Friedrich Merz se asoma al abismo político a solo 16 meses de llegar a la cancillería. Este domingo, los votantes de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín acuden a las urnas en pleno desplome del canciller conservador, cuya popularidad se ha situado en el 14%.
Un domingo electoral con dos urnas y un futuro en juego
La alianza CDU/CSU cae hasta un mínimo histórico del 18% mientras que Alternativa para Alemania (AfD) lidera con el 29% y ya ganó las recientes elecciones de Sajonia-Anhalt, donde los conservadores perdieron más de la mitad de su apoyo. El auge de la ultraderecha y la parálisis interna de los democristianos han empujado a los aliados europeos a mirar con desconcierto a Berlín, escenario de la segunda crisis de liderazgo en apenas dos años tras el colapso de la coalición de Olaf Scholz en noviembre de 2024.
Merz ha convocado a la cúpula de la CDU para el domingo a las cinco de la tarde, justo cuando se publiquen los sondeos a pie de urna de las dos elecciones. Quiere preguntar a los suyos si aún le respaldan y, si no es así, pedirles un nombre para sucederle. Pero sus críticos no tienen un candidato de consenso: el ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, está pensando en sus propias elecciones de abril; Markus Söder, de la CSU bávara, no está exento de rechazos; Boris Rhein,, de Hesse, y el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, de la CSU, completan una quiniela de nombres sin un favorito claro.
Los cinco escenarios que baraja la CDU: del órdago a la supervivencia

Según POLITICO, el primer escenario es la dimisión de Merz por falta de apoyo interno. Si el resultado es un desastre —en Mecklemburgo-Pomerania la CDU podría quedar por debajo del umbral del 5% por primera vez en unas elecciones estatales—, el goteo de dimisiones dentro de la CDU/CSU podría hacerle caer. El obstáculo: el sucesor necesitaría el voto del socio de coalición, los socialdemócratas del SPD, que exigirían renegociar el contrato de coalición y podrían prolongar la agonía durante meses.
La segunda vía, una moción de censura, es muy improbable: la Constitución alemana exige que sea ‘constructiva’, es decir, que el candidato alternativo tenga mayoría al mismo tiempo. La tercera, una cuestión de confianza, tampoco seduce: ni la CDU ni el SPD quieren elecciones anticipadas con AfD en cabeza. La cuarta, el apoyo indirecto de la ultraderecha, supondría romper el firewall y es inaceptable para la dirección. La quinta, que Merz se aferre al poder, es hoy la más plausible: ocho presidentes regionales de la CDU firmaron el miércoles una carta en la que no le mencionan, pero reclaman ‘fiabilidad y acción’ frente a ‘discusiones sobre personal’.
La inestabilidad alemana de 2026 no es un episodio doméstico: es un vacío de liderazgo europeo que España empezará a pagar en el próximo Consejo Europeo.
La carta cita las elecciones que se celebrarán el año próximo en Francia, Italia, Polonia, España y Grecia, y advierte de que Europa necesita ‘una Alemania estable y fuerte. El detalle de que no aparezca el nombre de Merz ha sido leído en Bruselas como una muestra de pragmatismo: nadie quiere descabalgarlo antes del domingo, pero tampoco firmarle un cheque en blanco. De hecho, la decisión de Merz de cancelar su viaje a la Asamblea General de la ONU la próxima semana ha elevado la alerta en las cancillerías europeas.
El Eje del Poder Europeo
La crisis alemana no se queda en Berlín. En el eje franco-alemán, la debilidad de Merz coincide con un Elíseo en plena precampaña y con un Gobierno italiano volcado en su propia agenda doméstica. Los países frugales del norte, liderados por Países Bajos y Dinamarca, leen la situación como un argumento para frenar cualquier relajación fiscal europea. Varsovia y los bálticos temen que un Berlín ensimismado frene el apoyo militar a Ucrania justo cuando más lo necesitan. La lectura estratégica es que la UE se queda sin su brújula tradicional en el peor momento geopolítico desde la invasión rusa de 2022.
Para España, el impacto es directo aunque silencioso. El Gobierno de Pedro Sánchez afronta un ciclo electoral en 2027 y necesita aliados estables en Bruselas para defender la política de cohesión, la reforma del mercado eléctrico o el calendario de desembolsos del Next Generation. Un canciller interino o una CDU atrapada en luchas internas complica los trílogos y retrasa decisiones sobre el presupuesto comunitario. Fuentes diplomáticas consultadas por Moncloa.com reconocen en privado que Moncloa prefiere «un Merz debilitado antes que un vacío de poder indefinido», porque con Merz al menos hay interlocutor.
En una perspectiva a cinco o diez años, el verdadero riesgo no es tanto quién ocupe la cancillería como la normalización de la ultraderecha en Alemania. Si la CDU no logra contener a AfD y descarta cualquier coalición con ella, el país podría entrar en una fase de bloqueo estructural que recuerde a la crisis del euro de 2010-2012, pero con el añadido de un enemigo al este. La Unión Europea sobrevivió a la caída de Scholz en 2024, pero aquella crisis fue un accidente de coalición; esta, si se confirma, sería una crisis de confianza del electorado alemán en su clase política. Eso es más difícil de reparar.
La próxima cumbre del Consejo Europeo, prevista para el mes que viene, medirá el alcance real del vacío alemán. Hasta entonces, el domingo electoral y la reunión de la cúpula de la CDU a las cinco de la tarde serán el termómetro más fiable. Y la carta de los ocho barones regionales, sin nombre propio, dice más de lo que admite.
