Donald Trump ha redoblado este lunes su apuesta por los centros de datos como motor de la inteligencia artificial y del empleo. El presidente de Estados Unidos defendió en Truth Social que las ciudades que rechacen estas infraestructuras están condenadas a quedarse ‘atrasadas y pobres’, un mensaje que traslada al terreno local la batalla estratégica por la energía.
El enfado local y las encuestas que no respaldan la tesis presidencial
La intervención no es casual. En enero, una encuesta de Politico mostró que solo el 45% de los votantes de Trump apoyaba la idea de tener un centro de datos a menos de cinco kilómetros de su casa. El respaldo entre votantes demócratas tampoco superaba la mayoría. ‘El único motivo por el que comunidades de Estados Unidos no deberían querer centros de datos es si quieren acabar atrasadas y pobres’, escribió Trump. Y añadió: si quieren ser ‘exitosas y ricas’, con menos impuestos y más empleo, deberían ‘dejar reinar a los datos’. La resistencia local a los centros de datos tiene cifras: en enero, solo el 45% de los votantes republicanos respaldaba tener uno cerca de casa.
Trump cerró su post con una advertencia geopolítica: ‘Si matamos a la gallina de los huevos de oro, solo tendréis que culparos a vosotros mismos. China no podría estar más contenta con este movimiento anti centros de datos. De hecho, no se lo pueden creer’. El argumento no es nuevo en su retórica: Washington compite con Pekín por la supremacía de la inteligencia artificial y cada megavatio que alimenta servidores cuenta como activo estratégico. La Casa Blanca no quiere que la protesta vecinal frene la infraestructura digital que considera decisiva.
La respuesta de Vance: electricidad, centrales propias y la batalla de los costes
Este lunes, el vicepresidente JD Vance matizó la presión de la Casa Blanca. El presidente ha dicho que los centros de datos son una parte importante de la economía de la IA’, explicó. Pero añadió un matiz relevante: las tecnológicas deben construir las centrales eléctricas junto a los centros de datos. Vance calculó que ‘probablemente el 99% del rechazo a los centros de datos’ viene de zonas donde esas instalaciones encarecen la factura de la luz de los vecinos.
El vicepresidente se refería a la orden de febrero en la que Trump pidió a las tecnológicas que garantizaran su propia generación eléctrica para no subir los precios a las comunidades. ‘Pueden construir sus propias centrales dentro de su factoría para que los precios de electricidad no suban a nadie y, en muchos casos, bajen de forma muy sustancial’, argumentó entonces. Amazon, Google, Meta, Microsoft, OpenAI, Oracle y xAI aceptaron casi de inmediato. La promesa de autogeneración es la pieza clave de la lógica de Washington.
La Casa Blanca no quiere elegir entre inteligencia artificial y facturas de luz. Quiere que las tecnológicas paguen por generar la energía que sus servidores consumen.
‘Si construyes un centro de datos, deberías inyectar energía en la red, no extraerla’, insistió Vance. ‘Y si eso ocurre, no creo que los centros de datos sean tan controvertidos. Es cuando las facturas suben mucho cuando hay un problema real’. Ahí está la tensión: las encuestas de enero mostraron que el 37% de los estadounidenses ve el empleo como el principal beneficio; un 29% citaba el encarecimiento eléctrico como la principal desventaja. La factura eléctrica es hoy el principal punto de fricción entre los centros de datos y la política local estadounidense.
La Lógica de Washington
La perspectiva de la Casa Blanca es más industrial que cultural. Estados Unidos necesita multiplicar su capacidad de cómputo para no ceder a China la ventaja en inteligencia artificial, y Washington quiere que esa expansión se haga en suelo propio. Por eso las declaraciones de Trump no buscan convencer a los urbanistas: buscan fijar prioridades. Si hay que elegir entre protestas locales y soberanía tecnológica, la administración federal ha elegido la segunda. El precedente es el de Ronald Reagan y la defensa del acero americano en los años ochenta: proteger un sector estratégico, aunque el precio local no fuera uniforme.
El impacto para España es doble. Madrid y varias comunidades compiten por atraer centros de datos, mientras el debate sobre agua y consumo eléctrico llega a ayuntamientos y reguladores. Si las tecnológicas estadounidenses asumen la generación propia en suelo americano, el modelo se exportará a Europa. Empresas como Iberdrola, Acciona o Ferrovial ya miran hacia Estados Unidos como mercado de renovables asociadas a infraestructura digital. En España, la presión de Red Eléctrica y del mix renovable convierte, la fórmula de Vance en una palanca para vender soluciones de autoconsumo industrial, no en una amenaza lejana.
La proyección es clara: la exigencia de autogeneración será el estándar de negociación para los próximos campus de datos en Estados Unidos y, previsiblemente, en la Unión Europea. La próxima batalla no será sobre si los centros de datos se construyen, sino sobre quién paga la mejora de la red. Esa pregunta todavía no tiene respuesta. Y define el futuro del sector.
Ficha del Caso
- El caso: El presidente Donald Trump defiende los centros de datos como motor de riqueza local y soberanía tecnológica; el vicepresidente JD Vance exige que las tecnológicas generen su propia electricidad para evitar subidas de precios.
- Datos clave: Encuesta de enero: 45% de republicanos aceptaba un centro de datos cerca, 37% valoraba el empleo y 29% temía el coste eléctrico. Amazon, Google, Meta, Microsoft, OpenAI, Oracle y xAI aceptaron autogeneración.
- Para España: El debate llega a Madrid y otras comunidades que compiten por data centers; el modelo de autogeneración beneficia a Iberdrola, Acciona y Ferrovial en EE.UU. y puede condicionar la agenda regulatoria europea.

