Alemania estudia dotar a su inteligencia ciberofensiva de capacidades operativas sin precedentes desde 1945. El proyecto, adelantado por el diario Bild, contempla que el Servicio Federal de Inteligencia (BND) y la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) puedan atacar infraestructuras informáticas de adversarios extranjeros.
El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, califica la reforma de ‘histórica’ y asegura que transformará a los servicios federales ‘en auténticas agencias de inteligencia’. En palabras recogidas por la prensa alemana, se trata de ‘una revolución en nuestra arquitectura de seguridad’ porque, ‘por primera vez, otorga capacidades operativas a los servicios de inteligencia’.
La ruptura de un tabú de posguerra
La propuesta llega tras meses de preparación. En diciembre de 2025, el diario Süddeutsche Zeitung informó de que el Gobierno buscaba autorizar al BND a realizar ciberataques, sabotajes y otras operaciones ofensivas en el exterior. En junio, Dobrindt inauguró en Berlín un centro de guerra híbrida y anunció una decisión inminente del gabinete sobre los nuevos poderes del BND.
El plan, que aún no ha recibido aprobación formal, permitiría al BND y al BfV infiltrar ordenadores y teléfonos móviles de sospechosos, incluso mediante el despliegue de troyanos. En caso de ciberataque, los servicios podrían ‘combatir activamente la infraestructura de los atacantes’, una capacidad que Berlín justifica por la necesidad de responder a amenazas híbridas.
Esa es la clave técnica: no se trata solo de vigilar. Se trata de neutralizar. La reforma otorga al Estado alemán una capacidad de respuesta activa que hasta ahora estaba reservada, de manera limitada, a las Fuerzas Armadas. Los servicios civiles, en cambio, operaban bajo un principio estricto de separación entre inteligencia y acción, conocido como el Trennungsgebot.
Berlín rompe con siete décadas de contención: por primera vez, sus servicios de inteligencia tendrán permiso para golpear, no solo para observar.
La reforma incluye además un acceso más amplio a datos de comunicaciones y de vídeo que serían analizados con ayuda de inteligencia artificial. También contempla que los agentes puedan entrar en domicilios de sospechosos para instalar de forma encubierta software espía en ordenadores y otros dispositivos. Esta vertiente doméstica ha generado ya críticas entre juristas alemanes, que advierten de un choque con la Ley Fundamental.
De la vigilancia pasiva al golpe activo: lo que la ley permite
El salto doctrinal es sustancial. Hasta ahora, el BND y el BfV podían recopilar información, analizarla y compartirla con aliados. La reforma les autoriza a intervenir dispositivos ajenos —incluidos los de actores estatales hostiles— y a degradar la infraestructura desde la que se lanzan ciberataques. En la práctica, eso significa capacidad de hacking ofensivo con autorización ministerial.
El calendario previsto sitúa la presentación formal al gabinete alemán el próximo miércoles, 19 de agosto. La fecha no es firme. Fuentes gubernamentales citadas por Bild admiten que el proyecto necesita aún el dictamen de varios ministerios antes de pasar al Bundestag, donde el debate promete ser intenso.

Equilibrio de Poder
Alemania no decide esto en el vacío. La reforma responde a una presión doble: la acumulación de incidentes híbridos en suelo europeo —sabotajes ciberataques, y operaciones encubiertas— y el liderazgo estadounidense en el ámbito cibernético. La administración Trump ha repetido en cada cumbre de la OTAN que Europa debe aumentar su capacidad defensiva autónoma, incluida la cibernética. Berlín, históricamente reacia a conceder poderes ofensivos a sus servicios civiles, da ahora un paso que la alinea con prácticas ya asentadas en Francia, Reino Unido o Estados Unidos.
Para España, el movimiento tiene lectura estratégica. El modelo alemán de inteligencia ciberofensiva se convertirá en referencia dentro del Consejo Europeo y de la cooperación reforzada en ciberdefensa de la UE. Madrid, que ha apostado por el desarrollo de capacidades defensivas a través del CNI y del Mando Conjunto del Ciberespacio, verá aumentar la presión para definir un marco legal equivalente. No es un debate académico: la protección de las bases de Rota y Morón, nodos de la arquitectura de defensa estadounidense en Europa, depende también de la capacidad de detectar y responder a intrusiones en red.
El precedente histórico es claro. Tras la Segunda Guerra Mundial, la República Federal de Alemania consagró en su Ley Fundamental la separación estricta entre servicios de inteligencia y policía, precisamente para impedir que un solo estamento acumulase capacidades de vigilancia y de acción. La reforma de Dobrindt erosiona ese principio. Lo hace con un argumento legítimo —las amenazas híbridas y el terrorismo transnacional son reales—, pero también con un riesgo institucional evidente: una vez otorgadas, las capacidades ofensivas rara vez se retiran.
La lectura a diez años apunta hacia un sistema europeo de ciberdefensa en el que Berlín jugará un papel motriz. Alemania no solo se dota de una herramienta soberana: está enviando una señal a Washington y a Moscú. A Washington, que asumirá una parte mayor de la carga europea. A Moscú, que ha negado sistemáticamente las acusaciones de ciberataques y sabotajes y que califica la reforma como parte de una ‘militarización desenfrenada’ del continente. La escalada retórica —y potencialmente operativa— forma parte del nuevo tablero.
El próximo ciclo de cumbres será decisivo: el Consejo Europeo de otoño y la cumbre de la OTAN del primer semestre de 2027 medirán cuánto margen real de maniobra tiene Berlín entre su ambición doctrinal y su cautela histórica. Esta redacción seguirá de cerca la tramitación en el Bundestag.

