Elecciones Alemania: la AfD roza la mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt y desafía el cordón sanitario

La posible victoria de Ulrich Siegmund el 6 de septiembre obligaría a Berlín a cooperar con un gobierno ultraderechista por primera vez desde 2013. El debate ya no es si aislar a la AfD, sino con qué herramientas contenerla sin darle más munición.

La ultraderecha alemana está a un paso de gobernar por primera vez un estado federado. Ulrich Siegmund, candidato de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, lidera las encuestas de cara al 6 de septiembre y podría lograr una mayoría absoluta que rompa el cordón sanitario (el pacto informal que excluye a la extrema derecha de cualquier gobierno alemán desde 2013).

Según detalla Politico Europe, una victoria de Siegmund no solo le convertiría en primer ministro regional: su primera obligación sería presidir durante un año la conferencia rotatoria de los 16 jefes de gobierno federados, un cargo que incluye comparecencias conjuntas con el canciller Friedrich Merz. La imagen, impensable hace un año, se ha convertido en escenario probable.

Por qué Sajonia-Anhalt puede romper el cordón sanitario alemán

La AfD, fundada en 2013, ha vivido hasta ahora instalada en la oposición. Sajonia-Anhalt es uno de los estados del este donde su discurso contra la inmigración y contra Berlín cala con más fuerza. Si el 6 de septiembre obtiene la mayoría absoluta, ningún partido podrá armar una coalición alternativa sin ella. El dique construido por CDU, SPD, Verdes y liberales quedaría reducido a una cuestión de gestión práctica, no de veto.

Publicidad

Merz lo verbalizó hace meses: ‘la AfD cuestiona las decisiones fundamentales de la República Federal desde 1949’. La preocupación es compartida por el resto de grandes partidos. El problema, admiten fuentes de varios gobiernos regionales citadas por Politico Europe, es que el sistema federal alemán exige un mínimo de cooperación con cada estado, gobierne quien gobierne.

El ministro socialdemócrata del Interior de Turingia, Georg Maier, va más lejos: asegura que el partido de Siegmund tiene ‘buenos canales’ con Moscú. Si la AfD aporta al jefe de gobierno en Sajonia-Anhalt, en el Kremlin descorcharán champán’, declaró. La cita condensa el temor de fondo: no es solo una crisis doméstica alemana, es un agujero en el flanco oriental de la OTAN y de la UE.

La ruptura del cordón sanitario no se decidirá solo en las urnas, sino en la sala donde los Länder comparten inteligencia y dinero con Berlín.

Las cuatro vías que Berlín ya estudia para contener a la AfD

La primera opción es burocrática. Los ministerios del Interior de los estados coordinan su trabajo en conferencias sectoriales; la idea sería mantener esas citas ordinarias, pero celebrar reuniones informales paralelas para asuntos sensibles a las que no acudiría el representante de Sajonia-Anhalt. El modelo se apoya en la práctica ya existente de los llamados estados ‘A’ y ‘B’, que agrupan a los gobiernos según su color político. Christoph Degenhart, catedrático emérito de Derecho Constitucional, cree que es ‘plenamente concebible’, aunque advierte de que los tribunales podrían acabar tumbándolo.

La segunda vía es levantar muros chinos en los sistemas conjuntos de información. El ministro Maier sostiene que sería legal y aplicable con rapidez: ‘tendríamos que mantener alejada de la AfD toda la inteligencia relativa a extremismo de derecha y a espionaje’. El portavoz de la AfD en Sajonia-Anhalt, Patrick Harr, lo niega: ‘no tenemos un teléfono rojo con Moscú. Hablamos con todo el mundo, al Este y al Oeste’. Pero Konstantin von Notz, vicepresidente de la comisión de control de los servicios secretos en el Bundestag, recuerda el precedente austriaco: cuando el FPÖ entró en el Gobierno en 2017 y tomó Interior, los aliados occidentales restringieron el intercambio de información confidencial.

La tercera opción es financiera. Sajonia-Anhalt recibió en 2025 unos 2.800 millones de euros del sistema de compensación fiscal, casi una quinta parte de su presupuesto. Danyal Bayaz, ministro verde de Finanzas de Baden-Wurtemberg, avisa de que ese mecanismo está anclado en la Constitución y no puede cambiarse ‘según el clima político’. Eso sí, matiza que la confianza y la cooperación con un Estado que cuestione el Estado de derecho se verían afectadas ‘también en materia financiera’.

La cuarta es la opción nuclear: el artículo 37 de la Ley Fundamental permite la coerción federal, con el consentimiento del Bundesrat, para obligar a un estado a cumplir sus obligaciones legales. Nunca se ha utilizado. En círculos intelectuales de la nueva derecha alemana, el editor Götz Kubitschek ya lo contempla como escenario realista. Ningún entrevistado por Politico Europe lo planteó espontáneamente, quizá por miedo a regalarle el argumento a la AfD antes de las elecciones.

Publicidad

El Eje del Poder Europeo

En Bruselas, la posible entrada de la AfD en un gobierno federado se lee con una mezcla de alerta y resignación. Berlín es el interlocutor imprescindible de la UE en en política fiscal, energética y de seguridad. Un canciller Merz atenazado por la ultraderecha en casa llega al Consejo Europeo con menos margen para cerrar acuerdos con el sur, incluida España. La geometría europea ya no puede descartar un eje Berlín-Varsovia-Budapest con vetos cruzados, ni una Alemania más reacia a compartir inteligencia con sus socios si la AfD controla alguna cartera regional sensible.

Para España, el impacto no es directo, pero sí estructural. La Moncloa necesita una Alemania estable para defender los intereses del sur en la gobernanza fiscal, para sostener los fondos europeos y para evitar que la agenda migratoria se endurezca aún más. Un gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt no cambia las reglas por sí solo, pero debilita la autoridad interna de Merz y alimenta el relato de que el centro político alemán no logra contener lo que consideraba marginal. En términos de confianza inversora, cada episodio de inestabilidad en Berlín se traduce en primas de riesgo más nerviosas en Madrid y Roma.

El precedente austriaco de 2017-2018 es el espejo más citado: la llegada del FPÖ al Gobierno desencadenó restricciones de los servicios aliados y tensiones con la UE. La diferencia es de escala: Alemania no es Austria. Si Berlín tuviera que levantar muros chinos con sus propios estados, el coste de coordinación de la seguridad europea sería mayor. La lectura a cinco años es clara: el cordón sanitario ya no es una barrera, es una negociación continua sobre información, dinero y símbolos.

La cita del 6 de septiembre y la posterior formación de gobierno regional serán el termómetro. Si Siegmund gobierna, la UE descubrirá que el problema de la extrema derecha en Alemania no se resuelve con un expediente, sino con un manual de contención que nadie ha querido escribir.