Palantir aterriza en Ucrania: el exministro Fedorov lanza su empresa de defensa con Alex Karp

El exministro, destituido en julio, se alía con el CEO de Palantir para crear una firma tecnológica-militar. La jugada refuerza el eje Kiev-Silicon Valley y podría movilizar inversiones multimillonarias.

El exministro ucraniano Mykhailo Fedorov lanza con Palantir una empresa de defensa: Alex Karp será su primer inversor.

Según recoge Defense News, el anuncio se produjo el martes, meses después de que Volodímir Zelenski destituyera en julio al que fue su ministro de Defensa y de que las calles de varias ciudades ucranianas exigieran su vuelta. Fedorov no regresa al Gobierno; se convierte en empresario con una agenda clara: exportar la experiencia de guerra hacia tecnologías que, en su formulación, ‘hagan del mundo un lugar más seguro’.

Karp entra como primer inversor en plena reconversión de Fedorov

Palantir no es un socio decorativo. Karp ha visto la valoración de su compañía superar los 440.000 millones de dólares, casi 28 veces su debut bursátil de 2020, y el último trimestre registró un crecimiento interanual de ingresos del 93%; la mitad de esa facturación procede de contratos con el Gobierno de Estados Unidos. Su respaldo puede significar, según la lectura que recoge la propia fuente, inversiones multimillonarias para la industria de defensa ucraniana.

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Nadie vio venir la velocidad de la maniobra.

La velocidad del movimiento, eso sí, importa tanto como el dinero. Karp contactó con Fedorov poco después de su cese, según confirmó el propio exministro este verano. Primero fue una propuesta abierta: ‘hacer algo juntos’. Ahora es una compañía sin nombre aún revelado y una agenda internacional que incluye asesorar al Ministerio de Defensa italiano.

Silicon Valley ya no observa la guerra desde el palco.

La defensa europea tiene un problema de talento que Kiev está resolviendo con Silicon Valley y con la urgencia de un país en guerra.

Fedorov no se esconde: ‘Ucrania será la prioridad para mí’, dejó escrito en el comunicado. La declaración suena a mensaje hacia Kyiv y hacia Occidente a la vez. La guerra le ha dado credenciales, pero la salida del Gobierno le ha dado margen para operar sin la rigidez institucional.

El recorrido de Karp en Ucrania es anterior a esta operación. Fue de los primeros ejecutivos tecnológicos occidentales en viajar a Kyiv tras la invasión rusa de 2022, y la tecnología de Palantir se ha desplegado en más de media docena de agencias gubernamentales ucranianas.

Delta y Maven: la batalla por el software del campo de combate

Fedorov Ucrania

El prestigio de Fedorov se forjó, en buena medida, alrededor de Delta, el sistema ucraniano de gestión del campo de batalla que fusiona imágenes de drones, radar y datos de campo en un cuadro de mando en tiempo real. El saliente secretario del Ejército estadounidense Dan Driscoll lo calificó en mayo como ‘absolutamente increíble’ ante el Senado, y no ahorró críticas a los sistemas del Pentágono, que describió como fragmentados, aislados e ineficaces frente a las amenazas modernas.

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El equivalente estadounidense es Maven Smart System, la plataforma de Palantir que utiliza el modelo de inteligencia artificial de Anthropic para integrar datos y análisis de inteligencia en una sola herramienta de planificación. La comparación explica la lógica de la alianza: Fedorov aporta la experiencia de combate real; Karp aporta la infraestructura y el capital para escalarla.

Palantir ya opera con el Gobierno ucraniano en el proyecto Brave1 Dataroom, un entorno lanzado a principios de este año que permite a empresas ucranianas entrenar modelos de IA con datos reales de combate, incluidos sistemas de detección de drones Shahed. Ahí está la materia prima: datos, lecciones, y doctrina en bruto.

Equilibrio de Poder

La entrada de Karp en el negocio de Fedorov no es un movimiento filantrópico: es la prolongación lógica de la tesis de Palantir sobre la defensa como mercado global. Washington ve con buenos ojos que el modelo de Maven se extienda entre socios fiables, y el Pentágono obtiene un canal indirecto hacia la experiencia de combate ucraniana sin desplegar tropas. Moscú, por su parte, leerá esta alianza como una confirmación más de lo que ya denomina guerra proxy: industria estadounidense absorbiendo el campo de batalla ucraniano como banco de pruebas.

Bruselas observa con una mezcla de interés y recelo. El Consejo Europeo acelera sus programas de defensa, pero la dependencia de Palantir y de otros gigantes estadounidenses plantea una pregunta incómoda: ¿quién controla los algoritmos que decidirán, cada vez más, qué amenaza se prioriza en un conflicto? La respuesta no es retórica. Tiene consecuencias para la autonomía estratégica europea.

Para España, el impacto directo es limitado a corto plazo pero relevante en términos de doctrina. La Armada y el Ejército del Aire observan desde hace años los programas de interoperabilidad con sistemas de mando y control de origen estadounidense. La normalización de empresas público-privadas como la que ahora nace entre Fedorov y Karp puede abrir espacio para que Madrid explore alianzas entre la industria nacional y proveedores de IA de defensa, sobre todo en el flanco sur: la vigilancia del Estrecho, el Sahel y la costa magrebí exige procesar enormes volúmenes de datos en tiempo real. El precedente histórico más claro es la transformación de la industria de defensa tras la primera Guerra del Golfo, cuando la superioridad digital se convirtió en doctrina; hoy la lección ucraniana es aún más extrema, porque se aprende bajo fuego.

El riesgo a cinco y diez años es doble. Por un lado, la concentración de inteligencia de combate en manos de una sola empresa comercial debilita a los estados que no pagan entrada. Por otro, la integración de modelos de IA en sistemas armados sin un marco regulatorio transatlántico puede acelerar la escalada en escenarios ambiguos. La próxima ventana crítica no es una cumbre, sino la respuesta legislativa de la UE al uso dual de estas plataformas.

En todo caso, el algoritmo no pide permiso.