5Opción 3: la vía privada, con seguro o pagando la consulta suelta
Contratar un seguro de salud permite acceder a consultas de medicina general y de especialista prácticamente desde el primer día, sin las demoras de la pública, donde la primera cita con el especialista ronda los 102 días de media y hay más de cuatro millones de personas en lista. El precio de entrada se ha moderado: según Rastreator, una póliza básica sin copago se sitúa en unos 46 euros al mes y una completa en 74, mientras que comparadores como Selectra colocan primas con copago desde 26-29 euros mensuales. Un informe de la cátedra de la Universidad Complutense para ASPE sitúa las pólizas españolas entre las más baratas de Europa, con primas de 69 a 198 euros al mes según la edad del asegurado.
El problema es el calendario oculto. Las consultas suelen estar cubiertas desde el primer día, pero las pruebas de alta tecnología, como una resonancia o un TAC, arrastran carencias de unos seis meses, y la hospitalización y la cirugía programada, de ocho. A esto se suma el cuestionario de salud previo, que permite excluir enfermedades preexistentes. Es decir, la vía del seguro resuelve bien un problema nuevo y sin diagnosticar, pero no el que ya está pendiente de una prueba concreta o de una operación: para eso obliga a esperar igual o más que la sanidad pública.
Pagar la consulta suelta evita cuotas y trámites, aunque sale caro según lo que venga después. En consulta presencial, una visita de medicina general cuesta entre 30 y 60 euros y una de especialista entre 80 y 150, con ejemplos como los 60 euros de primera consulta de medicina familiar o los 70 de cardiología en centros como HM IMI Toledo. La vía más barata es la telemedicina: videoconsulta de medicina general por 15-30 euros y con especialista por 30-80, con chat desde 5-15 euros.
El descontrol llega con las pruebas. Una analítica se factura entre 30 y 60 euros, una radiografía entre 25 y 80, una ecografía entre 100 y 180, un TAC entre 200 y 400 y una resonancia entre 280 y 500. Una sola visita a urgencias privadas puede acabar en una factura de 300 a 800 euros con pruebas y tratamiento incluidos. Por eso el pago por acto tiene sentido para dudas puntuales, recetas, segundas opiniones o un primer diagnóstico rápido; si el proceso acaba en quirófano o en ingreso, el seguro compensa.

