IA y medios: OpenAI y Microsoft admitieron en privado el ‘bucle de perdición’ que dañará todo el ecosistema web

El expediente del litigio del New York Times contra OpenAI y Microsoft recoge las advertencias internas de sus propios directivos. El Departamento de Justicia respalda ahora a las tecnológicas bajo el argumento del uso legítimo.

La pugna entre la IA y medios desembarca en los tribunales: OpenAI y Microsoft sabían que su tecnología daña a sus proveedores. Un expediente judicial desclasificado revela que sus propios directivos advirtieron por escrito del ‘bucle de perdición’ que hundiría a sus modelos y al ecosistema web entero.

El documento forma parte del litigio que el New York Times mantiene contra ambas compañías por infracción de derechos de autor, según recoge el Washington Examiner. Brent Hecht, director de ciencia aplicada de Microsoft, lo dejó claro en un memorando interno: «Nuestra estrategia de contenido con IA ha iniciado un bucle de perdición que perjudicará el rendimiento de nuestros modelos y de toda la web al mismo tiempo». Es la confesión por escrito de que el negocio se apoya en una cadena de suministro que está destruyendo.

El ‘bucle de perdición’ que la cúpula de OpenAI y Microsoft ya conocía

Hecht añadió una frase que el demandante ha subrayado: es «muy inusual que un producto final amenace los cimientos económicos de sus proveedores esenciales». Eso es justo lo que, según su propio diagnóstico, han creado con el negocio de los grandes modelos de lenguaje. La cúpula lo sabía. Satya Nadella, consejero delegado de Microsoft, sostuvo que los chatbots han «sustituido» el periodismo al ofrecer la información en la plataforma, sin pasar por la fuente original.

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Nick Turley, vicepresidente y responsable de ChatGPT, habló incluso de una «amenaza existencial» para las publicaciones. Su argumento es simple y demoledor: los asistentes «son en gran medida sustitutivos» y lo serán más «a medida que mejoren». El propio Hecht calificó la práctica de «robo asombroso de proporciones inéditas». Nadie pide permiso. Y llegó a sugerir que podría tratarse del mayor robo de trabajo de la historia humana.

El expediente también recoge cómo Greg Brockman, presidente de OpenAI, presumió en su día de sortear el muro de pago del New York Times para «raspar» su web. El documento enumera GPT personalizados capaces de extraer información de artículos protegidos, bautizados como «Bypass Paywall» o «Article Reader». OpenAI carece de acuerdo de licencia con el diario neoyorquino, aunque sí los tiene con otros editores.

Si el producto estrella devora a quien le vende la materia prima, ningún modelo de negocio aguanta. Es el diario del naufragio escrito por la tripulación.

Del uso legítimo al pleito que puede redibujar la industria

El New York Times sostiene que los chatbots no pueden entrenarse con su contenido protegido porque el consumo de artículos desvía lectores lejos de sus páginas. La posición de los directivos refuerza esa tesis: si ellos mismos admiten el efecto sustitutivo, la defensa del uso legítimo se tambalea. El término técnico es fair use, o uso legítimo: la doctrina estadounidense que permite reproducir obras protegidas en ciertos supuestos.

En paralelo, el Departamento de Justicia presentó un escrito de interés propio a favor de OpenAI y Microsoft. Sostiene que impedir el entrenamiento con material protegido bajo una «mala interpretación» del uso legítimo «frustraría el progreso creativo y científico» y lastraría la prosperidad americana. El gesto de la Administración Trump convierte el caso en un asunto de política industrial. No es poca cosa.

La Lógica de Washington

Washington no improvisa. El respaldo del Departamento de Justicia encaja en una doctrina más amplia: la Administración Trump ha convertido la supremacía en inteligencia artificial en una cuestión de seguridad nacional. Restringir el entrenamiento de modelos equivaldría, en esa lectura, a frenar al campeón americano en plena pugna con Pekín.

La coalición que sostiene el enfoque une al ala empresarial del Partido Republicano con los fondos de Silicon Valley y con un electorado que ve en la IA una promesa económica antes que una amenaza. No se protege solo a una empresa: se blinda un sector entero que Washington considera estratégico.

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El precedente tiene nombre y fecha. En 1984, el Tribunal Supremo avaló en el caso Betamax que grabar programas de televisión era uso legítimo; en 2015, la justicia federal absolvió a Google por escanear millones de libros sin permiso. La lógica es idéntica a la que hoy invoca el Departamento de Justicia: la tecnología avanza primero y el derecho se adapta después. Lo que observamos, eso sí, es una diferencia de fondo. Betamax no canibalizaba a las cadenas; el ‘bucle de perdición’ que describe Hecht sí vacía la despensa del proveedor.

Para España, el caso marca el contraste regulatorio entre ambos lados del Atlántico. La Unión Europea ya cuenta con un derecho conexo —el artículo 15 de la directiva de derechos de autor— que obliga a las plataformas a pagar a los editores de prensa por reproducir sus contenidos. Sobre ese marco se apoya la AEDE y los grandes grupos españoles, de Prisa a Vocento, para negociar licencias. Si en EE. UU. triunfa el uso legítimo sin pago, los editores defienden, un modelo de remuneración que un tribunal americano podría dejar sin efecto en el mayor mercado publicitario del mundo.

La próxima ventana clave es el calendario judicial. El tribunal deberá decidir si el entrenamiento con obras protegidas encaja en el uso legítimo, y esa resolución puede demorarse meses. En paralelo, el Departamento de Justicia ha pedido que no se restrinja, lo que añade presión política. La incógnita es genuina: una sentencia restrictiva sacudiría a toda la industria; una permisiva dejaría a los editores sin su principal palanca. Nadie lo tiene firmado en piedra.

Ficha del Caso

  • El caso: El litigio del New York Times contra OpenAI y Microsoft por derechos de autor destapa documentos internos en los que sus directivos admiten el daño al periodismo.
  • Datos clave: El expediente recoge el ‘bucle de perdición’ descrito por Brent Hecht y el respaldo del Departamento de Justicia a las tecnológicas bajo la doctrina del uso legítimo.
  • Para España: Los editores españoles negocian licencias al amparo del derecho conexo europeo; una victoria del uso legítimo sin pago en EE. UU. debilitaría su posición.