EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Un marinero turco ha muerto en el mar Negro después de que el buque que lo rescató de un primer ataque con drones fuera alcanzado por un segundo proyectil cerca de Novorossiysk.
- ¿Quién está detrás? La autoría no ha sido reivindicada de forma pública, pero el incidente se enmarca en la campaña ucraniana contra puertos y transporte marítimo rusos.
- ¿Qué impacto tiene? El suceso eleva el riesgo para tripulaciones de terceros países y amenaza con encarecer las rutas comerciales del mar Negro.
Un marinero turco ha muerto en el mar Negro tras un segundo ataque con drones contra el buque que lo rescató. Según medios turcos, Ilker Lazoglu, cocinero del granelero Necibe, sobrevivió al impacto inicial en el puerto ruso de Tuapse y falleció a bordo del Ural, el carguero que acudió en su auxilio.
El doble ataque, adelantado por la prensa turca, no ha sido confirmado oficialmente por los gobiernos de Ankara o Moscú. La información circula a partir de testimonios de familiares y de los registros de las navieras involucradas.
El doble impacto sobre el Necibe y el Ural
Lazoglu era cocinero del Necibe, un granelero con pabellón de San Marino. El buque fue alcanzado el martes 18 de agosto por drones en el puerto ruso de Tuapse, donde debía cargar 20.000 toneladas de trigo. Junto a otros 17 tripulantes, fue evacuado al Ural, un mercante de propiedad turca con bandera de Camerún, según las informaciones de Hurriyet y Türkiye Today recogidas el sábado.
El Ural, sin embargo, fue golpeado cerca de Novorossiysk, uno de los puertos rusos más castigados por los drones ucranianos en los últimos meses. Lazoglu y otros ocho marineros resultaron heridos. El cocinero falleció después a causa de las heridas, según confirmó un familiar al diario Hurriyet.
Novorossiysk, base de la flota rusa del mar Negro y nudo de las exportaciones de crudo y grano, ha sido objetivo recurrente de drones ucranianos desde la primavera. Las defensas aéreas rusas interceptan la mayoría de los proyectiles, pero no siempre evitan que algunos alcancen muelles o buques fondeados. En este caso, el doble ataque contra dos mercantes civiles subraya la vulnerabilidad de los corredores que todavía utilizan armadores turcos, griegos y de otras nacionalidades.
Una campaña contra puertos y barcos que se cobra a terceros

Desde hace meses, los ataques ucranianos de largo alcance apuntan contra puertos rusos y contra buques internacionales sospechosos de transportar cargamentos rusos. Las autoridades de Moscú han advertido que Kiev ‘juega con fuego’ al golpear barcos civiles de terceros países y han calificado los ataques de actos terroristas.
El mar Negro se ha convertido en una zona donde la logística civil ya cotiza como objetivo militar, aunque la tripulación no vista de uniforme.
El presidente ruso, Vladimir Putin, declaró el sábado que Kiev abrió ‘la caja de Pandora’ al atacar objetivos civiles y logísticos. Añadió que Ucrania intenta ahora, a través de terceros, evitar que la situación derive en un escenario catastrófico. Moscú se mantiene dispuesta a negociar la paz, siempre que se parta de las realidades sobre el terreno.
Rusia ha respondido con ataques contra los principales puertos ucranianos del mar Negro y contra rutas de suministro militar, lo que ha cortado de facto la principal vía de exportación de Kiev. El resultado es un bucle de represalias que golpea cada vez con más frecuencia a tripulaciones ajenas al conflicto. Kiev no ha reivindicado este doble impacto, aunque mantiene su doctrina de golpear la logística que alimenta el esfuerzo de guerra ruso.
Las aseguradoras ya han elevado las primas para los trayectos del mar Negro y del Azov. Algunos armadores descargan en Constanza o Varna y completan la ruta por vía terrestre, una alternativa que encarece el grano ruso y ucraniano y presiona los mercados de trigo de Oriente Medio y el Magreb.
Equilibrio de Poder
El ataque no convierte a Turquía en víctima formal de guerra: el Ural navegaba con pabellón camerunés y en aguas próximas a Rusia. Ankara, miembro de la OTAN, no ha invocado el Artículo 5 ni se espera que lo haga; su silencio encaja con la política de equilibrio que mantiene con Moscú desde el inicio de la invasión de Ucrania. La Casa Blanca y Bruselas tampoco han elevado el tono, conscientes de que una escalada en el mar Negro puede encarecer todavía más los cereales y el tránsito energético.
Para España, la lectura es doble. No hay buques de la Armada operando en el mar Negro en esta fase, pero el encarecimiento de las primas de riesgo marítimo se traslada a los fletes y a la factura energética. El Mediterráneo y la ruta atlántica del cereal no viven aislados de lo que ocurre entre Odesa, Tuapse y Novorossiysk. Cualquier restricción prolongada empuja al alza los precios de los alimentos y castiga a los países más endeudados del sur de Europa. En el Magreb, importador neto de trigo de la región, un encarecimiento sostenido del cereal complicaría las cuentas exteriores de Marruecos, Argelia y Túnez, con efectos migratorios y de inestabilidad en el Sahel.
El precedente más claro es la ‘guerra de los petroleros’ entre Irán e Irak en los años ochenta, cuando los ataques contra cargueros neutrales dispararon las primas de seguro y acabaron exigiendo escoltas militares. Si la práctica se consolida en el mar Negro, los armadores reclamarán protección o desviarán sus rutas. La próxima ventana crítica será la reacción de Ankara y la evolución de las conversaciones indirectas que Moscú dice aceptar.

