La Casa Blanca revela que el Pentágono controlará el 35% de la empresa conjunta de petróleo en Venezuela

El Departamento de Estado tendrá derecho a comprar el 20% de la producción a coste y a vetar nombramientos en el consejo. El acuerdo obliga a Repsol a recalcular su posición en Venezuela.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Casa Blanca confirmó que el Pentágono controlará el 35% de la nueva empresa petrolera creada por el acuerdo con Venezuela, con derechos adicionales de compra para el Departamento de Estado.
  • ¿Quién está detrás? El presidente Donald Trump presentó el pacto; el socio privado es NABEP, con Alejandro Betancourt al frente.
  • ¿Qué impacto tiene? El acuerdo reconfigura el acceso al crudo venezolano y obliga a actores españoles como Repsol a recalcular su posición en el país.

La Casa Blanca ha confirmado este lunes por la noche que el Pentágono tendrá el 35% de la nueva empresa petrolera que surge del acuerdo firmado entre Donald Trump y la administración de Caracas. El anuncio llega tres días después de que el propio Trump presentase el pacto sin desvelar ni el socio privado ni las condiciones económicas.

La participación del Pentágono no se hará con un desembolso directo de miles de millones. La Oficina de Capital Estratégico, el brazo financiero del Departamento de Defensa, tomará el 35% mediante penny warrants, una estructura de opciones de compra que permite a Estados Unidos asumir la propiedad sin un gran desembolso de capital. El Estado tendrá voz en el consejo: la Casa Blanca asegura que Washington podrá vetar nombramientos y que ciudadanos estadounidenses ocuparán la mayoría de los asientos.

Los términos del acuerdo: 35% para el Pentágono y derechos de compra para el Estado

El Departamento de Estado no participa como accionista, pero tendrá el derecho de comprar el 20% de la producción a coste y un derecho preferente sobre el resto del crudo. El socio privado es North American Blue Energy Partners (NABEP), la segunda operadora petrolera de Venezuela por detrás de Chevron, que se compromete a invertir hasta 100.000 millones de dólares en nueva infraestructura petrolera.

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Los términos del acuerdo no son exactamente idénticos según la parte que los explique. La ficha técnica de la Casa Blanca habla de concesiones a 100 años; la presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez, sitúa el plazo en 25 años y apunta a una producción superior a los 1,5 millones de barriles diarios en la televisión estatal VTV. El paquete incluye 17 campos con unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas, en torno a una quinta parte del total venezolano.

El dueño de NABEP, Alejandro Betancourt, ha estado bajo investigación por presunto blanqueo de dinero en Estados Unidos, España y Suiza durante la última década. No fue imputado en el caso estadounidense, aunque sigue bajo investigación en Europa y ha negado sistemáticamente las acusaciones. Según The Washington Post, altos funcionarios de la administración Trump presionaron a fiscales suizos para cerrar el caso penal sin cargos y permitir que Betancourt operase como intermediario en Caracas.

Qué significa para Repsol y para el crudo venezolano

El movimiento reordena el tablero para los operadores europeos con intereses en Venezuela. Repsol, uno de los grupos energéticos españoles con exposición histórica al crudo venezolano, se enfrenta a un mapa de concesiones distinto, con un socio local reforzado y una posición estadounidense que le da a Washington capacidad de veto sobre la empresa.

No es solo un asunto del sector petrolero. Las reservas afectadas se encontraban en buena medida bajo control de compañías rusas y chinas antes de que Delcy Rodríguez otorgara los derechos a NABEP. La operación mueve influencia energética desde Moscú y Pekín hacia Washington, sin disparar un solo misil.

Washington no ha comprado petróleo con dinero: ha comprado influencia sobre el crudo a cambio de seguridad y arbitraje político.

Para España, la variable clave no es solo reputacional. La red de refino y los contratos internacionales de las empresas españolas en América Latina dependen de un entorno de precios y de acceso estable. Si el acuerdo consigue estabilizar el bombeo venezolano, la oferta global de crudo pesado podría recuperar margen; si queda atrapado en la disputa política de Washington, la volatilidad se trasladará a los mercados.

La Lógica de Washington

La Casa Blanca no lo lee como una operación comercial clásica, sino como una extensión de la doctrina de seguridad energética que Washington aplica desde la crisis del petróleo de 1973 y la creación de la Reserva Estratégica. Trump quiere reponer la Strategic Petroleum Reserve, que está por debajo de 300 millones de barriles por primera vez en más de cuatro décadas, y presentar a los conductores americanos una factura más baja en la gasolina.

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El acuerdo le da al Pentágono un asiento de accionista sin gasto directo, al Departamento de Estado un derecho de compra preferente y a Trump la narrativa de haber ampliado las reservas disponibles sin disparar el gasto público. Para los republicanos del Congreso, la pregunta es cuánto apoyo sostiene la operación: el senador demócrata Jack Reed, miembro del Comité de Servicios Armados, ya ha pedido explicaciones sobre la base legal y ha denunciado que el plan convierte al Ejército en un inversor petrolero con respaldo del contribuyente.

La próxima ventana será el viaje a Caracas del secretario de Energía, Chris Wright, que encabezará una delegación en los próximos días y podría anunciar acuerdos adicionales. Ahí se comprobará si la lógica de Washington se traduce en barriles, en contratos y en un plazo de entrada que todavía no tiene una fecha concreta.

Ficha del Caso

  • El caso: La Casa Blanca confirma que el Pentágono controlará el 35% de una nueva empresa petrolera venezolana, con el socio local NABEP y derechos de compra preferente para el Departamento de Estado.
  • Datos clave: 65.000 millones de barriles de reservas probadas, 17 campos, hasta 100.000 millones de dólares de inversión comprometida por NABEP y un 20% de la producción reservado a coste para Estados Unidos.
  • Para España: Repsol y otros operadores europeos deberán recalcular su posición en el crudo venezolano ante un reparto de concesiones que refuerza el control estadounidense sobre la futura producción.