La Fed constata que los aranceles de Trump elevaron la productividad: la señal que inquieta a la UE

Un análisis de la Reserva Federal de Boston cifra en 0,5 puntos el impacto neto de los aranceles sobre la inflación subyacente, una vez descontadas las ganancias de productividad. El estudio refuerza la posición comercial de Washington y devuelve la presión a los exportadores eur

La Reserva Federal de Boston ha publicado un estudio que complica el argumento proteccionista de Bruselas. Las industrias más expuestas a los aranceles de Donald Trump no solo absorbieron costes: ganaron productividad.

El estudio que matiza la inflación de los aranceles

El documento, difundido este miércoles por la Reserva Federal de Boston, según recoge el boletín Breitbart Business Digest, parte de un supuesto deliberadamente conservador. Asume que las empresas trasladan a los clientes todo el aumento de costes de producción, aunque en la práctica muchas optan por estrechar márgenes para no perder cuota de mercado. Aun con esa transferencia plena, los resultados matizan el relato catastrofista: en 37 de las 63 industrias analizadas mejoró la productividad laboral.

Los cálculos del estudio son la clave. Los aranceles elevaron los costes de producción doméstica en un 1,1 % y añadieron 1,4 puntos porcentuales a la inflación subyacente PCE, el indicador de precios que vigila la Reserva Federal. Las ganancias de productividad borraron 0,9 puntos de esa subida, de modo que el impacto neto de las tarifas se quedó en medio punto. En palabras de los investigadores: ‘las ganancias de productividad compensaron con fuerza el aumento de los precios al consumo inducido por los aranceles.

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El hallazgo tiene implicaciones políticas. La inflación subyacente PCE rondó el 3 % en 2025, y el crecimiento de los salarios nominales aportó 1,9 puntos, casi cuatro veces más que la contribución neta de los aranceles. Traducido: aunque se asuma que las empresas pasan todo el coste al consumidor, las tarifas no explican la mayor parte de una inflación que se mantuvo elevada. Lo que la Reserva Federal tiene ante sí es una respuesta productiva, no una simple sacudida de costes.

¿A qué se debe esa mejora? Las empresas sometidas a presión competitiva eligieron entre aceptar márgenes más bajos o hacerse más eficientes. Algunas invirtieron en equipos, otras reorganizaron la producción y las menos productivas fueron desplazadas del mercado. El patrón encaja con un trabajo previo de la Reserva Federal de San Francisco sobre 150 años de política arancelaria: históricamente, los aranceles reducen la inflación y elevan el desempleo porque fuerzan a producir con menos trabajo.

Las tarifas no explicaron el repunte de la inflación; explicaron, en cambio, un aumento de la productividad que Bruselas no había incorporado a su diagnóstico.

La señal para la Unión Europea y para España

Para los exportadores europeos, el estudio es una señal incómoda. Si la economía estadounidense responde a las barreras comerciales con mejoras de productividad, el proteccionismo deja de ser un simple coste coyuntural y se convierte en una ventaja competitiva interior. España exporta a Estados Unidos aceite de oliva, vino, maquinaria y componentes de automoción, sectores sensibles a cualquier revisión arancelaria. La lógica de que ‘los aranceles son malos para Washington’ pierde fuerza.

Madrid y Bruselas deben leer el matiz. No es que los aranceles de Donald Trump deban aceptarse sin respuesta; es que el argumento monetario europeo —que la inflación americana forzaría a la Casa Blanca a dar marcha atrás— no se ha cumplido. Las industrias estadounidenses más expuestas se adaptaron. Eso limita la palanca negociadora de la Unión Europea si busca concesiones comerciales.

La Lógica de Washington

La doctrina que subyace a este estudio encaja con una tradición de política industrial americana. Ronald Reagan protegió al acero en los años ochenta con aranceles y restricciones que forzaron a la siderurgia local a modernizarse. La Administración Trump aplica la misma lógica de fondo: elevar el coste de importar para empujar a las empresas domésticas a producir más eficientemente. El hallazgo de la Fed de Boston le da cobertura técnica a esa estrategia.

En la base legal, la Sección 232 (el artículo de la ley de comercio de 1962 que permite imponer aranceles por seguridad nacional sin pasar por el Congreso) convierte la política comercial en una decisión del Despacho Oval. No es una teoría académica aislada.

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Hay una tensión genuina. Si los aranceles impulsan productividad en sectores expuestos, la Reserva Federal puede verlos como un factor desinflacionista a medio plazo, no como un choque de precios. Eso refuerza a quienes en el Partido Republicano defienden mantener la presión comercial. La proyección para España y la UE no depende de una reversión rápida de las tarifas, sino de la capacidad de adaptación. La próxima ventana será la publicación de las actas del banco central y los movimientos del USTR (Representante Comercial de Estados Unidos) sobre las listas de productos afectados.

Ficha del Caso

  • El caso: Un análisis de la Reserva Federal de Boston concluye que las industrias más expuestas a los aranceles de 2025 lograron mayores ganancias de productividad, compensando buena parte del repunte de costes.
  • Datos clave: Los aranceles añadieron 1,4 puntos a la inflación subyacente PCE; la productividad restó 0,9 puntos y el impacto neto fue de 0,5 puntos. En 37 de 63 industrias mejoró la productividad.
  • Para España: La presión arancelaria sobre exportaciones agroalimentarias e industriales se mantiene, sin que la inflación estadounidense haya forzado una marcha atrás en Washington.