La crisis de Ceuta cohesiona a PP y Vox y divide al bloque de investidura

El pleno monográfico sobre Ceuta evidencia las fisuras del bloque de investidura y refuerza la alianza de las derechas. El control migratorio y la relación con Marruecos se imponen como ejes del nuevo curso político.

La crisis de Ceuta cohesiona al PP y a Vox y divide al bloque de investidura que sostiene a Pedro Sánchez.

El pleno monográfico del Congreso de los Diputados sobre la gestión migratoria convirtió el control de la frontera sur en el eje del nuevo curso político. La intervención de la portavoz del PNV, Maribel Vaquero, resumió la soledad del presidente con una metáfora: ‘Usted no puede ir por el mundo como si fuera el último samurái porque puede que nadie lo siga detrás’. La imagen caló en los pasillos parlamentarios mientras 22 ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea ya habían criticado el rumbo del Gobierno y los socios de investidura exhibían sus diferencias. Se trataba de un pleno con una carga simbólica inusual: el control migratorio se debatió sin que el Ejecutivo pudiera presentar una posición unificada.

La posición de Vox: orden fronterizo y soberanía

Vox ha sostenido durante meses que la política migratoria del Ejecutivo acabaría desbordando Ceuta. Para la formación, la llegada masiva de finales de julio no fue un accidente, sino la consecuencia previsible de un modelo de fronteras que ha priorizado los equilibrios diplomáticos sobre la seguridad nacional. Su propuesta insiste en la protección de la soberanía, la devolución inmediata de las entradas irregulares y la exigencia de que Marruecos asuma su responsabilidad en el control de los flujos.

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El partido vincula esta crisis con su tesis de fondo: la política de gestos del Gobierno hacia Rabat ha rebajado la capacidad de reacción del Estado. Según ha defendido la dirección de Vox, el desorden migratorio no es un problema humanitario aislado, sino un riesgo de seguridad que afecta a barrios, servicios públicos y cohesión territorial. Por eso el pleno monográfico ha dado a la formación la oportunidad de presentar su discurso sobre inmigración como la respuesta estructural que el Ejecutivo no ofrece. La crisis toca, además, un punto especialmente sensible: la soberanía de un territorio situado en la frontera con un aliado geopolítico de Estados Unidos.

Impacto: divisiones en la izquierda y blindaje de las derechas

Las grietas del bloque de investidura se ensancharon antes y durante el pleno. En Sumar, el debate entre el ala ligada a Izquierda Unida, partidaria de señalar con dureza a Estados Unidos y Marruecos, y el sector más centrado en el sur global terminó en reparto de tiempos entre dos voces distintas. Podemos añadió ruido propio: su portavoz concluyó con un ‘váyanse al carajo’ dirigido a PP y Vox que varios diputados de la izquierda lamentaron en privado, según la crónica de El Salto. Un sector de Podemos creía, además, que su portavoz debería haber subrayado la necesidad de un orden en la frontera.

Esa división contrasta con la cohesión de las derechas. La crisis de Ceuta ha difuminado contradicciones internas y ha blindado al Partido Popular y a Vox en un mismo discurso de defensa de la frontera. El escándalo del ático de Chamberí, que en otro contexto habría monopolizado la agenda, ha quedado en segundo plano, igual que el pulso entre Alberto Núñez Feijóo y el entorno de Isabel Díaz Ayuso. Incluso la fractura del PP en la Conferencia Sectorial de Infancia, donde los gobiernos autonómicos que comparten ejecutivo con Vox votaron distinto, apenas tuvo recorrido público. El desorden migratorio favorece el encuadre conservador.

Cada crisis migratoria refuerza el marco de Vox y debilita la cohesión de un bloque de investidura que no define una respuesta compartida.

La percepción de que Sánchez sale debilitado de esta crisis tiene consecuencias directas en la izquierda. La crónica de El Salto recoge que un encuestador consultado en círculos privados cree que el destino del presidente ya está escrito. Si esa sensación se instala entre los aliados, serán menores los incentivos para construir un frente amplio. Algunos dirigentes de la izquierda confederal auguran no más de una docena de diputados en 2027, lejos de los 32 escaños obtenidos en 2023. La atomización de la mayoría social es el escenario que mejor encaja con el argumentario de Vox.

Lectura estratégica: Vox y el pulso por la derecha

Desde 2019, la inmigración ha sido el argumento central de Vox para presionar al PP por la derecha. La novedad es que la crisis de Ceuta ofrece a la formación un escenario de polarización sin costes internos: mientras la izquierda discute su relato, Vox no necesita medir las palabras. Las elecciones generales previstas para 2027 convierten cada episodio fronterizo en munición electoral. La crónica de El Salto advierte de que el temor del Gobierno es que algo similar ocurra en el verano próximo, en la antesala electoral. Un diputado consultado por El Salto admitía que un nuevo desorden beneficia especialmente a Vox. Cada vez que la frontera sur marca la agenda, el PP se ve obligado a hablar el idioma de Vox, y ese es exactamente el terreno que la formación domina.

Queda por ver si el PP logra capitalizar ese viento sin ceder banderas a su derecha. La relación estratégica entre ambos partidos atraviesa un momento peculiar: la crisis los aproxima en el discurso, pero el PP evita asumir la totalidad del programa migratorio de Vox. Esa tensión puede convertirse en el eje de la precampaña. La formación que dirige Santiago Abascal ha encontrado en la gestión de Ceuta una palanca para reivindicarse como oposición firme, mientras el bloque de investidura se fragmenta y Sánchez afronta el curso más solitario. El próximo 23 de septiembre, las elecciones parlamentarias en Marruecos pueden añadir otro elemento de presión, aunque los focos seguirán puestos en la frontera sur.

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