Ataque hutí con misiles y drones contra Arabia Saudí: humo junto al aeropuerto de Riad

Riad confirma la intercepción de un misil balístico y la cancelación de vuelos en Rey Khalid. El ataque pone a prueba el acuerdo de defensa de La Meca entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, con el Brent por encima de los 104 dólares.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Los hutíes reivindican una oleada de misiles y drones contra ‘objetivos sensibles’ en Arabia Saudí, incluida Riad. El humo negro se elevó junto al aeropuerto internacional Rey Khalid, con vuelos demorados y cancelados.
  • ¿Quién está detrás? El movimiento Ansarullah, que controla Saná y buena parte del norte y el oeste de Yemen. La reivindicación la firma su portavoz militar, Yahya Saree. Riad sitúa la escalada en el pulso regional con Teherán.
  • ¿Qué impacto tiene? Primer examen real del acuerdo de defensa de La Meca entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, con el Brent por encima de los 100 dólares y el corredor del mar Rojo otra vez en el punto de mira.

El ataque hutí contra Arabia Saudí alcanza la capital con misiles y drones, y humo junto al aeropuerto de Riad. Riad asegura que su escudo antiaéreo interceptó el misil balístico dirigido a la ciudad, mientras el crudo se mantiene por encima de los 100 dólares.

Qué se sabe del ataque y qué ha reconocido Riad

El portavoz militar hutí, Yahya Saree, anunció el domingo que sus fuerzas habían lanzado misiles y drones contra varios ‘objetivos sensibles’ en territorio saudí. En su lista figuran instalaciones de la petrolera estatal Saudi Aramco en la ciudad occidental de Yanbu y posiciones en la propia Riad. La reivindicación llega sin verificación independiente sobre el alcance real de los daños. Lo que sí está documentado es la columna de humo negro elevándose el sábado junto al aeropuerto internacional Rey Khalid, con el tráfico aéreo demorado y parte de los vuelos cancelados.

Riad confirmó que sus defensas antiaéreas interceptaron un misil balístico en trayectoria hacia la capital y que frustraron varios ataques más. Cuentas especializadas en inteligencia de fuentes abiertas, OSINT, geolocalizaron un incendio en infraestructura de almacenamiento de combustible del aeropuerto. El movimiento hutí, conocido oficialmente como Ansarullah, presenta la acción como represalia por los bombardeos de la coalición liderada por Arabia Saudí dentro de Yemen. La tregua que la ONU impulsó en 2022 quedó formalmente rota este verano, después de que un aeropuerto de Saná, bajo control hutí, fuera bombardeado para impedir el aterrizaje de un avión iraní con una delegación del grupo a bordo.

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La respuesta saudí y el primer examen del acuerdo de La Meca

misiles hutíes

La respuesta militar no se ha hecho esperar. La coalición liderada por Riad ha reactivado los bombardeos sobre objetivos hutíes en Yemen, según el recuento que manejan ambas partes. El analista político saudí Faisal Alshammeri sostiene, en declaraciones al canal ruso RT, que la presión acumulada obligará a Riad a responder con más dureza aunque su prioridad siga siendo evitar una guerra terrestre a gran escala. En su lectura, este episodio será la primera prueba seria de un instrumento que hasta ahora solo había funcionado sobre el papel: el acuerdo de defensa de La Meca.

Ese pacto, sellado entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, es la pieza que explica por qué esta escalada se sigue con lupa en Ankara y en Islamabad. Alshammeri anticipa que turcos y paquistaníes se limitarán a aportar inteligencia y cobertura antiaérea, sin entrar en ataques directos contra los hutíes. Un paraguas no es una coalición. El movimiento yemení, por su parte, ha avisado de que puede abrir varios frentes si terceros países se suman a la campaña saudí: su alto cargo Mohamed al-Bukhaiti declaró a Associated Press que las operaciones en el mar Rojo están dirigidas contra Arabia Saudí y no contra buques estadounidenses o de otras banderas.

El terreno, sin embargo, manda. Los hutíes controlan ya tramos clave de la costa yemení del mar Rojo, incluidos posicionamientos en torno al estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los pasos marítimos más importantes del planeta. Con el crudo por encima de los 100 dólares el barril —el Brent cotizaba cerca de 104 dólares el viernes— y el pulso en el estrecho de Ormuz encareciendo las rutas alternativas, Riad depende cada vez más del corredor del mar Rojo que ahora le discuten desde la otra orilla.

El acuerdo de La Meca se firmó para disuadir; su primer examen real se aprueba con baterías antiaéreas desplegadas, no con firmas.

Equilibrio de Poder

Lo que observamos es un tablero que ya no se juega solo en Saná o en Riad. Washington mantiene la atención partida entre el Indo-Pacífico y un Oriente Próximo que arde por capas: la campaña contra Irán, el pulso en Ormuz y ahora la reactivación yemení. Moscú, que ha cultivado canales con Teherán y con los hutíes, gana capacidad de desestabilización a coste cero mientras la Casa Blanca sostiene dos teatros a la vez. Bruselas mira al mar Rojo con la agenda energética en la mano y sin instrumentos militares propios suficientes para escoltar sus rutas comerciales: la Operación Aspides sigue siendo una misión defensiva de alcance limitado.

Para España, la factura llega por tres vías. La primera es energética: cada repunte del Brent por encima de los 100 dólares se traslada con semanas de retardo a los carburantes, y al IPC, y encarece el suministro que entra por Algeciras, el primer puerto de contenedores del Mediterráneo. La segunda es naval: las bases de Rota y Morón siguen siendo la infraestructura logística más valiosa de Estados Unidos en el flanco sur de la OTAN, y cualquier extensión de la campaña tensiona el calendario de despliegues. La tercera es la frontera sur. Una Arabia Saudí distraída en su flanco meridional reduce el margen de contención en el Sahel y en la ruta migratoria hacia Canarias, donde Marruecos actúa como bisagra y donde cada crisis energética golpea antes a los socios del Magreb que a los mercados europeos.

El riesgo inmediato no está en un ataque hutí más o menos certero, sino en la respuesta. La crisis del mar Rojo de 2023 y 2024 ya demostró que una ruta comercial puede encarecerse un 30% sin que se cierre un solo estrecho: basta con que las navieras dejen de creer en el paso seguro. Ahí está el problema. Si Riad escala en Yemen y Teherán decide rentabilizar el momento, el precio del crudo se convierte en el termómetro de una guerra por delegación que nadie ha declarado. El próximo informe del ISW sobre el frente yemení y la siguiente reunión del Consejo del Atlántico Norte marcarán si Europa entra a escoltar el corredor o se limita a mirar.

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