BCE acelera el euro digital en España: su llegada está prevista para 2029

El BCE prepara la infraestructura y España licita por 70,2 millones la plataforma tecnológica. El piloto llegará en 2027, pero la moneda no será de curso legal hasta cerrar la negociación legislativa.

El BCE acelera el euro digital en España y maneja 2029 como horizonte técnico para una posible emisión.

Por qué el BCE quiere un euro digital si Bizum ya funciona

Pagar un café con el móvil se ha convertido en un gesto cotidiano. También enviar dinero a un amigo con Bizum o hacer una compra por internet con tarjeta. Dentro de unos años podría existir una cuarta opción: hacerlo con euros digitales. La experiencia sería prácticamente la misma para el usuario, pero detrás de ese gesto habría un cambio importante: el dinero ya no procedería de un banco comercial, sino directamente del Banco Central Europeo.

La paradoja es que apenas cambiará la forma de pagar, pero sí cambiará el dinero con el que se paga. Si hoy un cliente compra un café con Bizum o tarjeta, utiliza el dinero depositado en su cuenta bancaria. Con el euro digital seguirá sacando el móvil del bolsillo, pero el pago se realizará con una versión electrónica del efectivo emitida por el BCE.

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‘En ningún momento se pretende sustituir al efectivo’, explica Amaia Jaureguizar, directora del proyecto del euro digital en Inetum, compañía que colabora con el Banco de España en la definición y el desarrollo de la plataforma tecnológica.

El funcionamiento recuerda al de sacar dinero de un cajero. Si hoy una persona retira 20 euros y los guarda en la cartera, con el euro digital podría destinar esa misma cantidad a un monedero digital para utilizarla posteriormente. Los bancos y otros proveedores de servicios de pago serían la puerta de acceso habitual, aunque también se estudian fórmulas para quienes no dispongan de una cuenta bancaria.

España prepara ya la infraestructura. El Banco de España evalúa las candidaturas a una licitación de hasta 70,2 millones de euros publicada en julio y cuyo plazo de presentación cerró el pasado 10 de agosto. El contrato contempla tres años de servicios tecnológicos para desarrollar, implantar y mantener iniciativas vinculadas al euro digital y otras monedas digitales de banco central.

El euro digital no cambiará la forma de pagar, pero sí cambiará el dinero con el que se paga.

Uno de los retos tecnológicos será conseguir que funcione también cuando falle la conexión. El proyecto prevé una modalidad offline en la que el saldo esté previamente almacenado en el dispositivo y pueda gastarse sin consultar en ese momento la cuenta bancaria. ‘La idea es que precisamente en momentos como el apagón podamos efectuar este pago digital’, apunta Jaureguizar, en referencia al corte eléctrico de 2025. También se estudia una tarjeta física para facilitar su uso a personas mayores o menos familiarizadas con los teléfonos inteligentes.

La beta dejará de ser teórica en 2027. El Banco de España participará junto al BCE y otros 18 bancos centrales nacionales del Eurosistema en un piloto de doce meses a partir del segundo semestre de ese año.

Un piloto en 2027 y una beta que aún no será moneda de curso legal

El BCE ya ha seleccionado a 36 proveedores de servicios de pago. Entre ellos hay dos participantes españoles: una alianza integrada por Abanca, Ibercaja, Unicaja, Cecabank, Bizum y Deloitte, y Uinku, que opera bajo la marca comercial Sipay.

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Las pruebas incluirán pagos entre particulares, con y sin conexión, compras por internet y operaciones en establecimientos cotidianos como cafeterías y restaurantes. En España serán trabajadores del Banco de España quienes utilicen inicialmente esta primera versión. La beta será funcional y técnicamente similar al futuro euro digital, aunque todavía no tendrá consideración de moneda de curso legal.

El desarrollo tecnológico avanza en paralelo a las negociaciones legislativas. Inetum trabaja con el Banco de España en la definición y el desarrollo de la plataforma y en determinar cómo se operará y utilizará el euro digital. Jaureguizar considera que el proyecto está ‘bastante encaminado’, aunque todavía quedan cuestiones por cerrar. Si se completa el marco legislativo europeo, el BCE pretende estar preparado para una posible emisión en 2029.

El Eje del Poder Europeo

El euro digital no responde únicamente al avance de los pagos móviles. Su origen se remonta al debate provocado en 2019 por Libra, la moneda digital con la que Facebook aspiraba a crear un sistema global de pagos. La iniciativa no prosperó, pero encendió las alarmas entre los bancos centrales. A esa preocupación se suma ahora la búsqueda de una mayor autonomía europea frente a redes y plataformas extranjeras como Visa, Mastercard, Apple Pay o Google Pay.

La arquitectura del proyecto dibuja una tensión de fondo: el BCE impulsa una moneda pública, los bancos centrales nacionales construyen la infraestructura y los legisladores europeos deben fijar los límites de tenencia y el grado de privacidad. Parte de la banca teme que, especialmente en momentos de inestabilidad, los ciudadanos trasladen depósitos hacia el euro digital. La privacidad es otro de los frentes abiertos. El objetivo, según Inetum, es ofrecer un elevado grado de privacidad, sobre todo en pagos sin conexión, sin impedir los controles contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.

Para España, el proyecto llega en un momento útil. El Banco de España ha conseguido que el piloto del Eurosistema sirva también de laboratorio para la banca mediana española: Abanca, Ibercaja, Unicaja, Cecabank, Bizum y Deloitte participan en la alianza seleccionada. Si el euro digital se emite en 2029, las entidades españolas habrán aprendido antes cómo integrar monederos, pagos offline y tarjetas físicas en su operativa.

La moneda pública no nace contra el efectivo. El 92% de las empresas de la zona euro que cobra presencialmente sigue aceptando billetes y monedas, frente al 88% que admite tarjetas. Al mismo tiempo, la aceptación de pagos móviles ha pasado del 36% en 2024 al 68% en 2025, según datos del BCE. El euro digital se sitúa exactamente entre esas dos tendencias.

Antes de que llegue a los ciudadanos, el proyecto debe superar el debate político y regulatorio. La consulta pública sobre los nuevos billetes de euro cierra el 21 de septiembre de 2026, y la selección del diseño ganador se prevé para finales de año. El reto no será enseñar a los europeos a pagar con el móvil, sino explicar por qué Europa considera necesario tener una versión digital del efectivo cuando Bizum y las tarjetas funcionan con normalidad.