Adiós a viajar a Múnich: el Oktoberfest en Madrid ya se celebra en este bar de Malasaña

El local de la calle Ballesta 18 arranca este sábado 19 de septiembre con cinco de las seis cervezas originales del festival, entre ellas la Festbier que solo se sirve en las carpas de Múnich. Tres semanas de codillo, strudel y música en directo.

A todos los que soñamos con el Oktoberfest nos ha pasado lo mismo: miramos vuelos a Múnich, vemos el precio y cerramos la pestaña. Pues este año el Oktoberfest en Madrid se celebra a un paseo de Gran Vía.

El restaurante Leinerhaus, en la calle Ballesta 18, se transforma durante tres semanas en una auténtica carpa alemana. El pistoletazo de salida es este sábado, 19 de septiembre, el mismo día en que Múnich abre su festival, y a partir de ahí se suceden los rituales que el propio local ha copiado al milímetro de la tradición bávara.

La cerveza manda. Leinerhaus contará con cinco de las seis cervezas originales del festival, entre ellas la Festbier, la única que se sirve dentro de las carpas de Múnich. A esa se suman la Leiner Pils, la rubia propia de la casa, la ahumada Schlenkerla de Bamberg y una selección de botellas escogidas en exclusiva de pequeñas fábricas familiares de Alta Franconia. Si quieres contexto de qué significa realmente esta fiesta, la entrada de Wikipedia sobre el Oktoberfest resume sus dos siglos de historia.

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El secreto del éxito

  • Pide la Festbier en la primera ronda: es la cerveza del festival y la única que se sirve en las carpas muniquesas. Aquí llega una de las cinco versiones originales que se traen desde Múnich, así que si la dejas para el final te arriesgas a quedarte con las ganas.
  • La corona de espuma se decide en los primeros segundos: inclina el vaso, abre el grifo del todo y deja que la espuma monte antes de cortar el exceso. En el concurso del local se juega una caja de cervezas, no un diploma.
  • No te quedes solo en la salchicha: el estreno de este año es el pollo rebozado en bagazo con salsa de cerveza. El bagazo es el residuo de cereal que queda tras el macerado, o sea que aquí no se tira nada.

La carta: qué se bebe y qué se come

  • Cinco de las seis cervezas originales del Oktoberfest, con la Festbier como referencia
  • Leiner Pils, la cerveza propia de la casa
  • Schlenkerla de Bamberg, la clásica ahumada
  • Botellas exclusivas de pequeñas fábricas familiares de Alta Franconia
  • Codillo
  • Salchichas al estilo Leiner
  • Pollo rebozado en bagazo con salsa de cerveza, el estreno de esta edición
  • Strudel de manzana
  • Jarra de litro de Festbier, incluida en el menú de grupo

El primer ritual es el del barril. Se pincha con un mazo, como manda la tradición, y dentro va una de esas cinco cervezas originales que llegan desde Múnich. Ese golpe marca el arranque real: hasta que no cae la primera jarra, la fiesta no empieza.

Después la barra pasa a manos de los clientes. Durante el festival hay un concurso en el que cada uno dibuja su propia corona de espuma y el que mejor lo hace se lleva una caja de cervezas a casa. No es un premio simbólico, precisamente.

Y luego está la comida, que este año tiene novedad. A los clásicos de siempre —el codillo, las salchichas al estilo Leiner,, y el strudel de manzana— se suma el pollo rebozado en bagazo con salsa de cerveza, una receta donde la cerveza entra en la elaboración y también en el maridaje. Es la incorporación que el restaurante estrena cada temporada y la que más curiosidad genera en la barra.

La diferencia entre una carpa de Múnich y una barra de Malasaña no está en la jarra: está en que aquí vuelves caminando a casa.

Para quien va en grupo hay un menú pensado para compartir: los dos platos fuertes, el icónico strudel y la jarra de litro llena de Festbier. Sale mejor que pedir suelto y evita el clásico baile de ‘yo quería probar eso’.

La música en directo y la cantidad de gente hacen el resto. Esto no es una cata tranquila: es una fiesta con jarras que pesan lo suyo y canciones que no entiendes pero acabas tarareando.

Variaciones y maridaje

Si vas a por el codillo, pide también la Schlenkerla. El ahumado de Bamberg corta la grasa del cerdo mucho mejor que cualquier refresco, y es la combinación que más se repite en las mesas alemanas. Con el strudel, en cambio, funciona mejor una Festbier bien fría: el dulzor de la manzana pide amargor, no humo.

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La versión express también existe. Si solo tienes una hora, salchichas al estilo Leiner más una jarra y a casa: el menú de grupo aguanta bien el ritmo lento, pero la barra no entiende de prisas ajenas.

Y si el fin de semana te da pereza por la cola, tres semanas dan margen suficiente para elegir un día más tranquilo y sentarte sin agobios. El barril, el mazo y la jarra de litro siguen ahí igual.