El senador republicano John Kennedy ha llamado ‘estúpidos’ a los ejecutivos de la inteligencia artificial por su gestión del relato público. No es una anécdota menor: anticipa un Congreso menos receptivo a los intereses de la industria.
La frase, pronunciada en el programa Meet the Press de la cadena NBC, tiene más calado del que sugiere su tono. La gente que ha desarrollado la IA es muy, muy inteligente. Pero tienen un coeficiente intelectual altísimo y son estúpidos’, dijo Kennedy a la periodista Kristen Welker. El senador de Luisiana añadió: ‘Puede que les dejes darte clases particulares, pero no querrías que salieran con tu hermana. Son pésimos comunicadores’.
El diagnóstico de Kennedy: mal marketing, no mala tecnología
La crítica del senador apunta a figuras como Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y Dario Amodei, fundador de Anthropic. Kennedy parodió el discurso inicial de la industria: ‘Empezaron diciendo que tenemos una tecnología maravillosa y que le va a costar el empleo a todo el mundo, que cuesta mucho dinero en electricidad, que tus facturas pueden subir y que consume mucha agua, pero confía en nosotros, te encantará.
La receta del senador Kennedy para que la IA recupere su impulso es una lista de cinco exigencias pragmáticas. Primero, abandonar los sistemas abiertos de refrigeración y adoptar circuitos cerrados de agua. Segundo, generar su propia energía. Tercero, diseñar edificios ‘ligeramente estéticos’: los actuales, dijo, parecen ‘un brazo roto con el hueso asomando’. Cuarto, dejar de exigir exenciones fiscales millonarias a los estados. Y quinto, hablar claro a los ciudadanos sobre qué significa la IA.
Trump respalda los centros de datos; los estados se blindan
El mensaje de Kennedy choca con la posición del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha sido un apoyo firme de la construcción masiva de centros de datos. Esta misma semana, Trump afirmó que las comunidades que no respalden estos proyectos ‘quieren acabar siendo atrasadas y pobres’. La administración ha ligado el liderazgo global en IA a la expansión acelerada de la infraestructura física en todo el país.
La tensión ya ha desbordado el debate discursivo. El pasado mes de agosto, los gobernadores Josh Shapiro (Pensilvania, demócrata) y Greg Abbott (Texas, republicano) firmaron moratorias a la construcción de centros de datos en sus estados. Las encuestas muestran una desconfianza profunda hacia una industria que depende de infraestructuras físicas intensivas en recursos naturales.
La industria de la IA no pierde apoyos en Washington por su tecnología, sino por su incapacidad para explicarla a un país que teme por su empleo.
Kennedy todavía cree que ‘la IA puede mejorar nuestras vidas’, siempre que no destruya empleo ni genere efectos existenciales. Ese es el equilibrio que la industria ha demostrado no saber comunicar. Incluso Sam Altman ha admitido que los ejecutivos de la IA ‘no han hecho un buen trabajo’ explicando los beneficios de la tecnología al público.
La Lógica de Washington
La lectura estratégica que hacemos desde Washington es clara: el Partido Republicano ha pasado de abrazar acríticamente a Silicon Valley a exigirle responsabilidad política. El caso de Kennedy no es aislado. Refleja la evolución del conservadurismo americano, que ha dejado de considerar a las grandes tecnológicas como aliadas naturales para exigirles condiciones concretas a cambio de cobertura regulatoria.
El precedente histórico más directo es la relación de Ronald Reagan con la industria del acero americano en 1984: no se trataba de rechazar la industria, sino de ponerla al servicio del interés nacional. La diferencia es que el acero no tenía un problema de relato. La IA sí lo tiene. Es la clásica dinámica de Washington: el acceso al mercado se paga con alineación política.
Para España, el debate tiene una lectura práctica. Las empresas tecnológicas españolas que operan en el mercado americano o que dependen de la demanda de centros de datos ya empiezan a notar el endurecimiento del discurso político. Las exigencias de Kennedy —energía propia, circuitos cerrados de agua, menor dependencia de subsidios— son el guion probable de la futura regulación europea. Bruselas observa de cerca el giro del Congreso.
La próxima ventana clave llegará cuando el Congreso abra formalmente los debates sobre las propuestas de regulación de IA que varios comités están preparando para el último trimestre del año. Kennedy no preside ningún comité, pero su capacidad para marcar tribuna política es real. La industria lo sabe. Y por primera vez en años, el problema no es tecnológico: es de comunicación.
Ficha del Caso
- El caso: Un senador republicano arremete contra los ejecutivos de la IA por su pésima comunicación y anticipa un clima político menos hospitalario para la industria tecnológica.
- Datos clave: Kennedy enumera cinco exigencias para que la IA recupere su impulso; los gobernadores Shapiro y Abbott firmaron moratorias a centros de datos en agosto; las encuestas muestran desconfianza pública.
- Para España: El endurecimiento del discurso político en EE. UU. es un adelanto de las condiciones que la regulación europea puede imponer a la industria tecnológica y a sus proveedores.

