Todos hemos mordido un alfajor industrial y nos ha sobrado azúcar a mitad de camino. Por eso el veredicto del Campeonato Mundial del Alfajor 2026 resulta tan contraintuitivo: el mejor alfajor del mundo no se apoya solo en el dulce de leche, sino en una mezcla de mermelada de higo, coco rallado, vainilla y nueces.
La quinta edición, celebrada en el recinto BA Ferial de Buenos Aires entre el 15 y el 17 de agosto de 2026, reunió a cerca de 50.000 visitantes y más de 420 muestras procedentes de 12 países. Un tribunal de 25 profesionales, entre técnicos en alimentación, cocineros, reposteros y periodistas, cató a ciegas con más de 35 criterios antes de fallar los premios de 19 categorías.
El ganador absoluto lo firma El Rodeo, una empresa familiar de Catamarca que ya sabía lo que era subirse al podio. En ediciones anteriores logró un oro por su alfajor de cayote, una fruta típica sudamericana, y el título al mejor de maicena. Esta era su cuarta participación.
La receta ganadora nació de forma casi improvisada. Luis Salado, actual propietario, contó que fue idea de su mujer, notaria de profesión y repostera aficionada, y que funcionó prácticamente a la primera; solo retocaron la cantidad de coco.
El resultado se lee en capas. La galleta de vainilla no compite con el relleno; la mermelada de higo pone acidez, el coco añade textura y las nueces rompen la monotonía del dulce. Ese equilibrio es lo que convenció al jurado.
El alfajor ganador no es más dulce que los demás; es más listo a la hora de administrar el dulzor.
El secreto del éxito
- Equilibrio ácido-dulce: la mermelada de higo aporta la acidez que el dulce de leche no tiene y alarga cada bocado sin empalagar.
- Textura en tres capas: el coco rallado cruje ligeramente y las nueces añaden un punto terroso que frena la melosidad.
- Identidad norteña: en lugar de competir con los sabores porteños, aprovecha el recetario de Catamarca y lo hace reconocible.
Ingredientes
- Galletas de vainilla como base
- Dulce de leche en su justa medida
- Mermelada de higo
- Coco rallado
- Nueces picadas
- Glaseado fino
No se trata de una lista cerrada para reproducir en casa, sino del perfil exacto del producto premiado. Eso sí, todos los ingredientes son fáciles de encontrar en cualquier despensa argentina.
El montaje, capa a capa
No es un alfajor relleno de dulce de leche a presión. La base de vainilla se hornea hasta quedar seca pero no dura; así aguanta el peso del relleno sin empaparse. Encima va una capa fina de dulce de leche, que actúa más como fijador que como protagonista.
La mermelada de higo se extiende después, con trocitos de fruta que se notan al morder. El coco rallado y las nueces se reparten en el centro, de modo que cada zona del alfajor tenga un matiz distinto. Una capa de glaseado remata el conjunto y le da ese brillo que lo hace fotogénico.
El fallo fue unánime y, según Salado, la sorpresa en el equipo fue total. El alfajor se vende a 3.000 pesos argentinos, algo así como unos pocos euros, y de momento solo está disponible en la Casa de Catamarca, en la avenida Córdoba 2080 de Buenos Aires.
Variaciones y maridaje
Para beber, elige algo sin azúcar: un espresso o un mate amargo limpian la boca y dejan que el higo y la nuez vuelvan a aparecer tras el glaseado. Si prefieres un maridaje más goloso, un Pedro Ximénez frío funciona porque su acidez natural compensa el dulzor del conjunto.
Si quieres probar un perfil parecido en casa, no pienses en un alfajor clásico; piensa en un sándwich de galletas de vainilla con mermelada de higo, coco tostado y nueces, y un hilo de dulce de leche solo para unir. El truco está en no pasarse con la cantidad de dulce de leche.
No es un alfajor para devorar en dos mordiscos. Se disfruta despacio, prestando atención a cómo cambia el sabor en cada capa. Quizá por eso el jurado tardó tan poco en darle el oro.

