Junts quiere convertir el debate de política general del Parlament en su trampolín para desafiar al Govern de Illa. Fuentes de la formación consultadas por este medio confirman que los posconvergentes llegan al pleno de este otoño con un doble objetivo: desplegar un proyecto de país alternativo al del ejecutivo socialista y devolver al hemiciclo la bandera del concierto económico.
La cita parlamentaria será la tercera de la legislatura y llega en un momento delicado para el Govern. Junts sostiene que la combinación de ‘mala gestión en Catalunya y sumisión ante Madrid’ está deteriorando la vida cotidiana de los catalanes: infraestructuras colapsadas, servicios públicos tensionados, una clase media presionada fiscalmente, y un acceso a la vivienda cada vez más difícil. El diagnóstico lo repiten desde hace meses. Ahora quieren convertirlo en una resolución.
El concierto económico vuelve al hemiciclo con seis derrotas a la espalda
El eje financiero vertebra el discurso. Junts presentará una propuesta de resolución que reclama para la Generalitat soberanía fiscal y normativa sobre todos los impuestos recaudados en Catalunya, la salida del régimen común y la asunción de la exacción, gestión y liquidación por parte de una Agència Tributària de Catalunya propia.
El movimiento llega justo cuando el Gobierno de Pedro Sánchez prepara la tramitación en el Congreso de un nuevo modelo de financiación autonómica. El sistema pactado entre el PSOE y ERC supondría para Catalunya unos 4.686 millones de euros adicionales en 2027, una cifra que en la arena política se ha redondeado a 4.700. El Ejecutivo central defiende que refuerza la autonomía financiera y la capacidad tributaria. Junts lo rechaza de plano: no da a la Generalitat ‘la llave de la caja’.
La formación de Carles Puigdemont presentará su propio texto alternativo en el Parlament y una enmienda a la totalidad en el Congreso. El detalle no es menor: PP y Vox también registrarán enmiendas a la totalidad, de modo que las tres quedarán rechazadas en la Cámara Baja y la tramitación del nuevo sistema seguirá su curso. Paradójicamente, el gesto de Junts no frena el modelo del PSOE. Lo escenifica.
Junts no quiere aprobar el concierto: quiere que Illa tenga que votar contra él en el hemiciclo que preside.
La propuesta no es nueva. Es la enésima intentona. El 10 de octubre de 2024, en el primer debate de política general de la legislatura, el Parlament de Catalunya ya avaló con 68 votos las resoluciones de PSC, ERC y los Comuns sobre financiación singular y tumbó la propuesta juntista de un modelo ‘en forma de concierto económico’. ERC votó a favor entonces. El 27 de febrero de 2025, la iniciativa defendida por Antoni Castellà —salir de la LOFCA, soberanía fiscal plena— cayó con los votos en contra de PSC, PP, Vox y Aliança Catalana. En julio de 2025 se repitió el guion. En octubre, en el segundo debate de política general, la cámara volvió a dar luz verde al modelo singular y a tumbar el concierto. Y el 29 de enero de 2026 llegó el sexto revés de la legislatura.
La aritmética no ha cambiado. PSC, PP y Vox suman una mayoría que ha blindado cada votación. ERC y la CUP han votado a favor o se han abstenido; los Comuns también han optado por la abstención en varias ocasiones. Los 68 votos del bloque socialista y la derecha se han impuesto siempre.
Vivienda, lengua y seguridad: los otros frentes de Junts
El concierto es la bandera, pero no el único eje. La vivienda dominará buena parte del debate. Junts quiere reivindicar más oferta residencial, más oportunidades para los jóvenes y medidas concretas para la gente mayor, un colectivo al que la formación señala como particularmente castigado por la carestía y las listas de espera.
La estructura del discurso descansa en tres patas: gobernar bien, defender Catalunya ante Madrid y avanzar nacionalmente. De ahí saldrán propuestas sobre infraestructuras, educación, poder adquisitivo, seguridad y lengua catalana. Los posconvergentes hablan de unas infraestructuras ‘de primer nivel’ y de una educación de ‘excelencia’, y anuncian una defensa ‘firme’ del catalán, una cuestión que vinculan directamente con el retroceso del uso social de la lengua.
La lectura interna es clara. Junts quiere consolidarse como la alternativa real al Govern de Illa y, en paralelo, marcar distancia con ERC, su competidor directo en el espacio independentista. Cada votación sobre el concierto es, en el fondo, una fotografía del reparto de fuerzas en ese espacio.
Lo que Junts gana aunque pierda la votación

Hay un cálculo estratégico detrás de la jugada. Junts parte de la premisa de que su resolución será rechazada. No importa. El valor está en el gesto: obligar a PSC, ERC y los Comuns a posicionarse por escrito sobre la soberanía fiscal, dejar constancia de que el pacto PSOE-ERC no es el único modelo posible y trasladar al electorado indeciso que el Govern de Illa administra una financiación que no controla.
El precedente es elocuente. El concierto económico vasco y el convenio navarro llevan décadas funcionando fuera del régimen común y han servido a sus territorios para blindar competencias y recursos. Trasladar ese marco a Catalunya exigiría una reforma del sistema de financiación que ningún gobierno central ha estado dispuesto a abordar. Ni con el PP ni con el PSOE. La sexta derrota de enero lo confirma: el concierto es, hoy, más una herramienta de oposición que una propuesta con mayoría posible.
Y ahí está el punto débil de la estrategia juntista. Repetir la votación cada pocos meses tiene un retorno decreciente. El relato funciona en el mitin, pero el desgaste parlamentario también se acumula. Junts lo sabe. Por eso el pleno no se juega solo en el eje financiero: se juega en el marco global de una alternativa de Govern que, por ahora, tiene más titulares que votos.
Tampoco conviene ignorar el contexto de Moncloa. El Gobierno central necesita apoyos externos para sostener iniciativas clave en el Congreso, y la posición de Junts es relevante en esa ecuación. La enmienda a la totalidad no altera la tramitación, pero sí deja claro que los posconvergentes no piensan facilitar nada gratis. El calendario parlamentario de otoño medirá hasta dónde llega esa incomodidad.
El debate servirá, además, para fijar el tono de la próxima sesión de control al president y para calibrar cómo responde el Govern a la ofensiva. Illa llega con el aval de un modelo de financiación pactado con ERC y con el desgaste propio de un ejecutivo que gobierna en minoría. Junts llega con seis derrotas acumuladas y una bandera que no piensa arriar.
Lo que observamos es un pulso con fecha abierta. La resolución sobre el concierto se votará, se perderá y volverá. Pero cada repetición deja una pregunta en el aire: si el modelo singular del PSOE y ERC entrega 4.686 millones adicionales y el concierto sigue sin mayoría, ¿qué alternativa real ofrece Junts a los catalanes que no sea volver a votar lo mismo? El pleno de este otoño no resolverá el dilema. Solo lo hará más visible.

