólares al año. La Guardia Revolucionaria no tiene fondos, según Trump.
  • Para España: La caída del precio del petróleo es positiva a corto plazo, pero el bloqueo y la posible imposición de aranceles al tráfico marítimo amenazan la seguridad energética nacional y podrían encarecer las importaciones de crudo del Golfo.