La Casa Blanca presenta los aranceles como motor del ‘reshoring’ con 165.000 empleos en octubre

La Casa Blanca atribuye los 19.000 empleos fabriles de octubre a los aranceles, sin aislar el efecto real de la política comercial. Para las filiales españolas en EE. UU. abre cuota; para los proveedores europeos, presión.

La Casa Blanca blinda su tesis sobre los aranceles con el informe de empleo de octubre: 165.000 puestos nuevos y 19.000 en fábricas.

Los números del informe de octubre y lo que de verdad demuestran

El documento, difundido esta semana en el sitio de la Casa Blanca bajo el título ‘El presidente Trump tenía razón’, sostiene que los aranceles y los recortes fiscales están trayendo producción a casa. El fenómeno tiene nombre propio en Washington: el reshoring, la repatriación de la producción que en las últimas décadas se había deslocalizado a Asia, México o Europa del Este. La nota oficial habla de 165.000 empleos netos en octubre —más de 100.000 por encima de lo que anticipaban los analistas—, con agosto revisado al alza hasta 186.000 y septiembre hasta 60.000, según las series del Bureau of Labor Statistics.

Donde la administración ve la prueba decisiva es en la fábrica: 19.000 puestos manufactureros en un mes, el mejor registro desde 2023. Desde la vuelta de Trump al poder, la cuenta que presenta el comunicado suma más de 100.000 empleos industriales y 120.000 en construcción de plantas, y describe la serie como la primera subida del empleo fabril en tres años, tras lo que atribuye a la era de Joe Biden como pérdida de más de 200.000 puestos. La industria americana vuelve a contratar y ese dato es incontestable.

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A eso se suma el resto del paquete: salarios en máximos del año, desempleo a la baja, solicitudes de subsidio en mínimos de 57 años y 1,25 millones de empleos privados desde la investidura. El déficit comercial cayó más del 12% en septiembre, las exportaciones de bienes marcaron récord con un alza cercana al 15% interanual y las importaciones de bienes de equipo —la maquinaria con la que se reconstruye industria— alcanzaron el 46% del total. La economía creció un 3,4% en el tercer trimestre. El cuadro macroeconómico que dibuja la nota es, en efecto, el de una economía que acelera.

Conviene leer el documento por lo que es: una nota de propaganda oficial, no un informe técnico. No aísla el efecto de los aranceles del resto de factores —tipos de interés, inversión en semiconductores, ciclo energético— ni ofrece el contrafactual que permitiría atribuir a la política comercial esos 19.000 empleos fabriles. La correlación existe. La causalidad sigue siendo una afirmación de parte. Y la propia nota mezcla datos de empleo, comercio exterior, pedidos de bienes de capital y encuestas privadas —el 36% de los fabricantes de equipos que ya ha repatriado o está en ello, el 63% que invierte para ampliar planta— sin advertir de que son fuentes distintas con metodologías distintas.

Que la industria americana vuelva a contratar es un hecho verificable; atribuir el mérito entero al arancel es una tesis política que todavía no tiene contrafactual.

El ‘reshoring’ que España mira de reojo

La repatriación que celebra Washington tiene una cara B en Europa. Cada planta que vuelve a Ohio o a Carolina del Sur compite con la que se quedó en Castellón o en Vitoria, y cada componente que se fabrica de nuevo en suelo americano deja de cruzar el Atlántico. España exporta a Estados Unidos bienes por valor cercano a los 18.000 millones de euros anuales, con el automóvil y sus componentes, la maquinaria, la química y el aceite de oliva como principales partidas.

No todo es mala noticia. Las compañías españolas con planta en EE. UU. —Gestamp, Iberdrola a través de Avangrid, Ferrovial en concesiones, Inditex en distribución— quedan del lado bueno del fenómeno: si el mercado americano absorbe más producción doméstica, sus filiales locales ganan cuota y esquivan el arancel. Las que exportan desde España, en cambio, compiten contra un rival que produce dentro de la fortaleza. El mismo arancel que protege a la filial castiga a la matriz exportadora.

La Moncloa mantiene la vía europea: negociación de exenciones sectoriales en Bruselas antes que represalias, una línea que comparte con Berlín y que en París se lee con más impaciencia. La comparación con Alemania es la habitual y sirve: la industria española tiene menos exposición directa al mercado americano que la alemana, pero más dependencia de los componentes que alimentan cadenas europeas que sí exportan a EE. UU. España no es el primer objetivo del arancel; es el segundo eslabón. Washington no pide permiso.

empleo EE. UU.

La Lógica de Washington

La pregunta que importa no es si el dato es bueno. Es por qué la Casa Blanca necesita contarlo así. Desde 2016, el Partido Republicano se juega la mayoría en el Cinturón Industrial —Pensilvania, Míchigan, Wisconsin—, y el arancel es el instrumento más visible que tiene para decirle a un trabajador de de una acería que la Casa Blanca está de su lado. La lógica no es nueva: Reagan impuso cuotas al acero japonés en 1984, Bush hijo aplicó aranceles al acero en 2002 y Nixon decretó en 1971 un recargo del 10% a las importaciones para forzar a sus socios a renegociar. La diferencia es la escala y la base legal: buena parte del edificio se apoya hoy en la Sección 232 (el artículo de la ley de comercio de 1962 que permite al presidente imponer aranceles por razones de seguridad nacional sin pasar por el Congreso) y en la Sección 301 contra China.

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Para España, la lectura tiene dos capas. La comercial ya está sobre la mesa: exenciones, cuotas y litigios en Ginebra. La industrial es más profunda, porque el reshoring americano fija un estándar de política industrial que la UE ya imita con sus propios programas de ayudas y que en España llega por la vía de los Perte. La ventana clave es diciembre: la próxima reunión del FOMC (el comité de la Reserva Federal que fija los tipos de interés) y el informe de empleo de noviembre dirán si octubre fue un buen mes o el arranque de una tendencia. La cuenta llega después.

El riesgo que la nota no menciona es el coste de los insumos. Un arancel encarece el acero, el aluminio y los componentes que las propias fábricas americanas necesitan, de modo que una parte de esos 19.000 empleos podría estar financiada por sus clientes. A eso se suma la incógnita monetaria: con el precio del dinero todavía restrictivo, la inversión en planta nueva depende de una financiación que no está garantizada. Lo que observamos es que Washington está repitiendo el manual de Reagan, no el de Smoot-Hawley, pero ese manual tiene un capítulo final que nadie ha escrito: qué ocurre cuando las fábricas vuelven y los compradores no. Nadie dijo que fuera gratis.

Ficha del Caso

  • El caso: La Casa Blanca usa el informe de empleo de octubre para defender que los aranceles y la rebaja fiscal están repatriando producción industrial a Estados Unidos.
  • Datos clave: 165.000 empleos netos en octubre, 19.000 fabriles (mejor mes desde 2023), agosto revisado a 186.000 y septiembre a 60.000. Crecimiento del 3,4% en el tercer trimestre y déficit comercial un 12% menor en septiembre.
  • Para España: las filiales españolas en EE. UU. ganan cuota con la producción doméstica, mientras los exportadores desde España —automoción, maquinaria, química y aceite de oliva— afrontan un competidor protegido y un segundo semestre de negociación en Bruselas.
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