Que un madrileño necesite permiso para entrar en su propia calle es habitual en el centro, pero no existe un único cierre: cada barrio aplica su propia Área de Prioridad Residencial, con perímetros, cámaras y excepciones distintas. Esta lista recorre las zonas que exigen ese pase y las ordena por su historia, superficie y presión turística. El criterio no es el número de multas, sino la singularidad de cada caso: desde el APR pionero que nació a instancias de los vecinos hasta los controles en el corazón monumental.
La selección reúne barrios muy distintos: algunos se blindaron por iniciativa vecinal; otros, por la presión del turismo o el ruido del ocio. Todos comparten el control por matrícula, pero cada uno aplica sus reglas. El APR madrileño se ha construido por capas: primero para rescatar el centro del tráfico, después para cumplir con los límites de calidad del aire. Recorrer cada perímetro explica cómo afecta el pase al residente, al comerciante y al visitante, y por qué entrar en tu propia calle puede ser un laberinto burocrático.
4Cortes: el entorno del Congreso y las Huertas bajo permiso
El entorno del Congreso de los Diputados y el barrio de las Huertas tienen el dudoso honor de haber estrenado en Madrid la idea de que un vecino necesita autorización para meter el coche en su propia calle. La primera Área de Prioridad Residencial del Barrio de las Letras se activó en septiembre de 2004, impulsada por el entonces alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, y al año siguiente se amplió al resto del barrio de Cortes: unas 59 hectáreas y 11.000 empadronados entre Sol, Gran Vía, el paseo del Prado y la calle de Atocha. Mucho antes de que existiera Madrid Central, que no llegó hasta 2018, circular por calles como Huertas, León o la propia plaza de las Cortes exigía tener la matrícula registrada en la base de datos municipal; sin ese alta, los controles provistos de cámaras de lectura de placas y semáforos en rojo se traducían en sanción. Aquel ensayo pionero, compartido con Letras y Embajadores, convirtió este rincón en el laboratorio español de las zonas de acceso restringido.
La singularidad se mantiene intacta: desde 2021 el área está integrada en la Zona de Bajas Emisiones de Especial Protección Distrito Centro (Madrid 360) y, desde el 1 de enero de 2025, ni siquiera estar empadronado en el barrio exime del permiso si el coche carece de la etiqueta ambiental de la DGT; solo se libran los históricos y los vehículos adaptados para personas con movilidad reducida. Quien vive junto a la Carrera de San Jerónimo debe darse de alta en el Sistema de Gestión de Accesos (SGDC) y registrar su matrícula, e incluso las invitaciones puntuales a visitas se tramitan por sede electrónica. Si no consta en ese sistema, las más de un centenar de cámaras que vigilan el perímetro, con puntos de control como la plaza de las Cortes o la calle de Zorrilla, generan una denuncia de 200 euros, reducible a 100 por pronto pago, cuantía que subió desde los 90 tras la Ley 18/2021. Dos décadas después de aquel primer cierre, el pase para entrar en casa sigue siendo, literalmente, una matrícula bien dada de alta.

