Ni Mercadona ni Carrefour: Este supermercado es el único que se ha adelantado a todos con la vuelta al cole

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Tabletas y portátiles de marca propia por menos de 150 euros para estudiantes

Dos jóvenes discutiendo sobre trabajo al aire libre mientras usan un portátil y una libreta.

La clave de esta propuesta está en romper la barrera de los 150 euros con tecnología de marca propia, algo que ningún otro gran distribuidor se ha atrevido a hacer de forma tan decidida en la campaña de vuelta al cole. Mientras las tiendas especializadas siguen ancladas en rangos de 300 o 400 euros para equipos de gama de entrada, este supermercado aprovecha su músculo de compra y su red logística para lanzar tabletas y portátiles sin intermediarios, prescindiendo del margen del fabricante y de los costes de publicidad de las grandes tecnológicas. El resultado es que por menos de lo que cuesta un móvil medio, una familia puede hacerse con un equipo con pantalla táctil, batería suficiente para la jornada escolar y las aplicaciones básicas de estudio. Lo relevante no es solo el precio, sino el momento elegido: el lanzamiento se adelanta semanas al calendario oficial de ofertas, captando a quienes quieren cerrar la compra antes de las aglomeraciones de septiembre y obligando al resto de cadenas a reaccionar.

Lo que hace realmente singular esta apuesta es que la marca propia cambia las reglas del juego frente a los fabricantes tradicionales, que nunca han visto a un supermercado como competidor directo en electrónica educativa. Al eliminar el sobrecoste de la marca, la cadena puede ofrecer una configuración suficiente para el uso académico real: navegación, procesadores de texto, videollamadas y plataformas educativas, sin pagar por prestaciones que un estudiante no necesita. Para muchas familias supone, además, la primera vez que un portátil o una tableta entra en el presupuesto de vuelta al cole sin desplazar otros gastos, y con la tranquilidad de un servicio postventa en tienda física que las compras en marketplace no siempre garantizan. Fijar ese techo de 150 euros tiene también un efecto contagio: al establecer un referente tan bajo, el supermercado presiona a la competencia y convierte en herramienta de estudio habitual lo que hasta ahora se consideraba un capricho reservado a unos pocos.