La sequía en Galicia se ha cronificado: tres de cada cuatro ayuntamientos están en alerta o prealerta por falta de agua.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Tres de cada cuatro ayuntamientos gallegos están en alerta o prealerta por sequía y 32 concellos de A Coruña y Pontevedra tienen alerta declarada.
- ¿Quién está detrás? Augas de Galicia (Xunta) y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil (Gobierno central) vigilan los recursos hídricos.
- ¿Qué impacto tiene? Se suprimen baldeos, riego de jardines y llenado de piscinas; los embalses de abastecimiento caen por debajo de la media.
La sequía que llega después de las lluvias récord
El verano ha convertido la abundancia hídrica del invierno en un escenario de escasez. Las precipitaciones de otoño, invierno y parte de la primavera dispararon las reservas por encima de sus niveles máximos; sin embargo, las lluvias se detuvieron en mayo y las primeras olas de calor extremas comenzaron a secar el suelo de forma acelerada. Dominic Royé, doctor en Geografía Física por la Universidade de Santiago de Compostela e investigador de la Misión Biolóxica de Galicia (CSIC), habla de una sequía repentina: la atmósfera, con temperaturas muy altas, tiene más hambre de humedad.
Según Augas de Galicia, el organismo dependiente de la Consellería de Medio Ambiente que vigila los recursos hídricos de la demarcación Galicia Costa, el problema no es que llueva menos en el conjunto del año. La alteración está en el reparto: las lluvias se concentran en periodos cortos, mientras crece la duración media de los episodios secos. El cambio climático, precisa la entidad, no garantiza sequía todos los años, pero aumenta las condiciones para que aparezca.
Los datos más recientes confirman la caída de reservas. El 10 de agosto, las presas destinadas a abastecimiento en Galicia Costa estaban al 69,88% de su capacidad, frente al 80,52% registrado un año antes y al 79,10% registrado en los primeros días de agosto de 2022. En la demarcación Miño-Sil, gestionada por el Gobierno central, la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil declaró la prealerta a principios de mes en el Miño Alto, el Cabe, el Sil Inferior, el Baixo Miño y el Limia. La justificación: las precipitaciones de los últimos cinco meses fueron un 49% inferiores a lo esperado y los caudales de julio circularon un 45% por debajo de lo habitual.
La Xunta de Galicia, el gobierno autonómico con sede en Santiago de Compostela, insiste en la necesidad de atajar las pérdidas en la red de abastecimiento. A eso se suma la presión demográfica del veraneo, que dispara la demanda en las zonas costeras. El investigador Royé introduce otro factor estructural: Galicia no dispone de grandes acuíferos subterráneos. Depende de ríos y embalses expuestos a la evaporación, con pozos que no alcanzan la capacidad de los existentes en otros puntos de la Península.
Galicia vive de ríos y embalses expuestos a la evaporación, y las lluvias de tormenta no bastan para calar un suelo ya muy seco.
El matiz entre sequía y escasez es más que académico. La sequía alude a la falta de precipitaciones; la escasez, a si el agua disponible alcanza para cubrir la demanda. «Las medidas hay que tomarlas antes. Cuando hay sequía ya es tarde y ya solo entramos en modo emergencia para no consumir», sostiene el investigador del CSIC. La reducción del consumo, la priorización de usos y la inversión en depósitos y redes son acciones que, a su juicio, deben adoptarse con tiempo: «Hay muchas vías, pero tienen que ser cuando no hay sequía.
Un mapa de alertas que divide competencias
El resultado del actual episodio se traduce en restricciones. Hay 32 ayuntamientos con alerta declarada, todos en la demarcación Galicia Costa, que gestiona la Xunta, y en las provincias de A Coruña y Pontevedra. Otros 200 concellos permanecen en prealerta, repartidos entre Galicia Costa y Miño-Sil. Los efectos prácticos son la supresión de usos prescindibles como los baldeos, el riego de jardines o el llenado de piscinas.
La falta de lluvias sostiene la preocupación. Según Augas de Galicia, no hay por ahora precipitaciones a la vista capaces de revertir la situación. Para que el suelo se recupere, recuerda Royé, no sirven las tormentas aisladas: se necesitan lluvias sostenidas que vayan calando el el terreno seco.
El Laboratorio Gallego
En términos políticos, la sequía vuelve a situar el foco sobre la Xunta de Galicia, gobernada por el PPdeG con mayoría absoluta desde 2009. El BNG y el PSdeG completan la oposición en el Parlamento gallego. La gestión del agua discurre entre la responsabilidad autonómica sobre Galicia Costa y la estatal sobre la demarcación Miño-Sil, una dualidad que ha acompañado históricamente la política hídrica de la comunidad.
Desde una óptica nacional, lo que está ocurriendo en Galicia forma parte de un fenómeno más amplio. Las sequías repentinas y las olas de calor se repiten en las cuencas del sur y del Mediterráneo, y ahora también golpean al noroeste. El episodio gallego recuerda que la emergencia climática no es ya una cuestión exclusiva de otras latitudes peninsulares, y refuerza el debate sobre la planificación hídrica entre comunidades autónomas y Gobierno central.
La proyección inmediata se concentra en la recta final del verano. Sin lluvias sostenidas a la vista, el riesgo es que las restricciones de usos no esenciales se endurezcan o se extiendan a más concellos. La gran incógnita es si la Xunta irá más allá del modo emergencia y pondrá en marcha un plan de inversión antes de que el próximo episodio seco reproduzca el escenario.
Ficha del Caso
- El caso: La sequía vuelve a castigar a Galicia tras un invierno de lluvias abundantes; tres de cada cuatro concellos están en alerta o prealerta por falta de agua.
- Datos importantes: 32 alertas en Galicia Costa, 200 prealertas; embalses de abastecimiento al 69,88%; precipitaciones de cinco meses un 49% inferiores; caudales de julio un 45% por debajo; precedentes en 2017 y 2022.
- Resumen: El cambio climático altera el patrón de lluvias y la falta de medidas preventivas agrava la escasez, con la gestión del agua repartida entre Xunta y Gobierno central.

