EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los bancos europeos vendieron exposición crediticia por 378.000 millones de euros en 2025 mediante cesión de riesgo, un 35% más que en 2024.
- ¿Quién está detrás? Santander, Barclays e Intesa lideran las operaciones, junto a entidades medianas y fondos de crédito compradores de SRT.
- ¿Qué impacto tiene? El BCE y el Comité de Basilea vigilan la migración del riesgo hacia actores no regulados; Santander defiende la cesión como palanca de capital.
La banca europea eleva la cesión de riesgo bancario un 170% en cuatro años, hasta 378.000 millones, según la IACPM.
El año récord de las SRT: 378.000 millones y 800 operaciones vivas
Los bancos vendieron a través de transferencias significativas de riesgo, las SRT, su exposición a 378.000 millones de euros en crédito en todo el mundo, según la Asociación Internacional de Gestores de Carteras de Crédito (IACPM). La cifra supone un aumento del 35% respecto al año anterior y del 170% desde 2021. Las SRT son contratos privados que transfieren una parte del riesgo de crédito de una cartera a inversores, normalmente sin sacar los préstamos del balance.
La IACPM contabiliza en la actualidad más de 800 SRT y 62 entidades, con un saldo de 905.000 millones de euros en transacciones vivas en el mercado. Hace diez años había poco más de 50.000 millones. El billón de euros puede cruzarse durante este ejercicio.
Grandes bancos europeos como Barclays, Intesa y Santander lideran, pero ya no son los únicos contendientes. Los bancos de importancia sistémica mundial realizaron el 70% de las cesiones de riesgo en 2023; el año pasado fueron menos de la mitad. La mayor parte del crecimiento de 2025 se debió a entidades que acceden por primera vez al mercado o que amplían volumen de forma reciente. Nombres medianos y pequeños, junto a bancos estadounidenses, han entrado con fuerza en un mercado que antes dominaba una decena de grandes entidades.
Los supervisores llevan tiempo avisando. ‘Las autoridades reguladoras están expresando su preocupación por el impacto en el riesgo sistémico que supone el crecimiento de los mecanismos privados de reparto de riesgos’, señala la asociación. El Banco Central Europeo (BCE) y el Comité de Basilea son dos de las instituciones que han alzado la voz.
El miedo es concreto: que los bancos estén traspasando su riesgo a otros actores del mercado no sujetos a regulación y donde la amenaza puede crecer sin que nadie la supervise. Las interconexiones entre entidades bancarias y no bancarias, las prácticas de financiación de estas últimas y el riesgo de refinanciación figuran también en la lista de preocupaciones.
La cesión de riesgo bancario ya no es una válvula de escape: es un mercado de 900.000 millones que se expande sin que nadie haya aceptado del todo las consecuencias.
Por qué el BCE y Basilea temen un riesgo sistémico sin supervisión
La recomendación de la IACPM es imponer transparencia, porque el mercado no se va a frenar. Los bancos han encontrado en la cesión de riesgo un arma poderosa que libera capital para mejorar su solvencia y que saca de su balance los préstamos menos rentables, con el objetivo de abrir hueco para actividades con más retorno.
Es la práctica de Santander, que afirma que está reinvirtiendo las liberaciones de riesgo a rentabilidades superiores al 20%. Y sigue habiendo apetito. ‘El aumento del número de SRT el año pasado es una clara prueba de que estas operaciones satisfacen las necesidades de un número cada vez mayor de bancos interesados en liberar capital para conceder nuevos préstamos que contribuyan al crecimiento de las economías regionales y mundiales’, defiende la asociación.
Tampoco hay riesgo de agotar a los compradores. Hay fondos de crédito especializados en SRT, pero las gestoras de activos de todo tipo han incrementado su interés en participar en las operaciones. A eso se suman los fondos de pensiones, los bancos de desarrollo, y las compañías de seguros.
La demanda ha superado claramente a la oferta en 2025, lo que ha dado lugar a la disminución observada en los diferenciales de crédito. Es un imán para nuevos jugadores. Los grandes bancos mundiales realizaron el 70% de las cesiones de riesgo en 2023; el año pasado ya eran menos de la mitad.
La apuesta de la IACPM es que el crecimiento continuará. La demanda de préstamos para financiar inversiones en digitalización, clima y seguridad está aumentando y cada vez más bancos han visto los beneficios de ceder créditos antiguos menos rentables. El número de compradores también está incrementándose, al igual que la munición de los fondos para hacerse con las operaciones.

El Eje del Poder Europeo
El pulso no es entre países, sino entre la banca y los supervisores. Los grandes grupos del sur de Europa, con Santander e Intesa a la cabeza, han convertido las SRT en una palanca estructural de rentabilidad. Los reguladores, con el BCE y Basilea al frente, temen que el riesgo se desplace hacia fondos y entidades no bancarias sin supervisión equiparable. La banca europea del sur exhibe estas operaciones como prueba de gestión activa del capital; los supervisores responden con advertencias sobre interconexiones con la banca en la sombra, ese conjunto de fondos y vehículos que escapa a la regulación bancaria.
El impacto para España es directo. Santander y BBVA ganaron en torno a 4.500 millones de euros en solvencia gracias a la cesión de riesgo, según la información publicada por Expansión. Santander defiende que reinvierte esas liberaciones a rentabilidades superiores al 20%. Esa es la diferencia: para la banca española, la SRT no es un instrumento exótico, sino una vía ordinaria de gestión de capital.
No es la primera vez que el riesgo migra fuera del perímetro regulado. En los años previos a la crisis financiera de 2008, las titulizaciones opacas conectaron a bancos y fondos sin vigilancia suficiente. El precedente pesa en Fráncfort. La próxima evaluación del BCE sobre las transferencias significativas de riesgo será la prueba de fuego: si se imponen requisitos de transparencia, el coste de la cesión subirá y los bancos españoles perderán una fuente barata de capital. La pregunta no es si el mercado crecerá, sino quién vigilará a los compradores no regulados cuando el ciclo cambie.
