EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La UE elevó su gasto en defensa a 381.000 millones de euros en 2025, el 2,1% del PIB, y superó el objetivo de la OTAN.
- ¿Quién está detrás? La presión de Washington y la amenaza rusa empujan a los Estados miembros a reconstruir su industria militar.
- ¿Qué impacto tiene? España entra por primera vez en el top 15 mundial de presupuesto militar y activa la cláusula de escape fiscal.
Europa ha elevado su gasto en Defensa a 381.000 millones de euros en 2025, un 2,1% del PIB. Supera en una décima el objetivo del 2% fijado por la OTAN.
De 343.000 a 381.000 millones: la senda del rearme
El umbral del 2% no es nuevo. Los aliados de la OTAN lo acordaron en la cumbre de Gales de 2014, después de que Rusia anexionara Crimea. Durante años, la mayoría de las capitales europeas lo trató como una referencia lejana. En 2015, solo tres miembros lo cumplían. Diez años después, la media supera el 2%.
El cambio que detecta Banor es estructural. Ya no se trata de apuntalar los ejércitos existentes, sino de reconstruir capacidades operativas que Europa había ido desmantelando desde el final de la Guerra Fría: reservas de munición, cadenas de producción de blindados, sistemas antiaéreos y tecnologías críticas.
El informe, publicado ayer por Banor, describe un cambio de modelo. La Unión ya no solo financia estructuras militares existentes: reconstruye capacidades operativas, reservas y producción industrial. La dependencia del paraguas estadounidense se ha convertido en un riesgo que Bruselas quiere reducir.
Las cifras lo confirman. En 2024, el gasto en defensa de la UE creció un 19% interanual, hasta los 343.000 millones de euros, el 1,9% del PIB. En 2025 alcanzó 381.000 millones, 38.000 millones más. El salto equivale a que cada día los Veintisiete destinaron 104 millones de euros adicionales a defensa.
La compra de equipamiento fue la partida que más creció: un 39%, hasta los 88.000 millones de euros. La inversión directa en el sector superó los 100.000 millones. Son números que reflejan una demanda industrial sostenida, no un simple ajuste salarial en los cuarteles.
El nuevo objetivo de la OTAN eleva todavía más el listón. Los aliados acordaron alcanzar el 5% del PIB para 2035: un 3,5% en gasto estrictamente militar y un 1,5% en seguridad integral y resiliencia civil, que incluye control de fronteras e infraestructuras críticas.
Mientras los presupuestos crecen, la industria europea de defensa factura por encima de los 150.000 millones. Los grandes conglomerados —Airbus, Rheinmetall, Leonardo, Thales, BAE Systems— han disparado sus carteras de pedidos. En 2026, los gigantes del sector han aumentado sus beneficios un 25%.
La Comisión Europea ha respondido con el plan ReArm Europe, que moviliza 800.000 millones de euros en préstamos y flexibilidades fiscales. El Banco Europeo de Inversiones ha relajado sus criterios para financiar tecnología de doble uso.
Bruselas ha entendido el mensaje de Washington. La Administración Trump condiciona su apoyo militar y exige a los europeos que protejan el flanco occidental. La Casa Blanca no ha dejado lugar a la ambigüedad: el paraguas estadounidense tiene ahora un precio.
El rearme europeo ya no es una promesa de cumbre: son 38.000 millones más en un solo año y, por primera vez, el gasto militar supera el umbral del 2%.
España activa la cláusula de escape y entra en el top mundial
Según el Índice Global Firepower 2026, España se sitúa por primera vez entre las 15 naciones con mayor presupuesto militar del mundo, con un gasto récord de 23.333 millones de euros.
El incremento supera el 46,5% respecto al año anterior. Con 117.000 efectivos, España figura como la decimoctava potencia militar global, un salto que no se había producido en tres décadas. El dato confirma que el despertar militar español ya no es coyuntural.
El tejido industrial español —Indra, Navantia, Sener, Tecnobit— se disputa un hueco en los grandes programas europeos. El Gobierno ya ha comprometido más de 10.000 millones en modernización de fragatas, blindados y cazas.
Para cuadrar las cuentas, el Gobierno de Pedro Sánchez ha activado la cláusula de escape fiscal, la herramienta comunitaria que permite excluir ciertas inversiones en defensa del cálculo del déficit. Es la misma figura que se utilizó durante la pandemia para blindar los fondos de recuperación Next Generation.
No obstante, Madrid asegura que puede cumplir las capacidades militares que exige la OTAN invirtiendo solo un 2,1% del PIB, muy por debajo del 5% acordado para 2035. La justificación oficial apela a la eficiencia: menos duplicidades, más compras conjuntas y un tejido industrial nacional más integrado.

El Eje del Poder Europeo
La fotografía del rearme tiene lecturas muy distintas según la capital europea. Polonia destina ya cerca del 4% del PIB a defensa y los bálticos superan el 3%. Alemania creó un fondo especial de 100.000 millones tras la invasión de Ucrania. Francia mantiene una ley de programación militar que asegura contratos a su industria durante décadas.
Los llamados frugales —Países Bajos, Austria o Dinamarca— observan con recelo una aceleración que puede relajar la disciplina fiscal. En el sur, Italia y España presionan para que la cláusula de escape se convierta en un mecanismo permanente que no penalice a los países con deuda pública elevada.
Para España, el rearme europeo tiene doble filo. El gasto militar crece a dos dígitos y ya moviliza a la industria nacional, desde astilleros hasta fabricantes de sistemas electrónicos. Empresas como Navantia, Indra o Tecnalia se benefician de los nuevos contratos. Pero la cláusula de escape no es una carta blanca: Bruselas vigilará que el desembolso se traduzca en capacidades reales y no en gasto corriente sin valor añadido industrial.
La financiación será la gran prueba. El BCE, presidido por Christine Lagarde, ha dejado claro que no intervendrá directamente en la financiación de la defensa. Su mandato se limita a la estabilidad de precios, y la deuda militar no entra en sus programas de compra. Eso obliga a los Estados a acudir a los mercados.
A diez años vista, el riesgo es que el rearme se financie con más deuda y menos Estado del bienestar. Los Tratados europeos no contemplan un Tesoro común para la defensa, y el próximo ciclo presupuestario de la UE, el Marco Financiero Plurianual (el presupuesto de siete años de la Unión), será la primera gran batalla.
La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para después del verano, tendrá que traducir, el dato de 381.000 millones en un compromiso jurídico. Sin unanimidad, la política exterior y de defensa seguirá siendo un mosaico de velocidades.

