8Has mudado tu vida hacia abajo: compartir piso, volver con tus padres o irte a la periferia
El síntoma más revelador de que el sueldo ya no da para vivir donde trabajas es que la casa que habitas no la has elegido tú. Según el Observatorio de la Emancipación del Consejo de la Juventud de España, solo el 15,2% de los jóvenes de 16 a 29 años vivía fuera del hogar familiar en el segundo semestre de 2024, el peor dato para ese periodo desde que existen registros, con 102.203 personas jóvenes menos emancipadas que un año antes. Y no es un problema de empleo: el 74,6% de quienes tienen un trabajo sigue residiendo en casa de sus padres. La edad media a la que se abandona el hogar se ha ido a los 30,4 años, frente a los 26,3 de la media europea. Regresar a la habitación de la infancia, o no haberla dejado nunca, deja de ser un paréntesis temporal y se convierte en la única manera de cuadrar las cuentas a final de mes.
Cuando el paso atrás no consiste en volver, consiste en compartir o en irse lejos. Casi un tercio de los jóvenes que logran emanciparse (el 29,3%) vive en pisos compartidos, y el precio medio de una habitación cerró 2025 en 521 euros mensuales, un 97% más que una década antes, según Fotocasa. En Madrid la habitación media cuesta 608 euros, el 26% del salario bruto de las ofertas de empleo de la capital, y en Cataluña alcanza los 638. La otra válvula de escape es la periferia: en Leganés el alquiler medio ronda los 1.060 euros frente a los 1.636 de la capital, y municipios del extrarradio como Parla, Getafe, Valdemoro o Móstoles acumulan ya más interesados por vivienda que la propia Madrid, mientras Guadalajara, Seseña o Valdeluz se consolidan como ciudades dormitorio. Menos metros, más compañeros de piso o más horas de cercanías: el ahorro se paga en intimidad y en tiempo de vida.

