EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Una ronda de tres horas entre las delegaciones de EE. UU. e Irán en los márgenes de la Asamblea General de la ONU, la primera desde junio. Las conversaciones se canalizaron mediante mediadores.
- ¿Quién está detrás? El presidente Donald Trump, sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner, el ministro de Exteriores iraní Abbas Araghchi y el secretario de Estado Marco Rubio.
- ¿Qué impacto tiene? Washington mantiene el bloqueo naval sobre el comercio marítimo iraní. Cualquier avance mueve el precio del crudo y, con él, la factura energética que paga España.
Donald Trump asegura que las negociaciones entre EE. UU. e Irán ‘fueron muy bien’ y ve impulso hacia un acuerdo.
La ronda duró tres horas y reabrió un canal diplomático cerrado desde junio. El presidente lo desveló durante un encuentro con el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, en Nueva York, y confirmó que sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner estuvieron en la sala.
‘Me siento muy bien ahora mismo’, dijo Witkoff, presente junto a Trump durante el anuncio. Preguntado por cómo creía que se sentiría al día siguiente, respondió: ‘Creo que muy bien’. Horas después detalló el mecanismo: las delegaciones no se sentaron frente a frente, sino a través de mediadores que actuaron de puente entre los dos equipos durante toda la jornada.
Una ronda de tres horas y las condiciones que Teherán ya ha puesto sobre la mesa
La parte iraní confirmó el contacto. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, se reunió con Witkoff y aprovechó el encuentro para trasladar sus términos para reabrir el estrecho de Ormuz: levantar el bloqueo naval estadounidense, descongelar los activos iraníes retenidos y poner fin a la guerra en los ‘frentes de resistencia’. Un alto cargo iraní había anticipado a la agencia Reuters que Teherán podría reabrir Ormuz al tráfico del Golfo en siete días si Washington rebajaba la presión militar.
Esa oferta se entregó a través de los mediadores la semana anterior, y la delegación desplazada a Nueva York cuenta, según Teherán, con autoridad plena. El choque de fondo sigue intacto. Al Arabiya informó, citando a una fuente estadounidense presente en las conversaciones, de que Washington rechazó la petición de levantar el bloqueo. La misma fuente calificó de limitadas las posibilidades de un acuerdo.
El bloqueo naval es la palanca más potente que tiene Washington sobre Teherán. Las fuerzas estadounidenses llevan meses restringiendo el comercio marítimo iraní mientras amplían el tráfico comercial protegido que atraviesa Ormuz. En su discurso ante la Asamblea General, difundido por la Casa Blanca, Trump aseguró que sus fuerzas han escoltado más de mil millones de barriles de petróleo por esa vía y pidió imponer a Irán un ‘aislamiento económico completo’ hasta que renuncie a su programa nuclear y deje de apoyar al terrorismo.
Trump plantea el desenlace como una elección entre grandeza y aniquilación, pero no ha soltado ni una de las palancas que le dan ventaja en la mesa.
Qué se juega el precio del petróleo y por qué España mira al estrecho de Ormuz
Ormuz es la garganta por la que respira buena parte del crudo que consume Europa. España es un país netamente importador de energía: cada episodio de tensión en el Golfo se traslada al precio del Brent, al diésel, y, con unos meses de retraso, al IPC. Un cierre prolongado del estrecho se paga antes en la gasolinera que en los despachos diplomáticos.
Las refinerías españolas, con Repsol a la cabeza, trabajan con crudo de importación y tienen parte de de su suministro expuesto a la prima de riesgo del transporte marítimo. A eso se suma el seguro de los fletes, que sube en cuanto el Golfo se tensa. Las empresas españolas con intereses en la región siguen la negociación con más atención que los mercados de bonos. Ninguno de los dos bandos ha aflojado: Irán mantiene su amenaza de represalias ‘más severas, aplastantes e impredecibles’ si EE. UU. o Israel vuelven a atacar.
El reloj corre.
La Lógica de Washington
Lo que observamos es una doctrina clásica de la capital estadounidense: negociar sin soltar la palanca. Washington no busca un gesto de buena voluntad, busca una rendición negociada. La lógica es la de Nixon abriendo el canal con Pekín en 1972 mientras mantenía la presión en Vietnam, y la de Reagan vendiendo armas a Teherán en 1985 —el episodio Irán-Contra— sin abandonar el discurso de mano dura. También la de Trump en Singapur en 2018 con Corea del Norte: cumbre, foto y sanciones intactas. La diferencia es que aquí existe un acuerdo previo que la Casa Blanca rompió, el Plan de Acción Integral Conjunto de 2015, y ahora se negocia un texto nuevo con más palancas en la mano.
La coalición que sostiene esta vía es frágil. El Partido Republicano tiene un ala de halcones que considera cualquier conversación con Teherán una concesión gratuita, y el Departamento de Estado ha marcado la línea roja: ‘Irán nunca puede tener un arma nuclear. Simplemente no puede’. Witkoff y Kushner representan el ala que cree que el problema se resuelve firmando. Trump ha dicho que el calendario electoral no condicionará su decisión y sitúa un posible acuerdo después de las midterms, las elecciones legislativas de mitad de mandato que se celebran en noviembre. Nadie en la Casa Blanca quiere una foto de campaña con un texto nuclear a medio cerrar.
Para España y para la UE, el escenario que importa no es el acuerdo en sí, sino cuánto tarda en llegar. La próxima cita entre las partes está fijada para el ‘futuro muy cercano’ y los mediadores han anunciado que seguirán trabajando. Teherán ha puesto sobre la mesa un plazo de siete días para reabrir Ormuz a cambio de alivio militar. El riesgo es el de siempre: que la ventana se cierre por un incidente en el Golfo antes de que se firme nada.
Ficha del Caso
- El caso: EE. UU. e Irán reabren en Nueva York un canal diplomático cerrado desde junio, con una ronda de tres horas y una nueva cita por concretar en los próximos días.
- Datos clave: Tres horas de conversaciones y mediadores como único canal; Irán ofrece reabrir el estrecho de Ormuz en siete días a cambio del fin del bloqueo naval; Washington ha rechazado esa petición y mantiene la presión económica.
- Para España: Cualquier tensión en el Golfo encarece el crudo y el flete marítimo, con efecto directo sobre la factura energética y el IPC español.

