Aina Vidal desactiva la ‘vía Rufián’ y deja sin nombres ni plazos la candidatura unitaria de Sumar. La portavoz de los Comuns en el Congreso no tiene prisa por poner apellidos al cartel de la izquierda alternativa y reclama “cariño” para reconstruir el vínculo con Podemos tras la ruptura del grupo parlamentario.
La diputada catalana no se descarta para repetir como cabeza de lista por Barcelona, pero tampoco confirma nada. “Yo estaré donde mi partido considere que tengo que estar, igual que el ministro, igual que tantos otros compañeros”, responde al ser preguntada por una eventual competición interna con Ernest Urtasun, ministro de Cultura y dirigente de los Comuns que hace unas semanas abrió la puerta a liderar la candidatura al Congreso. Nadie, insiste, ha pedido una competición en los medios de comunicación.
Un cartel sin nombre: sin marca estatal, sin candidato y sin calendario
Lo que Vidal describe es un proceso deliberadamente lento. Sin marca estatal definida para las fuerzas que confluyeron en Sumar, sin candidato para Madrid y sin fecha para decidir ninguna de las dos cosas. Su tesis es que la prisa sería el peor atajo: “Somos familias diferentes, que pensamos en códigos diferentes y que tenemos bases que se comportan de formas distintas”. Esa diversidad, sostiene, suma; gestionarla mal, resta.
Sobre la ‘vía Rufián’, la respuesta es una demolición sin aspavientos. “El problema de la no-propuesta Rufián es que nunca ha sido una propuesta”, sentencia sobre el ofrecimiento del portavoz de ERC, Gabriel Rufián, para integrarse en un frente amplio.
“Salió y dijo que quería participar de un proyecto grande que sume y que genere ilusión, y no lo tradujo absolutamente en nada”, añade, antes de sugerir que aquel movimiento tenía más que ver con la dinámica interna de su propio partido que con una oferta concreta. Los Comuns, eso sí, no cierran la puerta: “Él está invitado”.
El factor Urtasun y la incógnita de la lista por Barcelona

El equilibrio interno del espacio catalán depende de cómo se resuelva esa incógnita. Vidal y Urtasun pertenecen al mismo partido, pero representan dos formas de estar en Madrid: la del escaño y la del Consejo de Ministros. Que ambos se muestren disponibles sin abrir una guerra de primarias es, en sí mismo, un mensaje sobre la madurez del proceso.
“No tengan ninguna duda de que vamos a tener la mejor candidatura posible para el objetivo, que no tiene nombre y apellido: tiene nombre de victoria”, subraya. Y avisa de dónde viene el retraso: la ruptura del grupo parlamentario con Podemos dejó heridas que aún pesan. “Cuando vienes de una ruptura del grupo parlamentario, es evidente que hace falta tratarse con cariño y hacer las cosas de un modo distinto”.
Lo que los Comuns llaman trabajar lo previo es la negociación más difícil de la izquierda: acordar quién manda antes de decidir adónde se va.
El otro calendario que sí corre es el presupuestario. Pedro Sánchez ha anunciado que presentará las cuentas antes de que acabe el año y los Comuns ya han colocado tres condiciones sobre la mesa: vivienda, control horario, y salarios. Vidal añade además la prestación por hijo a cargo como prioridad propia y reivindica el paquete de más de 7.000 millones de euros que acompaña a la nueva Ley de Dependencia, una de las últimas victorias que su formación atribuye a esta legislatura.
La Dinámica de Coalición
Dentro de Sumar, el cartel electoral es el punto donde se cruzan varios intereses a la vez. Las confluentes catalanas —Comuns y Catalunya en Comú— tienen peso propio y una lógica territorial que no siempre coincide con la del espacio estatal. El equilibrio pasa por que la marca de Madrid no fagocite a las marcas de abajo, y por que las bases de cada familia acepten un reparto de puestos que nadie ha votado todavía.
Sin cifras oficiales de reparto a cierre de edición, lo verificable es el método: primero la confianza, después el nombre. Las heridas de la ruptura con Podemos continúan condicionando ese orden, y cualquier paso en falso en la relación con los morados reabre una discusión que nadie quiere tocar en el tramo final de la legislatura.
Con el PSOE, el punto de fricción no es la candidatura sino el presupuesto. Sánchez ha comprometido las cuentas antes de que acabe 2026 y la izquierda juega con el peso de sus socios catalanes: vivienda, control horario y salarios son condiciones que, de no atenderse, complican el sí de los Comuns. El precedente de El Prat ilustra la tensión de fondo, porque Vidal defiende el no de su partido a la ampliación del aeropuerto aunque el Ejecutivo que la impulsa cuente con su formación dentro. Ahí está el matiz: influir en el Gobierno sin pagar el precio de defenderlo en todo.
La proyección es doble. En el corto plazo, los Presupuestos marcarán el tono del tramo final de la legislatura y medirán la capacidad de Sumar para hablar con una sola voz en el Congreso. En el medio, la candidatura unitaria seguirá sin nombre hasta que las familias de la izquierda cierren un acuerdo que, por ahora, nadie fecha.
Vidal insiste en que es importante “trabajar lo previo” e “ir rompiendo la dinámica de los últimos años”. La apuesta de los Comuns es que el tiempo trabaje a favor de un acuerdo sólido entre familias distintas; el riesgo es el de siempre, que el tiempo, en política, también se agote.
Ficha del Caso
- El caso: Aina Vidal sitúa sin plazos la candidatura unitaria de la izquierda alternativa, niega que la ‘vía Rufián’ fuera una propuesta real y pide tiempo para cerrar marca y candidato.
- Datos importantes: Tres condiciones de los Comuns para los Presupuestos que Sánchez prevé presentar antes de que acabe 2026: vivienda, control horario y salarios. La Ley de Dependencia moviliza más de 7.000 millones de euros. Sin nombre ni marca estatal a cierre de esta edición.
- Resumen: La ausencia de calendario traslada la presión al tramo final de la legislatura y convierte la negociación presupuestaria en el primer test real de la unidad de la izquierda.
