El Concello de Touro confirma que la contaminación de la mina persiste en sus cuencas muy por encima de los valores permitidos.
El estudio municipal no es una novedad para los vecinos: llevan años denunciando el hedor de una planta de gestión de lodos situada a apenas 500 metros de las viviendas más próximas. El municipio coruñés está marcado por movilizaciones contra actividades empresariales en la antigua mina de cobre.
La instalación pertenece a Tratamientos Ecológicos del Noroeste S.L. (TEN) y recibe lodos de depuradoras urbanas, agrícolas y ganaderas, además de cenizas y residuos de minería y construcción. La empresa sostiene que todos esos desechos están catalogados como no peligrosos y que no incumple la autorización ambiental integrada concedida por la Xunta de Galicia (el gobierno autonómico gallego) y publicada en el Diario Oficial de Galicia.
La contaminación persiste en las cuencas, según el estudio del Concello
El estudio municipal no solo confirma la persistencia de la contaminación, sino que sirve de respaldo documental a unas denuncias que llevan años sobre la mesa. El alcalde, Jesús Reboredo (PP), admite que existe «una problemática importante» y sitúa la solución en el traslado de la actividad hacia terrenos más alejados de los núcleos de población. No pide el cierre, pero sí que la planta deje de operar en el emplazamiento actual.
El concejal de Medio Ambiente, Darío Rey, va más allá: considera que que lo que hace la empresa «es un sistema para deshacerse de residuos, en ningún caso para restaurar nada». Los vecinos de Tribas, A Goleta, Os Bravos, Arinteiro, O Castelo, Loureda, Cebreiro, Angumil, Fonte Díaz y Cruz de Méndez denuncian olores nauseabundos desde hace años, sobre todo entre finales de mayo y octubre.
La mina dejó de explotarse hace cuarenta años, pero el territorio sigue pagando las consecuencias a diario.
La antigua mina de cobre dejó de explotarse hace cuarenta años y quedó sin restaurar. La planta de TEN se levanta precisamente sobre ese espacio degradado y produce fertilizantes y tecnosuelos, materiales que la empresa propone para recuperar suelos dañados y para obras públicas.
El plan para reactivar la mina ha reavivado las protestas. Cobre San Rafael, participada por Explotaciones Gallegas y Atalaya Mining, presentó hace casi diez años un proyecto que fue descartado por la Xunta en 2021. La empresa lo reformuló y en 2024 el Gobierno autonómico lo declaró proyecto industrial estratégico; desde entonces sigue pendiente de la evaluación de impacto ambiental.
Sobre la restauración con tecnosuelos, tanto la Plataforma Mina Touro – O Pino Non como Ecoloxistas en Acción advierten de que el proyecto de Cobre San Rafael podría extender el modelo de gestión de residuos que ya cuestionan en la planta de TEN. El concejal de Medio Ambiente comparte ese temor y critica que la nueva mina quiere «perpetuar este sistema para desechar los residuos de toda Galicia en Touro».
Vecinos, Xunta y empresa: la pugna por la calidad del aire y la restauración
Las quejas vecinales van más allá del olor. Citan una resolución autonómica de julio de 2018 que limita la aplicación de tecnosuelos cuando se generen olores desagradables y en épocas de saturación hídrica. Denuncian que se han superado los tres metros de altura en menos de medio año y que ha habido escorrentías hasta el dominio público hidráulico.
La empresa responde que los residuos orgánicos generan olor, pero asegura que implantó un sistema de gestión de olores hace diez años, con una «drástica reducción» de episodios. Afirma además que dos entidades independientes acreditadas realizaron 47 mediciones en el entorno y que todos los parámetros están dentro de la normalidad.
El vecino Jesús Penido cuestiona esa versión. Asegura que sale a pasear con su perro por la zona y se topa con el olor «cuando no es en un sitio, es en otro». Este año describió el verano como «terrorífico» y explicó que, en las olas de calor, tuvo que renunciar a abrir las ventanas al anochecer.
El Laboratorio Gallego
El caso de Touro encierra una lectura que va más allá del municipio. La gestión de residuos y la restauración de suelos mineros se están convirtiendo en un campo de pruebas de la política ambiental gallega, con la Xunta de Galicia como autoridad que concede autorizaciones y, a la vez, impulsa proyectos estratégicos. El PPdeG gobierna la comunidad con mayoría absoluta desde 2009, el BNG ejerce como principal fuerza de oposición y el PSdeG mantiene una posición minoritaria, pero las movilizaciones en Touro han atravesado esos bloques.
En clave nacional, el choque refleja un debate recurrente: cómo conciliar la reindustrialización y la economía circular con la protección de la salud y del territorio. La declaración de impacto ambiental pendiente para Cobre San Rafael y la autorización de la estación de calidad del aire que reclama la Consellería de Medio Ambiente serán los próximos termómetros. Si la Xunta opta por mantener el proyecto con condiciones, podría exportar un modelo de restauración que los vecinos ya consideran fallido.
Ficha del Caso
- El caso: La antigua mina de cobre de Touro acoge una planta de gestión de residuos y un proyecto para reactivar la explotación que mantiene enfrentados a vecinos, Ayuntamiento, empresa y Xunta de Galicia.
- Datos importantes: El estudio del Concello confirma contaminación persistente en las cuencas; vecinos de diez núcleos denuncian olores; la Xunta declaró estratégico el proyecto en 2024 y la declaración ambiental sigue pendiente.
- Resumen: La disputa por los lodos y los tecnosuelos agrava la desconfianza ciudadana en un municipio que lleva décadas conviviendo con los efectos de la minería.

