El pulso por la financiación sube otro peldaño. Junts responde a la consejera de Economía, Alícia Romero, y redobla la apuesta por el concierto económico para Cataluña: asegura que es posible si los diputados del PSC en Madrid lo defienden. La réplica llega después de que Romero lo descartara este domingo, en una entrevista a Ara, por falta de apoyos.
El vicepresidente de Junts, Antoni Castellà, cargó contra la titular de Economía con un mensaje que define el nuevo choque entre los socios de legislatura. Según la información publicada por Ara este lunes, Castellà sostuvo en su cuenta de X que ‘el concierto económico es posible si los diputados del PSC en Madrid lo defienden, pero están más preocupados por no incomodar al PSOE que por garantizar una financiación justa para Cataluña’.
La respuesta no es espontánea. La consejera Romero había declarado este domingo que Junts sabe que no habrá concierto económico para Cataluña y pidió realismo a los posconvergentes. Hemos de intentar ser un poco realistas y pragmáticos y avanzar hacia un modelo de financiación que sí podríamos tener’, reclamó, para instar a Junts a sumarse al nuevo sistema pactado entre ERC y el Gobierno español.
Por qué Junts acusa al PSC de priorizar al PSOE
El argumentario de Junts se apoya en una lectura muy directa de la correlación de fuerzas en Madrid. Si el PSC tiene grupo propio en el Congreso y ha resultado decisivo para sostener al Ejecutivo, puede condicionar la negociación. ‘La prioridad de la consejera de Economía debería ser Cataluña. Siempre por delante del PSOE. Y eso es lo que defenderá Junts’, remató Castellà también en X.
El reproche conecta con una de las críticas clásicas al PSC de Salvador Illa: la imposibilidad de separar su agenda catalana de la disciplina del grupo socialista en el Congreso. Junts, en cambio, quiere explotar ese flanco en plena negociación presupuestaria de la Generalitat, cuando el Govern necesita apoyos para aprobar las cuentas.
La financiación singular, el eje que tensiona la legislatura

El concierto económico no es una reivindicación menor en la agenda catalana. Implica que Cataluña recaudaría todos los tributos y transferiría al Estado una cantidad pactada, al estilo del cupo vasco. La consejera de Economía lo enmarca como una aspiración sin apoyos suficientes; Junts lo presenta como una decisión política, no técnica.
El concierto económico no se discute como una cuestión técnica, sino como el test que mide cuánto puede condicionar el PSC al PSOE desde Madrid.
En los últimos meses, Junts per Catalunya ha convertido el concierto económico en una de sus líneas de máximos, frente al modelo de financiación singular que defiende ERC y que el Govern de Salvador Illa asume como marco realista. Las diferencias no son solo de número: son de soberanía fiscal y de modelo de relación con el Estado.
Lo que revela este choque sobre la aritmética de Illa
La disputa no es un simple cruce de mensajes en redes. El presidente de la Generalitat necesita a a Junts y a ERC en el Parlament para sacar adelante el presupuesto y las leyes más sensibles. La financiación singular ha servido de pegamento entre el PSC y ERC, pero deja fuera a Junts, que presiona desde la trinchera ideológica del concierto.
El precedente no favorece un acuerdo rápido. El sistema de financiación autonómico caducó en 2014 y las comunidades han ido prorrogando modelos insuficientes. Cataluña arrastra un déficit fiscal que Junts sitúa como prueba de la urgencia; el Govern, en cambio, remite al diálogo con Moncloa y pide tiempo. La tensión se traslada ahora al Congreso: si el PSC no mueve ficha, el relato de Junts gana fuerza.
La posición de Junts tampoco está exenta de riesgo. Exigir el concierto económico como condición puede alejar un acuerdo presupuestario y devolver la imagen de bloqueo, pero al mismo tiempo refuerza su perfil frente a un electorado independentista que exige la máxima soberanía fiscal. El PSC, por su parte, debe elegir entre enfriar el conflicto o tolerar que ERC acapare el mérito de la financiación singular.
El cruce entre Romero y Castellà anticipa los próximos meses. El Govern debe presentar las cuentas y despejar el calendario de una legislatura sostenida con mayorías variables. Lo que está sobre la mesa no es solo qué modelo de financiación acaba imponiéndose; es quién aparece como garantía de los intereses catalanes ante Madrid. Y por ahora, Junts ha logrado situar ese debate en su terreno.
La prueba de fuego llegará este otoño, con el proyecto de presupuestos para 2027. Si el PSC opta por el pragmatismo de Romero, Junts seguirá acusándole de renunciar al concierto económico. Si finalmente algún gesto se mueve en Madrid, el tablero catalán cambiará. Hasta entonces, la consejería de Economía es el ring donde se libra esta pelea.

