Los demócratas preparan en el Congreso la ofensiva contra los aranceles de Trump: hasta 56 escaños en el Senado

Con mayoría en ambas cámaras desde enero, los demócratas pueden tumbar aranceles concretos, pero necesitan una veintena de republicanos para superar el veto de Trump. El primer blanco es Canadá, no la UE.

El Partido Demócrata tendrá mayoría en ambas cámaras en enero y ya prepara su ofensiva contra los aranceles de Donald Trump. La aritmética, sin embargo, no da para todo.

Qué puede hacer de verdad una mayoría demócrata con los aranceles

Las elecciones del 3 de noviembre dejaron al Partido Demócrata con el control de la Cámara de Representantes y del Senado. Las cifras que manejan ambas bancadas no son ajustadas: hasta 56 escaños en un Senado de 100 y una mayoría en la Cámara que podría instalarse en los 250 y superar los 260 de los 435 escaños. Suficiente para ganar votaciones, insuficiente para imponerlas.

El nuevo Congreso toma posesión en enero de 2027.

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Con el control del calendario legislativo, los demócratas pueden llevar al pleno proyectos que derriben aranceles concretos. El problema es el de siempre en Washington: una ley necesita la firma del presidente, y para saltarse esa firma hacen falta dos tercios de cada cámara —67 senadores y 290 representantes—. Ni con 56 escaños ni con 260 se llega a ese umbral.

Hasta ahora, el speaker Mike Johnson y el líder de la mayoría del Senado, John Thune, han protegido a sus bancadas de pronunciarse sobre los aranceles. A partir de enero pierden esas varas de mando y, con ellas, la posibilidad de tapar la votación.

Ahí entra la geografía política del Partido Republicano. El estratega demócrata Jon Reinish señaló al Washington Examiner que una victoria amplia da a los republicanos «mucho permiso» para trabajar de forma bipartidista en materia arancelaria, sobre todo entre los legisladores del Corn Belt agrícola, donde el diésel y los fertilizantes se han disparado. El arancel se cobra en el precio del gasóleo del Medio Oeste.

El Congreso puede tumbar un arancel, pero no puede tumbar la idea que hay detrás: que el comercio es un arma y no un contrato.

Canadá primero: el objetivo que no es Europa

Scott Lincicome, vicepresidente de economía general del Cato Institute, apunta a un blanco más concreto: los aranceles a Canadá, impuestos por tres órdenes ejecutivas que gravan con un 50% distintos productos canadienses. Son impopulares en los trece estados fronterizos. «Mi conjetura es que intentarán eliminarlos y quizá añadir los aranceles de cualquier socio de libre comercio», dijo.

El senador Ron Wyden, que presidirá el comité de Finanzas —el que redacta la legislación fiscal y comercial—, lo ha dicho sin rodeos: «Una de las prioridades más obvias sería derogar los aranceles de Trump a Canadá, que están subiendo los precios y dañando a comunidades a ambos lados de la frontera».

No sería la primera vez. En octubre del año pasado, cuatro senadores republicanos —Mitch McConnell, Rand Paul, Susan Collins y Lisa Murkowski— votaron con los demócratas para terminar con los aranceles a Canadá. La mayoría potencial ya existe; falta la excusa política para activarla. Peter Loge, de la Universidad George Washington, lo veía venir antes del 3 de noviembre: «Una vez pasada la elección, muchos republicanos estarán encantados de sumarse a una coalición bipartidista por un enfoque más matizado de los aranceles».

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Nadie regala nada en el Capitolio.

Hay una vía más silenciosa y más profunda. Lincicome recuerda que el Capitolio puede reescribir las leyes que el presidente usa para arancelar: la Section 122 de la Trade Act de 1974, que permite aranceles temporales para proteger el dólar y corregir desequilibrios de pagos, o la Section 232 de la ley de expansión comercial de 1962, la que habilita gravámenes por seguridad nacional sin pasar por el Congreso. No se trata de quitarle el arma al presidente, sino de cambiarle el seguro.

Ahí está la partida de verdad.

La Lógica de Washington

Conviene recordar por qué el Congreso discute esto y no otra cosa. La Constitución atribuye al Capitolio, y no al presidente, la potestad de fijar los derechos de aduana. Durante noventa años ese poder se delegó en la Casa Blanca: la Reciprocal Trade Agreements Act de 1934 nació precisamente para que ningún arancel volviera a parecerse al de Smoot-Hawley, que en 1930 desplomó el comercio mundial. Trump es el primer presidente desde Nixon en 1971 que usa el arma arancelaria a escala de sistema. La ofensiva demócrata va menos de precios que de recuperar el artículo primero de la Constitución.

La coalición que sostiene el giro es más republicana de lo que parece. Está el campo del Medio Oeste, que vive de exportar y paga el diésel caro; están los estados fronterizos con Canadá; y están los conservadores de libre mercado que culpan a los aranceles de la derrota electoral. Marc Short, exjefe de gabinete de Mike Pence y hoy al frente de Advancing American Freedom, lo escribió en X: «Cuando los votantes confían más en los demócratas que en los republicanos en economía, es que hemos estropeado una ventaja tradicional». A eso se suma un detalle que explica muchas cosas: la administración ha repartido 43.000 millones de dólares en subsidios directos al campo para compensar el coste de los aranceles.

Para España, la lectura es incómoda pero clara. El primer objetivo demócrata es Canadá, no la UE, porque los gravámenes a Ottawa se impusieron por la vía ejecutiva y sin contrapartida negociada. Los productos europeos, en cambio, operan bajo el marco pactado con Bruselas en 2025, con un techo del 15% para la mayoría de bienes, y reabrir esa caja tiene un coste diplomático que nadie quiere asumir en el primer año de mandato. España exporta a Estados Unidos en torno a 18.000 millones de euros anuales: aceite de oliva y vino andaluces, maquinaria, farmacéutica, y componentes de automóvil. La primera factura del Capitolio no la pagará Madrid, pero la segunda sí puede llegar.

La proyección es esta: el nuevo Congreso se estrena en enero de 2027, Wyden toma el comité de Finanzas y la primera votación seria sobre los aranceles a Canadá puede llegar en el primer semestre. Hará falta que una veintena de republicanos se sumen. La sentencia del Tribunal Supremo que el pasado mes de febrero tumbó por 6-3 los aranceles dictados bajo la IEEPA (la ley de poderes económicos de emergencia internacional), en el caso Learning Resources, Inc. v. Trump, demostró que el suelo legal se mueve. Lo que no se mueve es la convicción de Washington de que el comercio es una herramienta de poder. Por eso los demócratas no prometen desmantelar los aranceles: prometen administrarlos mejor.

Ficha del Caso

  • El caso: Las elecciones del 3 de noviembre de 2026 dieron al Partido Demócrata la mayoría en la Cámara y en el Senado. Con el calendario legislativo en la mano desde enero de 2027, preparan una ofensiva contra los aranceles de Trump.
  • Datos clave: Hasta 56 escaños demócratas en un Senado de 100 y una Cámara que podría superar los 260 de 435. Superar un veto presidencial exige 67 senadores y 290 representantes. Tres órdenes ejecutivas gravan con un 50% distintos productos canadienses.
  • Para España: El primer blanco demócrata es Canadá, no la UE, cuyos productos operan bajo el marco pactado con Bruselas en 2025. España exporta a EE. UU. unos 18.000 millones de euros anuales en aceite de oliva, vino, maquinaria, farmacéutica y automoción.
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