Inflación de la eurozona repunta al 3,3% en agosto, máximo en tres años, y acerca al BCE a otra subida de tipos

El repunte de la energía, disparada un 14,3% por la crisis de Ormuz, aleja el objetivo del 2% y presiona a Fráncfort. España registra la cuarta inflación más alta de la eurozona, con un 4,5% armonizado en agosto.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La inflación de la eurozona subió al 3,3% interanual en agosto, cuatro décimas más que en julio y máximo desde septiembre de 2023.
  • ¿Quién está detrás? Eurostat apunta al repunte de la energía, disparada un 14,3% por la crisis del estrecho de Ormuz.
  • ¿Qué impacto tiene? El BCE se reúne el 10 de septiembre con el mercado descontando una subida de tipos de un cuarto de punto. España registra un IPC armonizado del 4,5%.

La inflación de la eurozona repunta al 3,3% interanual en agosto y toca su nivel más alto en tres años, según Eurostat. El dato, cuatro décimas superior al de julio, aleja el objetivo del 2% del BCE y mete presión a Fráncfort antes de la reunión del 10 de septiembre.

La energía dispara la inflación y empuja al BCE al endurecimiento

El detonante está en la energía. El coste de la energía se dispara un 14,3%, cuatro puntos más que en julio, empujado por el repunte de la gasolina, el diésel, y el gas tras el fracaso del alto el fuego y con el estrecho de Ormuz casi cerrado. Desde marzo la inflación general lleva instalada por encima del 2% que persigue el BCE, y el dato de agosto acerca una nueva subida de los tipos de interés.

Hoy los tipos oficiales están en el 2,25%. Los banqueros centrales de la eurozona se reunirán el próximo 10 de septiembre, y el mercado descuenta una subida de un cuarto de punto para enfriar la actividad y contener los precios. El debate ya se mueve hacia una segunda subida antes de que acabe 2026. Ulrike Kastens, economista sénior de DWS, lo resume: ‘En estos momentos no parece necesario adoptar una política monetaria significativamente restrictiva’.

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La clave está en la inflación subyacente, que excluye alimentos frescos y energía. Quedó en el 2,4%, una décima menos, al contenerse el avance del grupo servicios al 3%, tres décimas menos. Ese respiro sugiere que los efectos de segunda ronda de los carburantes o el cierre de Ormuz no se han trasladado todavía a la cadena. No hay indicios de que las presiones inflacionistas subyacentes se estén generalizando, incide Kastens.

La inflación de los alimentos también se mantiene estable por ahora, ya que las presiones sobre los precios aún no se han trasladado a los consumidores, advierten los analistas de Oxford Economics. El grupo de alimentos, alcohol y tabaco avanza un 1,2% y los frescos se sitúan en el 2,7%, por debajo del 4,6% de abril. Los analistas esperan que los alimentos crezcan con fuerza el año que viene, cuando la subida de los fertilizantes por el cierre de Ormuz o el impacto de las olas de calor lleguen a la cadena.

El BCE no pelea solo contra la gasolina: pelea contra el relato de que la inflación subyacente sigue contenida.

España, señalada: la cuarta inflación más alta de la eurozona

España queda en el grupo de países con inflaciones más elevadas. Los precios avanzan seis décimas hasta el 4,5% según el índice armonizado de Eurostat. Solo Lituania (5,8%), Chipre (5,2%) y Bulgaria (5,1%) la superan. En el resto de grandes motores, todos van al alza: Francia se queda en el 2,7% (tres décimas más), Alemania en el 2,9% (una décima más) e Italia en el 3,2% (tres décimas más).

El desempleo de julio, publicado también hoy por Eurostat, refuerza la señal de una economía europea frágil. La tasa de paro de la Unión Europea se mantuvo en el 6,1% por sexto mes consecutivo. España registra una tasa del 10%, la segunda más alta del bloque tras Finlandia (10,5%). En la eurozona el desempleo quedó en el 6,4%.

El Eje del Poder Europeo

La escalada de agosto coloca al BCE ante un dilema clásico. Los países del sur, con España a la cabeza, sufren la factura energética y la presión sobre el consumo; los países frugales del norte ven la inflación algo más contenida y no quieren que Fráncfort suavice el mensaje. El pulso es de geometría variable, como en la crisis energética de 2022. Alemania (2,9%) y Francia (2,7%) miran con más margen que España (4,5%) o Italia (3,2%).

Para España, el impacto es directo. El IPC armonizado del 4,5% adelanta una subida de los costes de financiación y complica el consumo interno. La diferencia frente a Alemania (1,6 puntos) y Francia (1,8 puntos) reduce la competitividad vía precios en un momento en que el turismo y la exportación de servicios tiran de la economía.

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Lo que observamos es que una subida de tipos en septiembre no rompe la dinámica energética. El BCE puede frenar la demanda, pero no reabrir el estrecho de Ormuz ni abaratar el petróleo. Esa es la contradicción del momento: se aprieta el tornillo monetario sobre una inflación de oferta, no de demanda. La próxima ventana crítica es el 10 de septiembre; si la energía sigue al alza, el debate no será si hay una segunda subida, sino si la economía del sur puede asumirla sin estancarse.