Rusia dispara un 27% su gasto militar hasta los 202.600 millones en 2027

El borrador que llegará a la Duma antes del 1 de octubre confirma un plan trienal de 50 billones de rublos. El déficit salta al 3,2% del PIB y Moscú grava a las mineras para financiarlo.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los documentos presupuestarios consultados por Reuters sitúan el gasto en Defensa de Rusia en 17,1 billones de rublos (202.600 millones de dólares) para 2027, un 27% más que lo presupuestado.
  • ¿Quién está detrás? El Gobierno ruso, que entregará el borrador a la Duma antes del 1 de octubre y ha anunciado nuevas subidas de impuestos para cuadrar las cuentas.
  • ¿Qué impacto tiene? Es el mayor esfuerzo militar desde el inicio de la guerra de Ucrania y empuja la deuda pública por encima del 20% del PIB, el umbral que Moscú consideraba seguro.

El Kremlin elevará el gasto militar ruso un 27% en 2027, hasta los 17,1 billones de rublos, la mayor cifra desde 2022.

Los documentos presupuestarios consultados por Reuters fijan ese desembolso en 202.600 millones de dólares al cambio actual, frente a los 13,5 billones de rublos —159.800 millones— que figuraban en el borrador original. El salto no responde a un ajuste contable de temporada. Es la partida de Defensa más abultada desde que arrancó la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, y llega en un ejercicio en el que Moscú ya no puede disimular el coste de la guerra.

El borrador debe entrar en la Duma antes del 1 de octubre. Y ahí aparece el dato que el Ministerio de Finanzas prefiere no airear: en 2026 el Gobierno planificó 12,1 billones de rublos en Defensa, pero la ejecución real está clasificada. No se publicará. Lo que en cualquier democracia presupuestaria sería un escándalo, en el sistema ruso es rutina desde hace cuatro años.

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A eso se suma la letra pequeña que nunca llega al titular. Parte del esfuerzo militar se reparte por otras líneas del presupuesto —seguridad interior, industria, reconstrucción de los territorios ocupados—, de modo que los 17,1 billones funcionan más como un suelo que como un techo. La cifra oficial no cuenta toda la factura.

Qué esconde el salto hasta los 17,1 billones de rublos

El plan trienal dibuja una trayectoria sostenida, no un pico aislado. En los próximos tres años el gasto en Defensa sumará 50 billones de rublos, unos 591.700 millones de dólares, según los mismos documentos. Es la confirmación de que la economía rusa se ha reorganizado alrededor del complejo militar-industrial: lo que empezó como una operación de meses se ha convertido en un modelo de crecimiento con fecha de caducidad desconocida.

Con qué se paga es otra historia. El Gobierno elevó su previsión de déficit para 2026 del 1,6% al 3,2% del PIB. El gasto total subirá un 13,2%, hasta 48,6 billones de rublos, el 20,9% del producto interior bruto. Para tapar el agujero, el Ejecutivo ha anunciado nuevas subidas de impuestos en 2027, incluido un gravamen extraordinario sobre las mineras y metalúrgicas que debería recaudar unos 200.000 millones de rublos (2.400 millones de dólares) al año. Nunca un rearme se había financiado tan abiertamente a costa del bolsillo del contribuyente.

Rusia ya no discute si puede permitirse la guerra, sino cuántas generaciones hipotecará para pagarla.

El agujero fiscal que Moscú tapa con deuda y fondo soberano

La otra pata de la financiación es el préstamo. El plan de endeudamiento neto de 2026 sube un 26%, hasta 5 billones de rublos, y el Gobierno echará mano de de 459.000 millones —en torno al 11% de la parte líquida de su Fondo Nacional de Bienestar— para reducir el déficit. En 2027 el recurso al mercado será aún mayor: la emisión total de bonos crecerá un 43%, hasta 7,7 billones de rublos.

Hay dos señales que revelan la tensión de fondo. La primera: la previsión de ingresos por petróleo y gas para 2026 se ha recortado de 8,9 a 7,6 billones de rublos, un desplome del 15% que refleja tanto los precios como el efecto acumulado de las sanciones y del tope al crudo ruso. La segunda: la deuda pública escalará al 21,7% del PIB en 2027, desde el 19,9% de 2026, rebasando ese 20% que las propias autoridades rusas consideraban durante años el umbral de seguridad. Cosas que pasan cuando la industria de guerra se come el presupuesto.

presupuesto defensa Rusia 2027

Equilibrio de Poder

La lectura estratégica es clara: Moscú no prepara una retirada negociada, sino una guerra larga. Washington, con una administración Trump que ha hecho de la transacción su doctrina, observa el dato como una confirmación incómoda: cada punto de PIB que Rusia destina a Defensa debilita la lógica de una paz rápida y refuerza el argumento europeo de que el esfuerzo de rearme no puede aflojar. Bruselas, mientras, sigue discutiendo cómo financiar sus propios programas —FCAS, defensa antiaérea europea, munición— a un ritmo que no compite con el ruso.

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Para España el impacto es indirecto pero real. El compromiso de gasto con la OTAN, ese 2% del PIB y la presión posterior para acercarse a cotas superiores, se vuelve más difícil de sostener cuando el adversario incrementa su partida un 27% cada año. La frontera sur añade una capa: el Sahel y el Magreb ya notan el repliegue occidental y la presencia rusa, con instructores y mercenarios desplegados en varios países de la franja saheliana y sostenidos, en parte, por las arcas que alimenta este presupuesto. Un Kremlin con más dinero para su ejército es un Kremlin con más capacidad para proyectar inestabilidad en el flanco sur de Europa. Y ahí, a diferencia del flanco este, la OTAN no tiene una estrategia articulada.

El precedente útil no es la Unión Soviética tardía —cuyo colapso arrastró al ejército con la economía—, sino la Rusia de 2014-2021. Entonces Moscú mantuvo un gasto militar contenido, en torno al 4% del PIB, y lo compensó con operaciones limitadas en Crimea y el Donbás. El salto actual rompe ese equilibrio: supone asumir que el esfuerzo de guerra es permanente y que el coste social y financiero se difiere a los años treinta. Es una apuesta de largo plazo que transfiere la factura a quienes aún no han nacido.

El riesgo que conviene vigilar es la sostenibilidad. La deuda por encima del 20% del PIB, el recurso creciente al Fondo Nacional de Bienestar y el recorte de ingresos energéticos forman una tormenta que Moscú puede capear dos o tres ejercicios, no una década. La próxima ventana crítica está en la tramitación del borrador en la Duma, a partir del 1 de octubre, y en la letra final de la ley de presupuesto hacia diciembre. Los datos del gasto militar mundial de SIPRI, que se publican con retraso y en cifras homogéneas, permitirán calibrar dentro de unos meses si el esfuerzo ruso es tan grande como el Kremlin declara o más de lo que admite.

Lo que observamos, en definitiva, es un país que ha decidido hipotecar su futuro fiscal para sostener una guerra que no puede ganar rápido ni permitirse perder. Seguimos de cerca el texto definitivo que salga de la Duma y el ritmo de financiación del Fondo Nacional de Bienestar.