EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un ataque mixto ruso ha matado a 15 personas en Kiev y Ucrania advierte de que Moscú prepara salvos de hasta 200 misiles para saturar sus defensas.
- ¿Quién está detrás? Rusia, con producción acelerada de misiles y lanzadores desde buques, aviones y sistemas terrestres.
- ¿Qué impacto tiene? Los interceptores antibalísticos ucranianos están en mínimos, lo que deja a las principales ciudades expuestas a daños civiles masivos.
Ucrania alerta de una ofensiva de misiles rusa con salvos de hasta 200 proyectiles tras dejar 15 muertos en Kiev.
Rusia prepara la salva de 200 misiles para saturar la defensa
La advertencia la lanzó la semana pasada el mayor Robert Brovdi, comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania, en su canal de Telegram. Conocido por el indicativo Magyar, Brovdi aseguró que Rusia tiene capacidad para lanzar más de 70 misiles de distintos tipos y que está trabajando para elevar una única salva simultánea hasta los 200 proyectiles.
‘Aunque solo consigan la mitad, todo volará hacia nosotros’, declaró a Associated Press. La frase condensa el problema: una salva mixta de misiles de crucero, balísticos e hipersónicos busca desbordar la defensa antiaérea en un solo punto, no erosionarla durante días.
Los números respaldan la alerta. En julio, Rusia lanzó 351 misiles contra Ucrania, un récord mensual que incluyó 153 misiles de crucero y 198 balísticos e hipersónicos, según la inteligencia militar ucraniana. Las fábricas rusas operaron entre el 110% y el 120% de sus objetivos mensuales y alcanzaron en agosto sus metas anuales de producción de misiles Zircon y Oniks.
De momento, la salva que golpeó Kiev este jueves de madrugada fue una fracción de lo anunciado. Más de una docena de explosiones se escucharon en la capital, con daños en viviendas, una escuela, un hospital infantil y, una guardería.
El balance oficial eleva a 15 muertos y decenas de heridos solo en Kiev. Las autoridades municipales no detallaron cuántos de los proyectiles lograron ser interceptados.
Rusia no necesita acertar con cada misil: le basta con obligar a Kiev a gastar sus últimos interceptores.
El ataque a Kiev y la escasez crítica de interceptores antibalísticos
El verdadero cuello de botella está en los interceptores antibalísticos. Ucrania dispone de dos veces y media menos que en 2025, mientras Rusia dispara el doble de misiles balísticos al mes, según reveló el presidente Volodímir Zelenski a la CNN el 12 de agosto. Las entregas aliadas de este año equivalen a un tercio de las del año pasado.
La red de defensa ucraniana puede derribar la mayoría de los drones y misiles de crucero con sistemas baratos. Sin embargo, los sistemas Patriot y un puñado de sistemas europeos similares son los únicos capaces de interceptar con fiabilidad misiles balísticos e hipersónicos. Sus reservas están al nivel más bajo en en años.
‘Los sistemas Patriot capaces de derribar misiles balísticos están esencialmente en una ración de hambre’, ya advirtió en abril el portavoz de la Fuerza Aérea, Yurii Ihnat, tras más de 700 misiles rusos disparados durante el invierno.
La escasez es tan profunda que la Fuerza Aérea ucraniana decidió a principios de agosto dejar de publicar los recuentos de interceptaciones de misiles balísticos por su efecto sobre la moral. Ihnat reconoció que un mensaje oficial como 28/0 llevaba a los medios ucranianos a titular que no se había derribado ni un solo misil.

El problema no es exclusivo de Ucrania. Desde que comenzó la guerra de Irán, Estados Unidos ha consumido cerca de dos tercios de su stock combinado de misiles Patriot y THAAD: de más de 2.700 interceptores a menos de 1.000 a finales de julio, según el Center for Strategic and International Studies. Cada PAC-3 de reemplazo cuesta unos 3,9 millones de dólares y tarda hasta dos años en fabricarse.
Ucrania negocia coproducción de Patriot con Raytheon y Lockheed Martin, aunque ambos fabricantes han empezado a cubrir posiciones. También respalda Freyja, un programa europeo de interceptores más baratos liderado por la empresa ucraniana Fire Point. Los expertos calculan que la producción bajo licencia de Patriot está a entre 24 y 30 meses de distancia, y el primer interceptor de Freyja no llegará hasta finales de 2027.
Equilibrio de Poder
La lectura estratégica va más allá del frente ucraniano. Moscú está probando el punto de ruptura de la defensa antimisiles occidental, justo cuando Washington consume sus reservas en Oriente Próximo y Bruselas no logra acelerar la producción europea.
Para España, el escenario tiene una traducción directa. La base de Rota concentra cuatro destructores AEGIS, el mayor despliegue antimisiles permanente de Estados Unidos en Europa. Cualquier reasignación de interceptores al Indo-Pacífico o a Oriente Próximo reduce la cobertura del flanco sur y deja a la península más expuesta a una crisis de rearme ruso a medio plazo.
Hay un precedente incómodo: la crisis de los misiles de 1962 no se decidió por la cantidad de cabezas nucleares, sino por la capacidad de interceptar la escalada. Hoy, la escasez mundial de interceptores convierte cada salva rusa en una prueba de estrés para toda la arquitectura defensiva europea.
La incertidumbre es genuina: ni Kiev ni los aliados saben con certeza cuántos misiles balísticos puede lanzar Rusia de forma sostenida. Lo que observamos es que la combinación de producción rusa al máximo y reservas occidentales en mínimos deja a Ucrania sin la única respuesta inmediata que existe.
La próxima ventana crítica será el invierno. Si Washington vende a Kiev el 5% de sus interceptores, la defensa aguantará; si no, las ciudades ucranianas quedarán expuestas a ataques combinados de una escala no vista desde 2024. El calendario lo marcará la decisión estadounidense sobre nuevas transferencias de Patriot.

