Un lingote de cobre de 25 kg engorda el tesoro del galeón Atocha hundido frente a Florida

La pieza, de 55 libras, se valora entre 18.000 y 25.000 dólares y pertenece a la carga de 582 lingotes que el buque español embarcó en La Habana. Todavía quedan bajo el mar miles de monedas de plata y cientos de barras.

Un lingote de cobre de 25 kilos ha vuelto a salir del pecio del galeón Atocha, hundido frente a Florida en 1622. Lo ha recuperado un equipo de Mel Fisher’s Shipwreck Expeditions y su valor se estima entre 18.000 y 25.000 dólares. La pieza pesa 55 libras, llevaba cuatro siglos bajo el barro y pertenece a la carga que la Corona española embarcó rumbo a la Península para fundir cañones.

El hallazgo lo firma el capitán Drake Nicholas, que rastreaba un sector desde la embarcación de salvamento DARE cuando el detector de metales registró una señal débil. Seguía el rastro compacto de un conjunto de monedas. Al retirar el sedimento, la señal se hizo más intensa y el objeto apareció con una forma redondeada y un tono bronce cobrizo que le hizo pensar en un cañón. Era un lingote.

Se suma a la barra de plata de 10,2 kilos que la misma tripulación recuperó este verano a unos 15 metros de profundidad. Dos piezas en pocos meses sobre un yacimiento que empezó a dar resultados en 1985 y que, según los inventarios, todavía guarda miles de monedas y cientos de barras de plata.

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Por qué el Atocha cargaba 582 lingotes de cobre

El cobre salió de la mina Caridad del Cobre, propiedad de la Corona, y subió a bordo en La Habana. El embarque total alcanzó las 30.000 libras, unos 13.600 kilos repartidos en 582 lingotes. Buena parte de aquel metal tenía un destino militar: la fabricación de cañones de bronce, la pieza que decidía los combates navales del siglo XVII.

Los metalúrgicos vertían el material en depresiones simples del suelo, así que salían piezas irregulares, sin marcas y con impurezas. Además de carga valiosa, el cobre servía de lastre, el peso que se coloca en la bodega para dar estabilidad al buque, junto a las barras de plata y los cofres de monedas. El arqueólogo Corey Malcolm sitúa ese cargamento en la bodega inferior, detrás del palo mayor.

El cargamento del Atocha era a la vez tesoro y lastre: el mismo metal que sostenía el barco servía para armar sus cañones.

La flota de 1622 y el desastre de los Cayos

La historia empieza el 4 de septiembre de 1622. La flota salió de La Habana con 28 embarcaciones rumbo a España. Un huracán la empujó contra los arrecifes y los bajos de los Cayos de Florida. Al mediodía del 6 de septiembre ya había perdido ocho barcos. Semanas después, un segundo huracán dispersó todavía más los restos a lo largo de varias millas.

Esa dispersión es la razón de que se siga rastreando el fondo cuatro siglos más tarde. Después de los inventarios del depósito principal, localizado en 1985 tras una búsqueda iniciada en 1969, los registros siguen dando por desaparecidas cerca de 50.000 monedas de plata, 300 barras y diez cañones de bronce, además de parte del oro documentado.

Para España, cada pieza que emerge de esos fondos no es una curiosidad arqueológica. El pecio es un archivo material de la Carrera de Indias, el sistema de flotas que durante dos siglos unió Sevilla y Cádiz con América. Es, también, la prueba física de un comercio que movió plata, cobre y especias por medio planeta antes de que existiera la palabra globalización.

Nuestra Señora de Atocha

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La batalla jurídica que España ya sabe ganar

Conviene recordar un precedente. Cuando la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration extrajo en 2007 el cargamento de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida por los británicos en 1804, España pleiteó durante cinco años. Los tribunales federales acabaron reconociendo la propiedad española y más de 500.000 monedas de plata regresaron al país.

El caso de la Mercedes fijó una doctrina útil, pero no resuelve todos los supuestos. El Atocha yace en aguas sometidas a la jurisdicción de Florida y su salvamento se ha desarrollado bajo permisos de rescate marítimo, un marco distinto al de un buque de guerra. La discusión, por tanto, no es solo jurídica: es también de memoria y de museos.

España cuenta con instituciones como el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA), en Cartagena, creadas para custodiar ese patrimonio. La lección del caso Mercedes es que la vía judicial funciona cuando hay un buque de Estado detrás; la asignatura pendiente es el relato, porque quien expone un pecio también decide cómo se cuenta.

Mientras se dirime, los trabajos continúan. La organización de Mel Fisher sostiene que siguen bajo el mar tanto partes documentadas del cargamento como otras nunca registradas: objetos de oro, joyas, esmeraldas y cañones de bronce. Las aguas de Florida concentran miles de naufragios, así que habrá más hallazgos. La pregunta interesante no es cuántos, sino quién contará esa historia cuando salgan a la luz.

📌 Ficha del Caso

  • Ficha sobre el caso: Un equipo de rescate recupera un lingote de cobre de 25 kilos en el pecio del galeón español Atocha, hundido en 1622 frente a Florida.
  • Datos importantes: El lingote pesa 55 libras y se valora entre 18.000 y 25.000 dólares. El Atocha cargó 582 lingotes de cobre en La Habana y todavía faltan 50.000 monedas de plata.
  • Resumen: El hallazgo reactiva el interés por un patrimonio sumergido que forma parte de la historia de España. El país ya ganó pleitos clave por cargamentos como el de la fragata Mercedes.