EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Moscú ha avisado de que mantendrá las represalias contra Ucrania tras los ataques contra civiles e infraestructuras.
- ¿Quién está detrás? La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, y el Ministerio de Defensa de Rusia.
- ¿Qué impacto tiene? La amenaza se produce en plena escalada de golpes cruzados con drones y misiles y aleja la negociación.
Rusia promete más represalias contra Ucrania tras los ataques con drones que Moscú atribuye a Kiev. La advertencia no llega sola: se emite con el frente aéreo activo y con el Kremlin negando otra vez cualquier salida negociada.
Rusia convierte la respuesta en doctrina
En una entrevista con el diario ruso Izvestia publicada este jueves, María Zajárova ha presentado la respuesta militar como una consecuencia directa de las acciones ucranianas. Su argumento central: Kiev no quiere negociar y golpea a la población civil y a la red industrial rusa.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha asegurado que las Fuerzas Armadas rusas actuarán ‘de forma proporcional a las amenazas emergentes’ y mantendrán la operación militar especial. Es la misma fórmula con la que Moscú evita hablar de guerra de agresión.
Zajárova lo ha resumido en una frase: ‘La escalada no es nuestra elección’. Según su versión, el avance hacia un acuerdo depende únicamente de que Kiev y sus aliados occidentales abandonen la ‘peligrosa ilusión’ de infligir una derrota estratégica a Rusia.
La declaración no es un giro doctrinal. Consolida una amenaza que Vladímir Putin ya había verbalizado en julio, cuando prometió respuestas ‘espejo’ y ‘varias veces más potentes’.
La novedad reside en el calendario. La advertencia llega horas después de otra madrugada de golpes cruzados, con misiles y drones sobre las inmediaciones de Kiev y sobre más de veinte regiones rusas, según la versión de Moscú.
Rusia convierte el ataque ucraniano en justificación permanente y la represalia, en doctrina de Estado.
Drones y misiles: la madrugada que respalda la amenaza
El Ministerio de Defensa ruso ha reivindicado este jueves un ataque masivo con misiles y drones contra instalaciones militar-industriales en torno a Kiev. Entre los objetivos, según la nota oficial, había plantas de fabricación de drones de largo alcance y componentes para misiles de crucero.
Sostiene además que alcanzó depósitos de combustible, lubricantes, piezas para UAV y bienes de doble uso. No ha aportado imágenes satelitales ni balances independientes que permitan comprobar los daños reales.
En paralelo, el Estado Mayor ruso asegura que sus defensas derribaron 726 drones ucranianos durante la noche en 20 regiones del país. Es una cifra sin confirmación independiente y difícil de verificar, pero ilustra la escala de una campaña aérea que golpea tanto dentro de Ucrania como en el interior del territorio ruso.
Putin admitió el miércoles que los ataques ucranianos contra instalaciones industriales rusas provocan daños. Añadió que, por ahora, no tienen consecuencias críticas. La lectura estratégica es otra: Kiev busca demostrar que el frente no se sostiene cuando la retaguardia arde.
La noche del miércoles al jueves sirve de recordatorio de que la guerra se libra con drones de largo alcance, sistemas de defensa antiaérea y escudo informativo. Ninguno de los bandos ofrece una imagen completa.
Equilibrio de Poder
Washington observa cada represalia con calculadora en mano. La administración Trump ha repetido que su prioridad es forzar una mesa de negociación, pero los golpes cruzados no hacen más que alejar un alto el fuego. Bruselas, mientras, sigue atrapada entre el apoyo militar a Ucrania y la fatiga de un conflicto ya larguísimo.
La lectura para España es concreta. No hay tropas españolas en Ucrania, pero cada escalada condiciona la próxima cumbre de la OTAN. Y la frontera sur no queda al margen: en el Sahel y el Magreb, Rusia aprovecha cada fricción occidental para avanzar sin coste.
El precedente histórico más claro es la guerra de desgaste entre Irán e Irak en los años ochenta. Entonces, la represalia contra ciudades y refinerías se convirtió en rutina. Ahora, drones y misiles permiten golpear más lejos con menos coste humano, y sin despejar la incógnita de fondo: cuánta capacidad industrial queda en pie a ambos lados.
Rusia no ha aportado pruebas de que todos los objetivos alcanzados fueran militares, y Kiev tampoco publica de manera sistemática el detalle de sus golpes dentro de Rusia. En este conflicto, la información es una munición más.
El riesgo inmediato no está solo en la frontera entre Ucrania y Rusia. Cada represalia sobre Kiev o Moscú empuja a los aliados de uno y otro a redoblar la ayuda y los sistemas de interceptación. La próxima ventana crítica será la reunión del Grupo de Contacto para Ucrania en Ramstein, prevista para septiembre.

