El Ayuntamiento de Madrid no tocará la normativa del ruido para que el Santiago Bernabéu vuelva a acoger conciertos. José Luis Martínez-Almeida lo confirmó este martes y dejó la pelota en el tejado del Real Madrid y de los vecinos.
La presión vecinal no cesa y el alcalde responde con la misma idea: no tocará la ordenanza de protección acústica. Lo dijo en Onda Cero, en una entrevista en la que le preguntaron directamente por el regreso de los conciertos.
Por qué Almeida descarta tocar la normativa del ruido
El alcalde fue rotundo: ‘Nosotros no tenemos prevista ninguna acción para cambiar el marco normativo en este sentido’. Su mensaje despeja la vía legislativa, pero no cierra la puerta a los eventos musicales. Los condiciona a un acuerdo que garantice la calidad de vida de los residentes. No es un no definitivo a los conciertos, pero sí un no a saltarse la legalidad urbanística.
Almeida definió el estadio como un ‘grandísimo recinto’, con posibilidades que no tienen otros espacios de la capital. Sin embargo, dejó claro que su actividad debe ser compatible con ‘el descanso y el bienestar de los vecinos’. El regidor no quiere aparecer como el que flaquea ante las demandas vecinales del distrito de Chamartín.
La posición del Consistorio no es nueva ni improvisada. Desde que la reforma del coliseo blanco transformó el uso del recinto, la presión vecinal ha sido constante. Almeida prefiere no asumir el coste político de una reapertura unilateral. Por eso insiste en un pacto a tres bandas: club, residentes y Ayuntamiento. El regidor reconoce que el Real Madrid debe sentarse con los representantes vecinales y con el propio Consistorio para diseñar un protocolo de eventos.
Lo que el Ayuntamiento sí exige para que vuelvan los conciertos
La lista de exigencias municipales va más allá de los decibelios. Almeida enumeró problemas que el operativo tendrá que atender, sí o sí.
- Aparcamientos y accesos para residentes.
- Movilidad en las entradas y salidas del público.
- Seguridad y control de comportamientos incívicos.
- Limpieza posterior a cada evento.
El dispositivo deberá permitir que los residentes recuperen la normalidad ‘lo antes posible’. Esa exigencia no se negocia en este Ayuntamiento.
Sin pacto entre el Real Madrid y los vecinos no habrá calendario de conciertos. Y sin modificar la normativa, el Ayuntamiento no asumirá el coste político de una reapertura unilateral.
Almeida resumió su aspiración con una frase de manual: ‘Esperamos que pueda haber conciertos, pero nuestra aspiración es que, si vuelven y se celebran, sea siempre bajo la premisa de garantizar el descanso y el bienestar de los vecinos’. El regidor no se cansa de repetir la misma idea: primero el vecino, luego el espectáculo.
Sin fecha, no hay fiesta. La negociación no tiene calendario público y las posiciones no se han movido desde la suspensión de los macroeventos. Por ahora, el ruido no vuelve.
El precedente que explica el bloqueo: la batalla de los decibelios en el Bernabéu
El conflicto no es nuevo. La reforma del estadio multiplicó la ambición del club por convertirlo en un recinto polivalente, pero los vecinos del entorno percibieron un cambio radical en sus noches. Las denuncias por ruido nocturno y vibraciones escalaron hasta llevar la cuestión a los juzgados. Las mediciones acústicas realizadas en su día confirmaron superaciones puntuales de los niveles permitidos en horario nocturno, lo que obligó a suspender la actividad musical.
Desde esta redacción analizamos que el problema no está solo en en los decibelios: es la convivencia entre un equipamiento de escala metropolitana y un barrio residencial denso. Madrid no tiene casos comparables con esta intensidad, más allá del Wanda Metropolitano, cuyo calendario de eventos es limitado por la misma presión vecinal.
Cambiar la normativa de ruido para beneficiar a un solo operador privado sentaría un precedente difícil de defender ante otros barrios. El Ayuntamiento lo sabe, y por eso prefiere que las partes asuman el coste del acuerdo.
En Barcelona, el Ayuntamiento mantuvo restricciones similares con el Camp Nou tras las quejas vecinales. La solución pactada allí no llegó hasta que el club asumió mejoras estructurales en el ruido. En Madrid, el estadio ya dispone de cubierta retráctil, pero el problema es más de logística urbana que de aislamiento.
El siguiente paso queda en manos de las tres partes. Si no hay acuerdo, la normativa del ruido seguirá intacta y los conciertos, en pausa. El balón, como casi siempre en este club, está en el tejado del que deba mover ficha primero. Mientras tanto, los vecinos seguirán durmiendo con un ojo abierto y con el contador de decibelios en la mesilla.
