Merz se juega la cancillería en las regionales del 20-S en Mecklemburgo-Pomerania y otro ‘Land’

El partido se hunde al 7% en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y arriesga quedar fuera del parlamento regional por el umbral del 5%. Merz ha cancelado su discurso en la ONU para pilotar la crisis interna.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El canciller alemán Friedrich Merz afronta este domingo 20 de septiembre dos elecciones regionales con los sondeos en contra y su liderazgo al frente de la CDU abiertamente cuestionado.
  • ¿Quién está detrás? La CDU de Merz, la ultraderechista AfD y Die Linke, además de los ocho presidentes regionales conservadores que han firmado una carta de respaldo al canciller.
  • ¿Qué impacto tiene? Una derrota puede abrir una guerra de sucesión en la CDU y debilitar al motor franco-alemán justo antes de un ciclo electoral en media Europa.

Friedrich Merz se juega este domingo su continuidad al frente de la CDU en dos elecciones regionales que pueden desatar una revuelta interna contra el canciller alemán.

Los comicios de dos Land —Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín— llegan después de que la Unión Demócrata Cristiana (CDU) sufriera a principios de mes una derrota contundente frente a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt. El resultado ha dejado al mandatario en una posición que, por primera vez en su mandato, resulta abiertamente precaria. Le basta un puñado de puntos porcentuales para que el suelo se mueva bajo sus pies.

Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín: dos frentes, un mismo riesgo

En el estado del noreste, los sondeos dibujan un escenario sin precedentes en la Alemania de posguerra. La CDU se hunde hasta el 7% de intención de voto, mientras el primer ministro socialdemócrata y la AfD se disputan una carrera cada vez más bipolar entre el centro y la ultraderecha. En juego no está solo el gobierno regional. Si el partido cae por debajo del umbral del 5%, se quedará fuera del parlamento autonómico, y un cargo conservador, que pidió el anonimato para hablar con franqueza del ánimo interno, advirtió de que en ese caso ‘todo estallará’.

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En la capital, el otro frente, la CDU aguanta algo mejor pero tampoco está cómoda. Los conservadores van por detrás de La Izquierda (Die Linke), con en torno al 20% de apoyo, ocho puntos por debajo del resultado que obtuvieron en las últimas elecciones berlinesas. Ese descenso podría expulsar al partido del gobierno municipal que hoy lidera y entregar la ciudad a una coalición de izquierdas.

Lo que Merz ha movido en 48 horas para frenar la rebelión

CDU

Merz ha movido ficha con antelación. El canciller ha convocado a los líderes de la CDU a una reunión que se celebrará el propio domingo, antes del cierre de los colegios, para tomar la temperatura a su partido y tratar de convencerlo de que tiene un plan para darle la vuelta al marcador. También ha cancelado el discurso que tenía previsto pronunciar el miércoles ante la Asamblea General de la ONU para quedarse en Berlín y pilotar el desgaste interno.

El miércoles, los ocho presidentes regionales de la CDU firmaron una carta pública de respaldo al canciller. El texto insistía, en la línea de Merz, en la necesidad de un gobierno federal estable ante una Europa cada vez más volátil, y recordaba que el año que viene hay elecciones en Polonia, Italia, España, y Grecia, además de presidenciales en Francia. Entre los firmantes estaba Hendrik Wüst, presidente de Renania del Norte-Westfalia y el nombre que más suena como recambio del propio Merz. El aval no oculta lo evidente.

Merz no se enfrenta solo a dos elecciones regionales: se enfrenta a la evidencia de que su propio partido ha empezado a buscarle sustituto en voz baja.

La rebelión, de momento, la lideran los jóvenes. Una de las dirigentes de las juventudes del bloque conservador, Clara von Nathusius, lo dijo sin rodeos en la televisión pública alemana: ‘Esto no va solo de Friedrich Merz, pero él es parte del problema. Y por eso, por desgracia, creo que ya no podemos ganar elecciones con este canciller’.

El Eje del Poder Europeo

El resultado del domingo no se mide solo en clave alemana. Berlín y París llevan meses intentando sostener el eje que ha pilotado las grandes decisiones europeas, desde el rearme hasta la política migratoria, y un canciller debilitado debilita la posición alemana en el Consejo Europeo. Los frugales del norte —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia, Finlandia— no van a mover un dedo para sostener a un canciller en apuros si con ello pueden imponer su agenda de rigor fiscal. Macron afronta sus propias presidenciales en 2027. Lo que ocurra en Mecklemburgo no se queda en Mecklemburgo.

Para España, la lectura es doble. Un gobierno alemán en minoría prolongada complica cualquier avance en la agenda fiscal común que Sánchez viene reclamando en Bruselas y debilita al bloque de países del sur que ha hecho de esa alianza su palanca negociadora. A eso se suma un factor doméstico: la subida de la AfD refuerza el relato de la ultraderecha europea justo cuando España afronta su propio ciclo electoral en 2027. Moncloa sigue con atención un tablero que no controla.

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Alemania ya ha cambiado de canciller a mitad de legislatura otras veces: Helmut Schmidt cedió el puesto a Helmut Kohl en 1982 sin que mediara una elección general. El contexto de 2026, sin embargo, es distinto. El partido que amenaza a Merz viene por su derecha y no por su centro, y ese es un problema que la CDU no sabe gestionar sin renunciar a parte de su propio discurso. Analizamos el patrón que se repite en toda Europa: la extrema derecha capitaliza el descontento en cada país y obliga a los conservadores a elegir entre el cordón sanitario y el abrazo.

El escrutinio del domingo y la reunión interna de la CDU marcarán si Merz sobrevive o si se abre una guerra de sucesión que debilite al gobierno federal hasta las elecciones de 2027. La próxima cita del Consejo Europeo será el primer foro en el que se calibrará si Berlín llega con el mismo peso que hace un año.