El rechazo rural a los macrocentros de datos para inteligencia artificial ya no es una simple disputa vecinal en Estados Unidos. En Texas y Ohio, la oposición a las nuevas líneas de alta tensión, al consumo de agua y a los incentivos fiscales está moviendo el voto de condados que históricamente pertenecían al Partido Republicano sin discusión. Según ha recogido el National Review, el patrón se repite en ambos estados con una intensidad que ha sorprendido a los estrategas del partido.
El caso más visible está en Texas. Según la prensa conservadora, el Gobierno de Texas ha pasado de vender el estado como el ‘epicentro’ del despliegue de IA a congelar nuevas autorizaciones en agosto. El gobernador Greg Abbott dio la bienvenida a Google en 2025; en junio propuso una ley para que los centros paguen sus propios costes eléctricos y mejoren la refrigeración, y en agosto ordenó la moratoria mientras se audita la red.
El malestar rural que ha puesto contra las cuerdas a Greg Abbott
La presión viene de la base conservadora. Shawn Nanny, comisionado republicano de un condado del oeste de Texas, describió los nuevos centros de datos y los planes para tender miles de kilómetros de líneas de voltaje extraordinario como ‘la gota que colmó el vaso’. Entre sus vecinos, según Nanny, empieza a escucharse algo que era impensable hace poco: votar demócrata con la nariz tapada para sacar a Abbott y corregir después.
No es un caso aislado. Greg Torres, fiscal del condado de McCulloch y también republicano, admitió que sus votantes no son ‘marxistas liberales’ y, sin embargo, pueden convertirse en votantes de un solo tema: impedir el tendido eléctrico, proteger el agua, y conservar el suelo agrícola. Mary Jo Bloomquist, vecina del condado de Hood, calificó la moratoria de agosto de simple maquillaje. Su frase destila cabreo rural: ‘solo se está cubriendo las espaldas’.
La dimensión cultural de la protesta importa. Suzanne Bellsnyder, que trabajó como directora de campaña de Abbott en 2014 y hoy dirige el Texas Rural Reporter, sostiene que el agresivo cortejo del gobernador a las tecnológicas se ha vivido como un ataque a una forma de vida. Desde la campaña de Abbott responden que el ‘Texas rural es el alma del estado’ y que el crecimiento económico no puede hacerse a costa de esas comunidades. Entre esa promesa y la desconfianza de los condados se juega ahora la reelección.
Una campaña convertida en referéndum sobre los data centers

Las encuestas confirman la erosión. El Proyecto de Política de Texas sitúa el apoyo rural a Abbott en el 48%, frente al 63% de 2018. A Texas le faltan tres décadas y media para olvidar lo que es un gobernador demócrata, pero dos sondeos de Texas A&M y Fox News dejan al republicano con apenas un punto de ventaja sobre la demócrata Gina Hinojosa. El Cook Political Report movió esta semana la carrera desde ventaja republicana hacia tendencia demócrata, citando el viraje del gobernador con los centros de datos.
La oposición a los centros de datos no es una reacción ideológica: es una defensa concreta del agua, del suelo y de la red eléctrica local.
Hinojosa ha hecho de los centros de datos el eje de su campaña. Pide una orden ejecutiva que imponga una moratoria inmediata, una sesión legislativa especial que acabe con las exenciones fiscales y ha lanzado un anuncio de 30 segundos dirigido a los condados rurales. Su mensaje es directo: Abbott creó el problema y debe arreglarlo.
La Lógica de Washington
Para entender por qué el Partido Republicano primero cortejó y ahora frena a los centros de datos conviene mirar a Washington. La administración de Donald Trump y una parte sustancial del Partido Republicano consideran la infraestructura de IA un asunto de soberanía tecnológica frente a Pekín. No se trata solo de negocio privado: los macrocentros, las redes de alta tensión y la generación eléctrica se ven como activos estratégicos para ganar la carrera de la inteligencia artificial. Ese consenso explica que gobernadores como Abbott ofrecieran suelo, agua y ventajas fiscales con una agresividad poco habitual.
El precedente histórico tampoco es nuevo. En los años setenta, agricultores conservadores de Minnesota libraron una batalla de varios años contra un gran corredor de alta tensión que atravesaba sus tierras; aquello incluyó sabotajes, recursos judiciales y una desconfianza profunda hacia las élites urbanas que exportaban el coste energético. No era progresismo: era populismo rural de derechas. Hoy se repite la dinámica, con los data centers como nuevo polo de atracción. La coalición republicana aguanta mal todo lo que suene a pérdida de control sobre la tierra y la electricidad.
Para España, la lección es temprana. El despliegue de infraestructura de IA en la Península persigue un guion parecido: parques de centros de datos, consumo intensivo de agua y suelo, y la necesaria conexión a redes de alta tensión. El rechazo, si llega, no se concentrará en las grandes ciudades, sino en comarcas rurales y periurbanas donde el empleo prometido tarda más que las servidumbres. La diferencia española es que muchos proyectos dependerán de financiación europea y tramitación autonómica; un bloqueo local puede suponer años de retraso. La próxima ventana electoral en Texas, en noviembre, marcará si la moratoria temporal de Abbott ha llegado a tiempo. Las empresas y los gobiernos autonómicos harían bien en leer esa señal.
Ficha del Caso
- El caso: La expansión de los centros de datos de IA ha provocado una revuelta de votantes rurales republicanos en Texas y Ohio por el consumo de agua, las líneas de alta tensión y las exenciones fiscales.
- Datos clave: El apoyo rural al gobernador Greg Abbott cae del 63% en 2018 al 48% en 2026; dos sondeos le dan un punto de ventaja sobre Gina Hinojosa; el estado congeló en agosto nuevas autorizaciones.
- Para España: La tensión territorial que hoy sacude a Texas anticipa los conflictos que puede generar el despliegue de la infraestructura de IA en comarcas rurales españolas, con bloqueos locales y retrasos en proyectos estratégicos.
