El cultivo del pistacho en Andalucía gana terreno a la sequía. En Granada y Jaén, la superficie plantada supera ya las 7.700 hectáreas, quince veces más que en 2012.
El centro de gravedad nacional sigue estando en Castilla-La Mancha, que concentra el 80% de las hectáreas de pistacho de España, un país con unas 87.000 hectáreas en total. Sin embargo, Andalucía ha pasado de un cultivo prácticamente inexistente en 2010 a 495 hectáreas en 2012 y, desde entonces, el crecimiento de la superficie andaluza ha sido espectacular. El cambio de tendencia queda reflejado en los registros del IECA.
De 495 hectáreas a un cultivo consolidado en el interior andaluz
Juan Vilar, consultor y autor de Presente y futuro del cultivo del pistacho y de su procesado, considera factible que la comunidad alcance las 30.000 hectáreas en menos de una década y que España llegue a las 150.000. A su juicio, el pistacho se adapta bien al entorno andaluz gracias a los veranos largos, calurosos y secos y a los inviernos fríos, necesarios para una correcta floración.
Las zonas más adecuadas se localizan en el interior de Granada, Jaén, Córdoba y Sevilla, sobre todo en emplazamientos marginales para el almendro o el olivar. De las 2.500 toneladas en verde de la última campaña, 1.750 correspondieron a Granada y 750 a Jaén. Las Navas de San Juan alberga la única planta de procesado en funcionamiento, la de Appistaco.
La expansión no se entiende sin el mercado. El producto cuenta con una demanda mundial elevada y un incremento del consumo potencial anual del 10%, según Vilar. Además, el conflicto en Irán —que posee el 29% de las hectáreas mundiales, sobre un total de 1,16 millones— ha disparado los precios en esta campaña y ha beneficiado claramente al agricultor.
El pistacho andaluz convierte tierras marginales de Granada, Jaén, Córdoba y Sevilla en explotaciones con rentabilidades netas de hasta 8.500 euros por hectárea.
Rentabilidad, costes y calendario de inversión
La rentabilidad es la clave de la decisión de plantar. A favor juegan las buenas perspectivas de consumo; en contra, un proceso de elaboración sofisticado y complejo con costes de pelado y secado de entre 0,5 y un euro por kilo y de procesado en seco de entre 1,5 y 2,5 euros por kilo. Aun así, las rentabilidades netas pueden oscilar entre 3.000 y 8.500 euros por hectárea, en función de la cotización, la producción y el modo de cultivo.
No es lo mismo el intensivo de regadío que el secano tradicional. En España, el 43% de la superficie es de secano tradicional y el 32% de regadío tradicional, mientras que las plantaciones intensivas, tanto de secano como de regadío, ya suman el 21% del total y se espera que sigan ganando peso.
El agricultor que apueste por el pistacho debe esperar hasta cuatro años para que la planta dé fruto, aunque variedades como la sirora permiten acortar el plazo a tres. La inversión no es barata: con tierra propia, entre 8.000 euros por hectárea en secano y 12.000 en regadío; sin ella, la factura se dispara hasta los 50.000 euros por hectárea en regadío. Todavía la mitad de las plantaciones andaluzas no ha entrado en producción, lo que refleja la juventud del parque.
En la comunidad ya operan actores con voz en el mercado, como Pistachos de Granada, Swiss Agro, Appistaco, la división de pistachos de Dcoop, Pistachos Nazaríes o Pistachos del Guadiana.
La Lectura Andaluza
El auge del pistacho encaja en una agricultura andaluza que busca alternativas de secano rentables ante la presión climática. Frente a cultivos tradicionales con márgenes más ajustados, este fruto seco ofrece una salida productiva en comarcas del interior donde el agua no abunda. La diversificación hacia el pistacho no es una moda pasajera, sino una apuesta respaldada por cifras de crecimiento que se sostienen año tras año.
Para el lector andaluz, el impacto es directo. La implantación del cultivo genera empleo rural, fija población en municipios del interior y amplía la base de la industria agroalimentaria. Aunque la inversión inicial puede superar los 45.000 euros por hectárea cuando hay que comprar la tierra, los retornos netos previstos permiten entender por qué cada vez más agricultores de Granada y Jaén se interesan por este cultivo. Andalucía produce actualmente unas 2.500 toneladas en verde, una cifra todavía pequeña en el contexto mundial pero con recorrido.
La proyección pasa por ampliar la superficie, sumar plantas de procesado y aprovechar la posición exportadora del sector agroalimentario andaluz. Si se cumplen las previsiones de alcanzar 30.000 hectáreas en la próxima década, el pistacho dejará de ser un cultivo emergente para convertirse en una pieza estable del mapa agrícola de la comunidad.

