El petróleo del estrecho de Ormuz se mueve bajo una niebla deliberada. Los transpondedores apagados de una flota de petroleros explican que el crudo siga cotizando entre 80 y 90 dólares por barril pese a que el paso de un cuarto del comercio marítimo mundial de crudo esté alterado por la tensión entre Estados Unidos e Irán.
El comercio oscuro que sostiene el precio
Según Bloomberg, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Qatar y Kuwait están sacando barriles por el estrecho recurriendo a tránsitos ‘oscuros’ de petroleros. Los buques apagan los sistemas de identificación automática (AIS), transfieren el crudo a otros barcos en el golfo de Omán y desaparecen de los radares comerciales.
La cifra no es menor. Los volúmenes que cruzan el paso superan las estimaciones del mercado, que situaban el flujo en 4 millones de barriles diarios. Bloomberg no cuantifica el exceso, pero las fuentes consultadas confirman que esa bolsa oculta de oferta ha sido una de las claves para que los precios no hayan regresado a los 120 dólares que tocaron al inicio del conflicto.
No se trata solo de oferta. Los operadores citados por Bloomberg explican que los envíos encubiertos, los desvíos por oleoductos, la liberación de reservas estratégicas y una demanda global contenida han mantenido el Brent en una franja de 80-90 dólares. Sin esa válvula, los analistas de la agencia no descartan un barril de 150 dólares en los próximos meses.
La opacidad también tiene un coste de seguridad. Los buques que navegan sin identificación no solo evitan la detección de Teherán; también complican la coordinación con las fuerzas navales y aumentan el riesgo de un incidente sin reivindicación. Esa es la contrapartida de un mercado que prefiere precios contenidos a transparencia.
El mercado ha aprendido a operar en la oscuridad: sin transpondedores, sin contratos estándar y sin un paso libre de ataques.
Ataques, seguros y el regreso de Arabia Saudí

El riesgo, sin embargo, no ha desaparecido. ADNOC, la petrolera estatal de Emiratos, ha confirmado a Bloomberg que 23 de sus buques han sido atacados desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán. En los incidentes han muerto un tripulante y otros 20 han resultado heridos.
La última escalada llegó la semana pasada: dos barcos de ADNOC sufrieron ataques en Ormuz, aunque todas las tripulaciones resultaron ilesas. Las autoridades emiratíes responsabilizaron a Irán y reclamaron la reapertura del estrecho. Teherán, por su parte, no ha emitido una confirmación oficial sobre estos hechos.
Arabia Saudí también parece prepararse para usar la ruta. La agencia señala que 16 superpetroleros están posicionados frente a las costas de Omán, con tres más previstos para los próximos días. Esos buques pueden cargar hasta 38 millones de barriles de crudo.
Las aseguradoras, entretanto, reciben un flujo constante de solicitudes de cobertura por parte de los productores del Golfo. ‘Es un comercio oscuro’, resume Pankaj Khanna, consejero delegado de Heidmar Maritime Holdings. Según Bloomberg, muchos armadores siguen sin querer asumir el riesgo, pero para los exportadores es la única opción viable.
A las dificultades de cobertura se suma la incertidumbre sobre los cargamentos. Una parte del crudo transferido en el golfo de Omán cambia de buque sin que los registros comerciales reflejen su origen con claridad. Ese es el punto que más incomoda a las aseguradoras y a los reguladores occidentales.
Equilibrio de Poder
Washington, Moscú y Bruselas observan la misma imagen con prismas distintos. Estados Unidos mantiene la presión militar sobre Irán y, al mismo tiempo, necesita que el crudo siga saliendo para evitar un choque inflacionario en plena disputa con Teherán. Moscú no tiene una presencia directa en Ormuz, pero se beneficia de cualquier tensión que encarezca el petróleo. Y Bruselas, dependiente de las importaciones, se limita a contener el daño sobre los precios energéticos.
Para España, la lección está en la factura energética. El crudo del Golfo no ha desaparecido del mercado, pero el coste de moverlo se está encareciendo a través de seguros, rutas alternativas y primas de riesgo. Un Brent en 150 dólares tendría un efecto directo sobre la inflación española, los márgenes del transporte y la recaudación fiscal, especialmente si el conflicto se prolonga hacia el otoño.
En un horizonte de cinco a diez años, lo que está ocurriendo en Ormuz confirma una tendencia: el comercio marítimo de energía se adapta a la inseguridad con buques sin identificación, transferencias opacas y coberturas de riesgo. No es la primera vez que el estrecho se convierte en un cuello de botella. En la guerra de los petroleros de los años ochenta, los ataques a buques acabaron exigiendo una respuesta naval internacional.
La gran incógnita no es si el crudo seguirá fluyendo. Es cuánto tiempo podrá hacerlo sin que la opacidad se convierta en un problema de control estratégico. Mientras los transpondedores sigan apagados y los precios se mantengan en la horquilla de 80-90 dólares, nadie en el mercado tendrá incentivos para cambiar las reglas. Pero si Irán intensifica sus ataques o Arabia Saudí sufre un golpe directo, la flota oscura dejará de ser una solución y se convertirá en un riesgo sistémico.

