EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Irán lanzó misiles balísticos y drones contra las bases de King Hussein y Al-Azraq, en Jordania, tras un ataque previo de Estados Unidos a la isla de Larak, en el estrecho de Ormuz.
- ¿Quién está detrás? El Cuerpo de los Guardianes de la Revolución (IRGC) reivindica la acción; Donald Trump promete «golpear duro» a Teherán.
- ¿Qué impacto tiene? La escalada reactiva la prima de riesgo en el petróleo y amenaza la estabilidad del estrecho de Ormuz, clave para el suministro energético de España y la UE.
La guerra entre Irán y Estados Unidos ha vuelto a cruzar misiles, y las bases estadounidenses en Jordania han sido el objetivo.
El ataque: misiles y drones contra dos bases aliadas en Jordania
El domingo, fuerzas estadounidenses atacaron Larak, una isla situada en el corazón del estrecho de Ormuz, el punto por el que transita cerca de un tercio del crudo mundial. Teherán afirma que dos soldados iraníes y un civil murieron en esa acción, además de varios heridos. La represalia llegó horas después con una andanada de misiles balísticos y drones.
El IRGC aseguró que sus proyectiles apuntaron contra las bases de King Hussein y Al-Azraq, ambos recintos militares jordanos que albergan presencia estadounidense. Jordania mantiene un perfil discreto, pero su espacio aéreo se ha convertido en zona de tránsito para esta escalada. Las defensas aéreas jordanas interceptaron ocho misiles, según confirmó Amán, y no se han reportado daños en tierra.
Trump añadió un detalle operativo revelador: afirmó que las fuerzas estadounidenses dejaron pasar un misil entrante después de calcular que no alcanzaría ningún objetivo significativo. Una decisión de defensa antimisiles que, de confirmarse, ilustraría el margen de tolerancia con el que Washington maneja la escalada en Oriente Próximo.
El anuncio de Trump y la vuelta de la amenaza militar
En una llamada telefónica con Fox News el lunes, Trump fue directo: ‘habrá una respuesta. Vamos a golpearles duro’, afirmó. La declaración llega después de un mes de relativa calma en los enfrentamientos directos entre ambos países. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, respondió que Teherán ‘no busca la guerra’, pero advirtió que ofrecerá una respuesta ‘decisiva’ a nuevos ataques.
Cada intercambio de misiles junto a Ormuz empuja el precio del crudo y acerca la factura energética a la frontera sur de Europa.
Trump, sin embargo, dejó la puerta entreabierta a una salida negociada: ‘quieren reunirse desesperadamente; las sanciones están golpeando con mucha fuerza’, declaró. En paralelo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó el domingo un plan de sanciones secundarias semanales contra bancos y empresas extranjeras que mantengan negocios con Irán. ‘O están con nosotros o con los iraníes’, advirtió, y mencionó explícitamente el uso de ‘violencia financiera’ si fuera necesario.
La amenaza militar no es improvisada. Según Axios, que cita a tres funcionarios estadounidenses, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ya tenía preparado un plan de ataques periódicos contra capacidades militares iraníes alrededor de Ormuz. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, respalda la propuesta, que apuntaría a radares, defensas aéreas y misiles antibuque cada vez que fueran reconstruidos. Un funcionario describió el enfoque como ‘cortar el césped’. Una expresión poco diplomática, pero fiel a la lógica de disuasión continua.

Equilibrio de Poder
La escalada sitúa una vez más a Estados Unidos, Rusia y la UE en posiciones divergentes. Washington exhibe una postura transaccional que combina fuerza militar con sanciones financieras y presión sobre socios comerciales. Moscú observa con beneficio estratégico: cada repunte del petróleo engrosa sus ingresos exportadores y cada hora de atención estadounidense en el Golfo resta recursos y atención al flanco europeo. Bruselas, en cambio, afronta el escenario más incómodo: una subida del crudo que alimenta la inflación y una OTAN sometida a nuevas tensiones.
Para España, el impacto es directo. El país importa una parte sustancial de su crudo y gas desde el Golfo Pérsico, y cualquier amenaza al tránsito por Ormuz se traduce en presión sobre los precios en los surtidores y en la factura eléctrica. A eso se suma la red logística de las bases de Rota y Morón nodos clave para las operaciones de CENTCOM en Oriente Próximo y África. Si el plan de ataques periódicos contra Irán prospera, la implicación española como retaguardia estratégica se intensificará. Otra factura que Moncloa preferiría no tener que explicar en plena negociación presupuestaria.
El precedente más directo es el intercambio de enero de 2020: tras la muerte de Qasem Soleimani, Irán lanzó una salva de misiles contra la base de Al-Asad, en Irak. Entonces, como ahora, la respuesta iraní buscaba un punto intermedio entre la venganza y la contención. La diferencia es el teatro elegido: Jordania, un socio tradicionalmente discreto, se convierte en escenario visible de la rivalidad. También planea la sombra de la llamada guerra de los petroleros de los años ochenta, cuando Washington y Teherán chocaron repetidamente en las mismas aguas.
La próxima ventana crítica serán las próximas 72 horas. Si el IRGC intenta una segunda oleada o si la Armada estadounidense eleva la presión en Ormuz, el mercado del petróleo reaccionará en tiempo real. Seguiremos de cerca el informe del ISW y las señales de la Casa Blanca. Lo que ya observamos es que la disuasión se ha convertido en una rutina de golpes periódicos; una rutina cara, volátil y con la frontera sur de Europa en la línea de impacto.

